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El entierro de la Sardina: carnavales en Naiguatá

El entierro de la Sardina es una manifestación que data de tiempos coloniales. Se realizó primero en varias poblaciones de Vargas, como La Guaira, Catia La Mar, Carayaca y Macuto. En este último pueblo se mantuvo durante unos cien años, hasta que a mediados de la década de los 70 desapareció. Fue entonces cuando fue retomada por los pescadores naiguatareños.

Hacia la costa este del estado Vargas, el Carnaval se rehúsa a morir. Por 55 años consecutivos, este miércoles de ceniza, a partir de las 3:30 de la tarde, los habitantes de Naiguatá inician una procesión conocida como El entierro de la Sardina, en la que lloran su partida.

Irreverencia y burla de todo régimen establecido, celestial o terrenal, esta parodia simula una expresión mágico religiosa, que toma como escenario las calles de este pueblo costero de Naiguatá, estado Vargas, Venezuela.

La Sardina, que representa los pecaminosos deseos de la carne y toda la maldad, murió a la medianoche, al entrar la madrugada de este miércoles. Por eso más de 200 voluntarios del pueblo participan en la construcción de una capilla, el maquillaje de los principales personajes de esta expresión pagana y la elaboración de una urna hecha de un armazón de madera y alambres que parece una jaula, en la que, además de la sardina, guindan frutas, hortalizas y verduras.

Su recorrido comienza desde el muelle pesquero siendo encabezada por un fiscal, que abre paso entre la multitud, un falso sacerdote con sus monaguillos, quienes esparcen agua “bendita” (sacada de una hielera con licor), y llaman a la lujuria. En sus manos, el “cura” tiene la Santa Sardina, en cuyas páginas internas exhiben gráficas atrevidas.

Alrededor de la urna, las viudas -un grupo de hombres disfrazados de mujeres, exageradamente maquillados, con accesorios voluptuosos y con trajes rellenos que simulan formas femeninas- lloran al cuerpo de la sardina, al ritmo de la fulía, la parranda y el tambor de las Sardinas de Naiguatá. Llevan palmas en sus manos con las que espantan a los demonios y a los indios.

Una vez en la plaza La Colmena, en el corazón del pueblo, se realiza una “misa de cuerpo presente de la sardina”, en la que se lee un decreto: Una especie de manifiesto burlesco hacia la investidura eclesiástica, desafueros de los políticos de turno.

También aprovechan para sacar a la luz pública las peores y jocosas penas vividas por los habitantes del pueblo, además de darle el último adiós a la Sardina y darles la comunión a las viudas.

Texto y fotos: Miguel Moya. @miguelhotomoya.

http://miguelmoya.photoshelter.com/

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