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“Una Ciudad Comunal rompe cualquier límite establecido”

¿Qué es una ciudad comunal?

“Es el espacio en el que vamos más allá de las marcas geográficas. Aquí los habitantes unificamos dolencias, necesidades, haceres, fortalezas, identidades.” Esa definición de vida la tiene clara Alexander Molina, responsable de comunicación de la Comuna Manuelita Sáenz, y por esa vía van los 14 mil habitantes de la Ciudad Comunal Florencio Ramírez.

Estamos en el estado Mérida, pero al entrar a esta ciudad comunal también podemos decir que estamos en el Zulia, porque en ese otro estado se encuentra una de las cinco comunas que conforman este “sistema de agregación”.

En Venezuela, estas formas organizativas que se desparraman fuera de los conceptos fronterizos más tradicionales, son cada vez más comunes. Sin embargo, para entender la dimensión de lo que lograron estos cuarenta consejos comunales, organizados en cinco comunas distribuidas en dos estados, hay que irse al significado que plantea la propia Ley Orgánica de las Comunas (LOC). Para empezar, un sistema de agregación es una figura organizativa que permite a varios sistemas comunales articularse para resolver en colectivo aspectos territoriales, políticos, económicos, sociales, culturales, ecológicos y de seguridad y defensa de la soberanía. Bien. Así que pueden fortalecer su autogobierno, hacer planes de inversión en su territorio, impulsar su sistema económico y hacer contraloría social sobre los planes y proyectos que ejecute el Poder Popular o el Poder Público. Es decir, tienen una amplitud de autonomía mientras más organizados se encuentren.

Estos sistemas de agregación tienen niveles, empiezan por el consejo comunal, luego la articulación de varias comunidades con sus consejos comunales generan la comuna, y en un tercer nivel está la ciudad comunal: cuando varias comunas se organizan en un ámbito territorial determinado. En la Florencio Ramírez llegar hasta este tercer nivel les llevó tres años.

“En el 2013 empezamos a organizarnos, a ver cómo nos podíamos conformar en comunas. Los compañeros de la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora (CRBZ) nos ayudaron mucho. Luego fuimos a visitar a todos los consejos comunales, a informarles. Queríamos pasar a la segunda etapa de ser comunas. A inicios del 2014 ya éramos comunas, pero no paramos, fuimos leyendo, formándonos, armamos nuestra escuela del poder popular y de autogobierno, y decidimos ir a la tercera parte de la organización como ciudad comunal”, cuenta Alexander.

Cuando iniciaron su organización pusieron en común lo que cada quien tenía para poder fortalecer lo que le faltara al resto. De esta planificación lograron acordar e iniciar el desarrollo de varios proyectos según las fortaleces de cada comuna: “Trabajamos en diferentes proyectos socioproductivos que no sean repetitivos, por ejemplo, la Comuna Manuelita Sáenz está trabajando en una procesadora de harina de plátano y yuca; la Comuna Simón Bolívar está trabajando en la piscicultura y la agricultura; la Comuna Juan Evangelista González tiene una empaquetadora y procesadora de rubros para abono orgánico; la Comuna Bolívar Bicentenario está trabajando sobre un centro de acopio de cacao; y la Comuna Luis Mora está trabajando en la avicultura y el café. Si englobamos todo eso estás viendo cómo todos nosotros agarramos nuestros rubros y definimos criterios de trabajo, con detalles y algunas dificultades, sí, pero siempre con debate”.

Ismael Reyes, parlamentario del consejo comunal Delicias Altas, parte de una de las comuna que conforma la ciudad comunal, también cuenta que al principio solo eran una junta de vecinos: “Después con nuestro comandante Chávez empezamos con los consejos comunales, poco a poco fue encajando esa nueva política. Hoy soy parlamentario, y he emprendido muchas luchas por esto que tenemos”.

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“Aquí unificamos la fuerza de nuestras comunas”

En el estado Mérida existen dos ciudades comunales. Esta es 90% agrícola. De su trabajo campesino se benefician no solo sus 14 mil habitantes sino varias ciudades del país. Cultivan café, yuca, piña, plátano, cacao, limón, aguacate, y tienen crías de diferentes animales.

