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Testimonios del 11 al 13 de abril: El hijo desobediente

El escritor venezolano José Roberto Duque publicó por primera vez en el año 2007 una compilación de “grandes historias mínimas”, una serie de testimonios de personas que vivieron en carne vive los sucedos del 11, 12 y 13 de abril del 2002. Hoy compartimos desde Cultura Nuestra la historia de Alicia Cortés (luchadora social, Caracas):

Ese día (11 de abril) nos dejaron salir temprano del trabajo porque ya habían llegado noticias de lo que estaba pasando y había concentraciones en el centro. Yo trabajaba en la avenida Urdaneta y estaba pendiente de llegar hasta el sector donde vivo, en las Casitas de La Vega, porque ahí se habían hecho varias asambleas donde se hablaba del peligro de que pasaran algunas cosas con la oposición. Agarré una camioneta en la avenida universidad. Cuando paso por el puente de los leones, veo que pasa hacia el centro un autobús lleno de gente de allá de la Vega. Me bajé en la redoma de la india y ahí me encontré con unos compatriotas. hice unas llamadas para estar segura de que mis hijos más pequeños estaban ahí en la casa, donde los dejamos haciendo guardia, y me fui más tranquila. Con los amigos que me encontré en el camino me devolví buscando el centro por la avenida san martín.

A mitad de la avenida nos encontramos con unos conocidos que nos dijeron: “Devuélvanse, al autobús donde venían los de La Vega le cayeron a tiros, los bajaron a todos y hay unos muertos”.

Después me enteré de que era verdad que los habían parado. Unos policías habían trancado el paso para el centro y los encañonaron cuando trataron de pasar, pero unas señoras que estaban ahí forcejearon con los policías, agarraron a los policías cuando iban a disparar y al final no pasó nada. Decidimos entonces seguir hasta el centro; nos encontramos con el resto del grupo y decidimos dividirnos y encontrarnos otra vez en el Puente Llaguno. Para llegar ahí tuvimos que dar un vueltón por la avenida Morán, después el 23 de enero y caer por la avenida sucre, porque la policía no nos dejaba pasar por la O’leary. Tratamos de pasar, pero la metropolitana hizo una fila para cerrar la avenida y apuntó con las armas. Hicieron unos disparos al aire y no pudimos seguir. nos devolvimos, cogimos otra camioneta hacia atrás, nos quedamos empezando la Morán y caminamos como locos. Me ubiqué a una cuadra del Puente Llaguno y ahí vi cuando pasaban los compatriotas heridos o muertos. Varias veces les dije a los compañeros que fuéramos hasta allá para ayudar de alguna forma, pero no me dejaron, siempre me mantuvieron lejos de ahí. Tú sabes, esa medida de mantener a salvo a las mujeres y a los niños.

***

Yo pasé por unas cuantas cosas fuertes. yo estuve el 12 en Fuerte Tiuna; cuando estábamos empezando a concentrarnos ahí, pasó una patrulla de la PM (Policía Metropolitana) y empezó a caernos a tiros. Nos dispersamos, pero de repente los soldados, los muchachos rasos que estaban adentro del Fuerte, nos dijeron: “miren, no se vayan, quédense aquí”. Varias veces pasó la Metropolitana, hasta que un soldado salió y les hizo unos disparos, y ya no volvieron a pasar más nunca. Me tocó después quedarme en una concha con mi esposo y varios compañeros, fuera de la casa, cuando llegó el 12 de abril y empezamos a oír que iba a haber problemas con los grupos organizados, que iba a haber persecuciones y allanamientos.

Me tocó también ver como unos vecinos se burlaban de nosotros, aplaudían contentos porque el Presidente había caído, y nos gritaban: “Ajá, ¿y ahora qué van a hacer?”. Estuve también frente a la televisora Radio Caracas, en Quinta Crespo, con aquel grupo grande, exigiéndoles que dijeran la verdad. Ahí mismo, afuera del canal, se hizo una asamblea para decidir si nos quedábamos protestando o entrábamos. yo les decía que teníamos que entrar, que ahí con nosotros había algunos compañeros que podían manejar los equipos y transmitir un mensaje desde adentro. Pero la mayoría decidió que era mejor no hacer eso, porque adentro había trabajadores y era mejor no usar la violencia.

Pero lo que más me impresionó de todo lo que pasó fue la actitud de mi hijo, que tenía 14 años. A él y a otros más los habíamos dejado en la casa, el 11 de abril, para no exponerlos. Después me enteré de que ellos habían salido de la casa, habían llenado unos morrales con piedras y se habían ido para el centro. en una de esas que van por la avenida bolívar, se encuentran en mitad de una marcha, empiezan a mirar para los lados y se dan cuenta de que están metidos en la marcha de la oposición. Se fueron apartando poco a poco hasta que cogieron otra calle para unirse al grupo de nosotros allá en la avenida Urdaneta. Pero les había tocado caminar unas cuadras con los escuálidos sin darse cuenta. Yo le reclamé, le dije que tenía que haberse quedado en la casa como le dijimos. Entonces el muchacho, que yo nunca lo había oído hablar de política, me responde:

–Pero es que yo no podía quedarme aquí guardao. ¿Qué les iba a contar después a mis hijos cuando los tenga? ¿Que pasó todo eso y yo estuve todo el tiempo encerrado en una casa?

Imagen de portada: César Mosquera

TextoJosé Roberto Duque. Del 11 al 13. Testimonios y grandes historias mínimas de abril 2002. Fundación editorial el perro y la rana, Caracas, 2012.

Descárgalo aquí: 

http://elperroylarana.gob.ve/catalogo/bibliotecas/4f/525-del-11-al-13-testimonios-y-grandes-historias-minimas-de-abril-2002.html

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