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Ver Venezuela desde Colombia

Un pavo blanco corre apurado de sofoco hacia la sombra de una palmera enana. La siembra de yuca, alimento fundamental en la dieta, no se dio este año en la costa atlántica colombiana. La comida que se encontraba en el campo ahora se compra en las ciudades, y poco alcanza en las comunidades rurales el Plan Colombia, una “ayuda” económica bajo la modalidad de beca para niñas y niños que se encuentran insertos en la educación formal primaria y secundaria.

El país atraviesa una sequía como pocas. Los campesinos que alquilaron tierras y maquinarias bajo préstamos bancarios y no sacaron cosechas, están más empobrecidos. Por estos días varias cosas se juntan: promesas de aire en las campañas de concejales y alcaldes para las elecciones de octubre; los “casa por casa” de los voceros de los partidos tradicionales ofrecen un promedio de 200 mil pesos para comprar el voto a familias que viven sin agua potable y sin trabajos estables hace años; Álvaro Uribe está de gira por el país para respaldar a sus candidatos del Centro Democrático (mano firme, corazón grande, es su lema); y los dos monopolios mediáticos, Caracol y RCN, sostienen una campaña anti Maduro las 24 horas del día, a la que suman otra campaña anti Correa por la medida reciente de la aplicación de impuestos a productos que atraviesan la frontera colombo-ecuatoriana.

Una anciana campesina a la que no le alcanza la pensión de 150 mil pesos para pagar las deudas de los alimentos que sacó fiados en la tienda, me pregunta si “también” soy otra de las colombianas que el régimen madurista expulsó de Venezuela, como dicen en los medios. Un abuelo de 80 años, que vivió 70 de ellos sin radio o televisión, y que este año hizo una siembra de yuca que le salió amarga y no pudo vender para pagar al banco, me confiesa su preocupación sobre el destino de los millones de colombianos que Maduro saca de Venezuela. Una mujer que completa los gastos del mes trenzando palma frente al televisor, a 2500 pesos el metro –menos de un dólar-, no tiene claro lo que está pasando en la frontera, pero a todas luces le parece malo lo que hace y dice Maduro, de lo contrario en los avances de la noticia no usarían frases como “sigue la infamia en la frontera”. Durante el almuerzo, un muchacho que tiene más de un mes de paro, sin contrato de la multinacional que lo emplea, me dice conmovido que la sentencia de Leopoldo López es injusta porque no se ha dicho en Colombia de qué lo acusan exactamente.

El discurso de los dos emporios televisivos azuza una reacción chovinista e intolerante frente a las medidas tomadas por el Gobierno del presidente Maduro. La manipulación es diaria y sirve tanto para las peroratas plebiscitarias del mes próximo, como para mantener la atención alejada de los problemas internos de la población más pobre, por ejemplo, la privatización absoluta de la educación universitaria que obliga a jóvenes de bajísimos recursos a realizar gestiones desesperadas incluso en las aldeas indígenas para conseguir firmas que les permitan reducir una matrícula semestral de 900 mil a 180 mil pesos. Padres que empeñan y venden cualquier objeto de valor para que sus hijos no sean echados de las universidades que son administradas por partidos conservadores y liberales.

Álvaro Uribe es quien ha buscado más beneficios de la situación en la frontera. RCN lo presenta con más del 50 % de popularidad frente a Santos aunque las elecciones en puerta no son presidenciales. Sin embargo, hay una parte del país a la que no se le olvida que durante el Gobierno uribista se cometieron los mayores atropellos del paramilitarismo, se intensificaron los falsos positivos, se incrementaron beneficios e impuestos para financiar un “plan de defensa” que sostuvo la guerra desde el 2002, ni mucho menos que uno de los más procaces hechos de corrupción con el Agro Ingreso Seguro bajó millones de pesos a terratenientes colaboradores de Uribe, mientras las comunidades campesinas quedaban desasistidas.

La apuesta de Uribe apunta directamente a dos estrategias: mantenerse visible en los medios que lo posicionan como una figura positiva, y respaldar, a través de una movilización populista que recorre incluso pequeñas poblaciones, a sus fichas políticas, de estas, solo en el departamento de Córdoba tiene a 349 en candidaturas para el 25 de octubre, no pocas tomando en cuenta que el partido fue creado por él hace solo dos años. Es decir, el asunto fronterizo es usado por el ex presidente para cazar en río revuelto.

Por ahora, no hay ningún medio nacional en Colombia que informe a la población de qué se trata el cierre fronterizo, que un alto porcentaje de productos subsidiados por el Estado venezolano estaban siendo sacados del país hacia Colombia, que la frontera tenía sus propias leyes cambiarias que llevaron al Bolívar a ser una de las monedas más devaluadas. Este vacío de información, sumado a una manipulación constante en la que se usan historias de familias separadas, violación de derechos humanos, niñas y niños arrancados de sus casas y estudios, ha generado una ola de indignación, rabia y malestar, que se expresa permanentemente en las conversaciones cotidianas.

El calor sigue, mientras una carnosidad blancuzca, por causa del polvo de las carreteras que nunca han sido pavimentadas en esta región costeña, se extiende sobre los ojos de niños y viejos que miran las noticias de RNC y Caracol todas las noches. Esta es apenas una punta de los días de asfixia canicular, de consorcios televisivos y de ahogo desesperanzado en la compra-venta de votos, liderada por Uribe.

Sin duda, hay una demostración de poder político de los medios en este momento, que confirma las palabras de Noam Chomsky, en Colombia no se está reportando absolutamente nada sobre las decisiones de Venezuela, se está dando “forma a la opinión pública de acuerdo con las agendas del poder corporativo dominante”.

Texto: Katherine Castrillo. Contacto: @katikok.

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