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“Somos”: una mirada comunicacional sobre la identidad popular venezolana

Hoy nosotrxs pensamos lo que somos, pero sobre todo de dónde venimos.

Con técnicas sumamente especializadas en torno a la imagen, trabajadores y trabajadoras han sido convencidos de la estafa del ascenso social como esperanza de vida. La maquinaria mediática y cultural ha borrado las raíces de lxs explotadxs del mundo. Sin memoria, sin identidad, hombres y mujeres han sido orientadxs a competir por unos bienes y servicios impuestos como necesidad.

De tal modo es efectivo este mecanismo que existen cánones, estereotipos, de qué es la felicidad y cómo hay que conseguirla. Por si fuera poco, también han establecido cómo hay que vestirse, qué hay que comer, cómo es la belleza y qué es el éxito. De esta forma, el sistema ha convertido al ser humano en un medio de consolidación de su poder.

Desde este panorama, la misión de boicotear la construcción sistemática de esa imagen se convierte en una urgencia para todas las luchas revolucionarias, subversivas, igualitarias, humanas. La experiencia histórica ha demostrado que si se emplea la simbología hegemónica para construir la imagen del proceso de transformación, se yerra.  Es por ello que muchas experiencias crean sus propias narrativas gráficas, históricas y míticas.

Así, parece que los procesos de transformación, para ser trascendentes, necesitan construir una identidad que permita al sujeto y a la sujeta asumirse como seres integrales, hundiendo sus raíces en la historia. Es por ello que, desde el trabajo comprometido, en el espacio donde se hace vida (campo, ciudad, academia), crear la imagen propia se vuelve un acto militante.

Foto: Orlando Monteleone
Foto: Orlando Monteleone

Cabe decir que éste ha sido el camino trazado por todas las revoluciones del mundo. Porque, más allá de transformar lo que somos hoy día, necesitamos concientizar lo que hemos sido. Asumir nuestra condición histórica nos permite reconocernos.

Para ello, la comunicación, la construcción de imágenes e imaginarios, se convierte en un eje esencial. Esta labor la han asumido un grupo de comunicadorxs populares, entendiéndose creadorxs de nuevas formas de comunicar y de imágenes en las que el pueblo sepa reconocerse: es el sincero intento del pueblo por retratarse a sí mismo, de ahí su fuerza.

“La tarea que realizamos es bastante integral, de guionistas, de dirección, de edición, cámara. Varias personas hacemos de todo un poco. Yo estoy un poco más enfocado en la parte de la dirección de la campaña en el ámbito conceptual”, afirma Osmar Romero, comunicador popular y miembro del equipo de la campaña “Somos”; quien también cuenta que todas las tareas se han asumido en grupo, aportando desde las múltiples aptitudes de cada quien, pero entendiéndose como un gran ente colectivo.

“‘Somos’ es un proyecto comunicacional que se piensa desde distintas personas que hemos trabajado en distintos espacios, en campañas anteriores. Con una característica: que muchas no han sido financiadas. Por ejemplo, la campaña ‘Nosotros con Chávez’ o el Encuentro Filosófico de los Pobres.

Los factores de poder, vulnerados por estas nuevas prácticas, están en constante transformación para desarticular tanto estas experiencias, como los espacios de ejercicio político directo, generados aguas abajo de la Revolución. En ese sentido, atacan al pueblo organizado en torno a la comunicación popular, como método para mantener el monopolio mediático y comunicacional; pues a lxs dueñxs de la información, del espectáculo y del entretenimiento no les convienen las prácticas populares y democráticas, que pondrían en peligro su monopolio. Su ataque es sutil, pero férreo.

Al respecto, el comunicador popular comenta: “Lxs grandes dueñxs del mundo están arremetiendo contra Venezuela duramente, y en el ámbito económico nos están haciendo una guerra. Nosotros en ese contexto elaboramos esta campaña que se llama ‘Somos’, cuyo lema es ‘Un pueblo digno’. Somos un pueblo digno, sacado de la famosa alocución del Presidente Chávez cuando dice: ‘Yanquis de mierda, váyanse al carajo, que aquí hay un pueblo digno’, en solidaridad con el pueblo boliviano, y expulsando al Embajador estadounidense en ese momento, un momento sumamente significativo”.

La gran particularidad de este ejercicio es que se entiende como la representación de la imagen propia: es el pueblo, con sus intereses históricos y de clase, preocupado por pensar su propia identidad. “Creemos que lo que hay que hacer, en este caso, es mirarnos nosotrxs mismxs y mostrar sin complejos lo que hacemos desde el pueblo llano, desde lo que nosotrxs somos, como dice la campaña”, asegura Romero.