Cuentan que sus consejos comunales no pierden autonomía, lo que hacen es englobar los temas de trabajo, de organización, de proyectos, en etapas: si el proyecto es pequeño se maneja por consejo comunal, si es macro se maneja por la comuna, pero si es mucho más amplio se maneja por ciudad comunal. ¿Cómo? A través de las vocerías de cada consejo comunal, más las y los parlamentarios que esos consejos comunales definen para la comuna. Quienes legislan y discuten los proyectos son los parlamentarios de la comuna. Aparte de esa organización de la comuna, la ciudad comunal está conformada por once comités que eligieron para que fueran vocerxs ante las elecciones del Bloque del estado Mérida, conformado por ochenta y dos comunas.

Pero las dificultades no faltan. Aunque no han dejado de trabajar ni un día sufren por las vías precarias, por la falta de agroinsumos para poder trabajar la tierra, y especialmente por las mafias de los intermediarios: “Lo que queremos es vender directamente a quien va a comer, porque es muy triste que yo que sudo e invierto, debo venderle a intermediarios el kilo de plátano a 90 bolívares y el que se lo va a comer debe pagarlo a 1000 bolívares”, dice Lourdes Camacho, otra comunera. Quieren lograr establecer un sistema de distribución de sus rubros para garantizar que su trabajo no sea precarizado y poder contribuir en la ofensiva económica.

Quien recorra esta ciudad comunal se dará cuenta de que la mayor parte de las tierras productivas son las que están bajo el trabajo de los consejos campesinos, y los pocos predios ociosos siguen siendo de los latifundistas. Porque sí. Dentro de una ciudad comunal todavía pueden persistir incoherencias que no fueron atendidas a tiempo por el aparato estadal y que se mantienen bajo la “gracia” de algunos tribunales agrarios.

En medio de esas contradicciones lo que sostiene los procesos nuevos sociales y comunales es un alto grado de conciencia política: “Aquí no estamos por el beneficio de la vivienda o de los créditos, aquí estamos hablando de la transferencia de poderes, ese es el verdadero poder del pueblo. No estamos por una beca o un cargo, lo que queremos es decidir sobre nuestros procesos, sobre nuestra economía. El supuesto ‘avance’ hizo que perdiéramos costumbres de producción, de saber generar nuestros propios procesos, nos volvió parásitos, así que este momento de crisis nos ha hecho volver a la autogestión, a beneficiar a nuestras comunidades y a las vecinas.” Dice Lourdes.

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Y lo que queda

Quieren seguir creciendo y pueden. Según la LOC pueden avanzar hacia la creación de una Federación Comunal, pero eso depende de la creación de otras ciudades comunales que puedan articularse. Y de ahí queda la Confederación Comunal, donde se reúnen varias federaciones. El fin último es la creación de un completo Estado Comunal, en el que el poder “es ejercido directamente por el pueblo, a través de los autogobiernos comunales, con un modelo económico de propiedad social y de desarrollo endógeno y sustentable, que permita alcanzar la suprema felicidad social”. Aunque ese es el camino más largo, el más empinado y espinoso, sobretodo en medio de esta guerra económica, ya hay gente que empezó a andarlo, y que sabe, como Jenifer Villafañe, que esa organización se traduce en fortalezas: “La fuerza que tenemos ahorita es la de un pueblo organizado, y que a la hora de defender esto vamos a salir todos. Hemos roto barreras, así lo dijo Chávez, que íbamos a romper los límites geográficos establecidos”.

Se pregunta el mismo Alexander ¿por qué son legítimos como ciudad comunal?: “Porque hemos respondido a toda esa inquietud sobre nuestro carácter organizativo y de comunicación, de hermandad. De cómo nosotros sentimos lo que viven ellos allá a cuatro horas de distancia y ellos igual hacia nosotros. Porque llevamos la continuidad del trabajo territorial que nos dejó el comandante Chávez y que ahora continúa Maduro adelante. Somos cinco comunas seguidas que nos compenetramos, que vivimos lo mismo. Eso nos permite vernos con una misma identidad para trabajar”.

Así van cambiando el pensamiento, para estxs comunerxs ya no solo se trata de resolver sobre mí, ahora es también quien está mi lado, y quien está más allá.

Cuando se responden qué es la ciudad comunal para ellxs, dicen: “Es una de las experiencias más grandes que tenemos porque nos está enseñando cómo hacernos sentir parte de un espacio y un proyecto más grande, donde trabajamos para que las viejas figuras (alcaldías, gobernaciones) vayan desapareciendo. Para que la organización popular se empodere”.

Parece que la cosa se puede. Podemos dolernos y construirnos desde un solo cuerpo, desde  identidades comunes. Entonces, ¿cuándo le entramos a lo que falta?

Texto y fotografías: Katherine Castrillo / Contacto: @ktikok

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