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Semillero vivo, a tres años de la muerte del hombre

Pasadas las cuatro de la tarde de aquel 5 de marzo, lo que anunció Nicolás Maduro, entonces vicepresidente de la República Bolivariana de Venezuela, no fue más que la muerte de un cuerpo. La idea, el Chávez que partió en dos la historia venezolana, permanecería intacta en quienes creyeron en ella realmente.

Así como lo sembramos hace tres años, él nos sembró a nosotrxs. Lo hizo porque nos supo interpretar, supo entender la necesidad de un pueblo entero en hacerse libre, y nos contó lo que nosotrxs mismxs ya sabíamos: que debíamos gobernar nuestros propios destinos, para siempre.

Quienes entendieron eso, no se han frenado por carencias, ataques o contradicciones, incluso. Han resistido muchas cosas para resolver lo que les venga y avanzar desde sus espacios en la construcción del socialismo venezolano, transversalizado por el poder comunal y que Maduro ha sabido sintetizar para amalgamar a un concepto más cercano: Pueblo Presidente.

Legislar

“Nosotros le creímos a Chávez cuando dijo aquello de ser pueblo legislador”, dijo una vez Eduardo Gil, quien formó parte de los debates para la construcción de la vigente Ley de Semillas. Esa iniciativa, en su momento, tuvo en contra incluso a algunxs diputadxs del chavismo, que por lo visto tenían sentimientos encontrados al ver cómo se afectaban los intereses sobre la importación de transgénicos y el negocio que supone la privatización de la semilla.

Oscar Arria

Sin embargo, el debate se dio en distintos espacios del país, con la participación de distintas fuerzas populares. Terminaron construyendo una ley que, además de rechazar los transgénicos y la privatización, se planta firme en la defensa de la semilla campesina, indígena y afrodescendiente, además de las prácticas ancestrales de compartir, intercambiar semillas. Finalmente fue aprobada en diciembre del 2015 por la Asamblea Nacional.

Autosustento

En Anzoátegui hay una comuna pesquera con una capacidad inmensa de producción. Recibieron de instituciones del Estado lanchas nuevas, motores, redes, implementos de pesca en general, que les permitieron incrementar las toneladas de pescado diario.

Foto Milangela Galea
Foto Milangela Galea

Les faltó algo para que el ciclo fuera completo: camiones de frío, que permitieran una distribución sin intermediarios para garantizar que llegara a quienes debía llegar, y al precio que correspondía.

He visto comunas paralizadas por falta de financiamiento oportuno de instituciones, o porque no les entregaron una maquinaria en particular. No fue el caso de la Alberto Lovera, que comenzó a pensar en una alternativa y, con los excedentes monetarios de la Ruta Comunal de transporte, optaron por construir una panadería y una expendedora de pescado, que aunque no resolvía el conflicto en su totalidad, era un avance.

Con las propias manos

Prácticamente la totalidad de estos tres años, la Revolución, sus sujetxs y el pueblo venezolano en general, ha pasado por un asedio económico sin precedentes: la desaparición de incontables elementos considerados básicos para la vida (entre alimentación, medicinas y artículos de higiene) ha servido para que mucha gente terminara de dar un salto cualitativo hacia un modelo de vida más sano, en todos los sentidos.

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La Feria Conuquera Agroecológica que se realiza todos los meses en Caracas, por ejemplo, ha servido para que cada vez más gente conozca alternativas a las cosas desaparecidas: hacer arepas con tubérculos, aprender a preparar desodorantes artesanales, el uso de plantas para la curación de dolencias, por citar algunos casos, se encuentran en ese espacio.

También esta situación ha impulsado la organización de espacios que buscan hacer de la experiencia de consumo de alimentos una forma de hacer comunidad. La Alpargata Solidaria ha promovido una serie de encuentros de consumo colectivo, donde la gente participa en la elaboración de los sacos con alimentos que luego llevará a sus casas, y que se han comprado previamente de forma directa a productorxs.

Contarnos

La necesidad de recontarnos nuestra propia historia, ante el desgaste de los modelos, formatos y enfoques de los medios de comunicación tradicionales, permitieron también el surgimiento de experiencias como Comunicalle o Gente Chavista.

Estas han demostrado que no hace falta un gran despliegue técnico, ni el aparato del Minci para generar un espacio donde las subjetividades populares confluyan y se identifiquen en un horizonte común.

Además, han proliferado los espacios de encuentro entre comunicadorxs populares, que apuestan a contar la historia del pueblo que se está transformando: haciéndose comuna, consejo comunal, organización campesina, fábrica recuperada y puesta al servicio, privadxs de libertad que producen desde sus centros de reclusión, por nombrar algunos ejemplos.

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La necesidad de organizarse, y la comprensión de que esa organización no es coyuntural, ha llevado a un nivel de profundidad del proceso revolucionario que tiene su grado de irreversibilidad garantizado.

A pesar de una asamblea perdida, e incluso ante un escenario más adverso, habrá gente que se sabrá sujetx de esta historia y será responsable ante esa realidad. Esa misma gente ha seguido construyendo las bases de una nueva vida, material y espiritual, la de lxs juntxs. Lo sabía Chávez: debemos ser el aguacero, no las gotas.

Texto: Juan Ibarra (@juansibarra).

Fotos: Cultura Nuestra (@CulturaNuestra_)

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