Y en el contexto de la participación protagónica, “con la herramienta comunicacional, audiovisuales, la gráfica y la música […], lo que queremos es mostrar sin mucho alarde al sujeto revolucionario desde lo sencillo, mostrar al pueblo en plena participación de una revolución cotidianamente”, subraya.

Esta labor, además de tener un compromiso militante, cuenta con capital humano preparado para acometer las tareas, y así como cada quien aporta desde sus aptitudes, lo hace también desde el saber colectivo. El poder abordar la tarea de manera multidisciplinaria les da un extra, explica Romero.

“En el ámbito fotográfico se han hecho distintas imágenes en las que se muestra el pueblo que somos: a las madres, a lxs trabajadorxs, a mujeres, hombres, jóvenes, chamos peloteros; y los retratos son de un fotógrafo llamado Orlando Monteleone”, cuenta el comunicador.

Foto: Orlando Monteleone
Foto: Orlando Monteleone

Contra el imaginario burgués venezolano: Trascender a Juan Bimba, hablar lo que somos

“Gino González dice que el dueño pone la lengua, y el dueño pone su argumento; más o menos ésa es la lógica que funcionaba con Juan Bimba, era el tipo de pueblo, pero que se veía siendo dueño”, asevera Romero. En este sentido, la construcción del pueblo venezolano estaba transversalizada por prejuicios de clase, al mismo tiempo que justificaba la segregación social y el hacinamiento en espacios geográficos marginales (barrios, lomas, cerros), atribuyendo así características peyorativas a lo popular, como la viveza, la flojera y el desaliño.

Juan Bimba, imagen bajo la que se constituyó uno de los grandes prejuicios sociales de la historia de Venezuela, justificó con su ignorancia e irresponsabilidad la tutoría de la gran democracia de la burguesía venezolana. La transformación de este paradigma es un bastión fundamental de la revolución cultural, y también de la Revolución toda.

Pero Venezuela no está exenta de la transformación sistemática del capitalismo y sus medios de reproducción cultural y comunicacional, aunque estemos en pugna con ellos. La construcción del imaginario capitalista y su difusión a través de la industria cultural ha transformado al venezolano y la forma en la que afronta la vida. Le han impuesto, como grandes distracciones, los shows mediáticos, enmascarados como deporte de élite, concursos de belleza o las redes sociales. Se ha desprestigiado lo popular, extrañando los rostros del pueblo mismo.

Por ello, quien asume la tarea de visibilizar los rostros cotidianos del pueblo y, aún más, quien asume retratar los rostros revolucionarios del pueblo, debe abandonar los prejuicios que el propio sistema ha insertado en la subjetividad. Quien asume la trinchera comunicacional como espacio militante debe hacerlo responsablemente, y, sobre todo, abandonando las agendas informativas veladas por los intereses contrarios a la clase, “para retratar la cotidianidad popular, quien hace comunicación popular asume su realidad y da cuenta de ella fielmente, mostrándose, al mismo tiempo, tal y como es”.

“Eso no solamente lo evidencian las cosas que se muestran, sino quien las muestra, porque algo que me parece importante es que muchos de nosotrxs tenemos entre 23 y 26 años. Es evidente que la cosa es distinta: eso sólo se da en un contexto en el que las cosas cambian rápidamente; en donde los conceptos crujen. Lxs dueñxs de la comunicación ya no son lxs grandxs tipxs que antes se veían en la cajita mágica y ya. No, esa vaina bajó pa’l suelo y todo el mundo está en posición de decir. Por eso me presenté como comunicador popular, porque todxs lo somos, incluso es redundante porque es la naturaleza de ser, comunicar”.

Finalmente, tras reconocerse en la propia historia, asumir la cotidianidad como espacio de comunicación y analizar los ataques que sufren lxs sujetxs que llevan adelante esta nueva política comunicacional, Osmar Romero y el equipo de “Somos” han elegido su posición: es el pueblo quien se piensa y se dice.

“Uno asume una tarea histórica, en este contexto ¿para dónde va a coger uno? Hacia lo que uno es, hacia lo que somos. Yo creo que ése es un dato importante, qué se muestra, quién lo muestra y cómo; eso, además, va tejiendo una red de identidades múltiples que al final no es la cuestión hecha para el pueblo, sino el pueblo haciendo cosas, el pueblo haciendo comunicación, haciendo revolución”.

Foto: Orlando Monteleone
Foto: Orlando Monteleone
Foto: Orlando Monteleone
Foto: Orlando Monteleone
Foto: Orlando Monteleone
Foto: Orlando Monteleone
Foto: Orlando Monteleone
Foto: Orlando Monteleone
Foto: Orlando Monteleone
Foto: Orlando Monteleone

Texto: Javier P.

Fotos: Orlando Monteleone

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