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Proletarios Uníos: “No queremos patrón, aquí llegó la economía comunal”

Los empresarios quieren volver

Ahí, en Batatal, Piedras Coloradas y Cerro Blanco, en el estado Lara, donde los animales se arrastran de sed y los sembradíos se requeman, empezó a llegar el agua desde una fábrica de cerveza. Realismo mágico, casi. Solidaridad y resistencia absolutas.

El agua viene de cinco pozos profundos que nacen bajo los pies de 69 obrerxs organizadxs como Proletarios Uníos, y que hace ya 35 meses recuperaron la antigua fábrica Brahma, abandonada por sus anteriores dueños. Tras este tiempo de aguante crearon una nueva gestión económica y humana, la llaman Unidad Productiva Estratégica del Poder Popular, esto es la construcción de relaciones de producción entre trabajadorxs, campesinxs, comunerxs y otras expresiones del poder popular.

“Aquí hasta el 2013 funcionó la fábrica de cervezas Brahma. Tras la muerte del presidente Hugo Chávez, los antiguos dueños de la empresa decidieron vender el 85% de las acciones como estrategia de guerra económica, y nos dijeron que debíamos irnos, pero nosotros nos quedamos a resguardar nuestros puestos de trabajo, incluso esperábamos la sustitución de patrón para seguir laborando. Por eso hay que dejar claro que no fue que tomamos esta empresa porque quisimos tomarla, ellos se desaparecieron, dejaron en el ocio a instalaciones 100% productivas. Nosotros recordamos entonces aquella orden del comandante Chávez: empresas que fueran abandonadas, empresas que tomaran los trabajadores y las pusieran al servicio del pueblo”, cuenta Jean Carlos Salero, uno de los socioproductores que atravesó toda esta línea de tiempo.

¿Qué hicieron? Tomaron la Ley de Economía Comunal, promulgada por el presidente Chávez en el año 2010, y constituyeron la Empresa de Propiedad Social Directa Comunal (EPSDC) junto a la Comuna Pío Tamayo. Comenzaron 600 trabajadores, resistieron poco más de 60. “Acá seguimos, y ahora las cosas cambiaron, porque no estamos esperando ningún patrón, tenemos una figura jurídica y vamos a demostrar que la clase obrera puede combatir la guerra económica y producir para el pueblo”.

Pero los antiguos patrones quieren volver. Un tribunal civil dictaminó en diciembre del 2015 que la fábrica debía ser abandonada totalmente por los obreros el 16 de febrero del 2016. En la denuncia los empresarios no dijeron que ellos mismos desmantelaron las oficinas en las que trabajaban, que se llevaron todo y no volvieron, sino que un grupo de trabajadores los sacaron a la fuerza y tienen las instalaciones secuestradas.

Quieren volver cuando los trabajadores cambiaron completamente el objeto de producción de las instalaciones y ahora van a elaborar y distribuir alimentos y bebidas para el pueblo. Cuando los trabajadores junto a una cooperativa de camiones logran abastecer de agua, de manera fija, a 167 comunidades, entre ellas Pozo Hondo y Charco Largo, cuyos nombres, dice Antonio Gómez de la Comuna Pío Tamayo, no son más que un anhelo entre tanta tierra seca. Cuando los trabajadores apoyan con agua a 73 pequeños socioproductores de patios productivos, y los galpones de cría de 130 mil aves por periodo, más cría de porcino, caprino y bovino en las zonas semi áridas. Cuando junto a la Comuna Pío Tamayo se aliaron a productores para tener sus propios animales y producen mezclas de alimento de consumo animal. Con todo esto, los empresarios quieren volver solamente para producir cerveza.

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¿Y la producción?

La empresa tiene catorce silos con una capacidad para almacenar 8 mil toneladas de granos; otros rubros bajo techo en 16 mil metros cuadrados. Hay otros 26 mil metros cuadrados para almacenamiento bajo frío. Capacidad de molienda y procesamiento de cualquier tipo de harinas y otros productos en los molinos industriales instalados y una línea de envasado. ¿Entonces cuál ha sido el problema para producir?

“Las trabas las hemos tenido desde el 2014 cuando nos constituimos como EPSDC, el pretexto siempre ha sido ‘ustedes están en unos espacios que no les corresponden, esos espacios son de un privado y por lo tanto no se les puede otorgar ningún permiso’ ”. Dice Salero que contra eso han venido luchando todo este tiempo.

Desde que se constituyeron presentaron sus proyectos en todas las instancias posibles, pero para operar alimentos se debe cumplir con unas normas legales y necesitaban varios permisos. “Cuando íbamos a sacarlos ante las instancias, que lamentablemente están controladas por alcaldes y gobernadores de derecha, nos decían ‘esa fábrica no es de ustedes y no les podemos dar los permisos, demuestren que el Estado les cedió esa empresa’ ”. Pero no estaba cedida y todavía no lo está. Finalmente lograron concretar un convenio con el Seniat y con el Ejército Operacional del estado Lara para la distribución de agua, los autorizaron dándoles la garantía de apoyarlos en caso de que la Gobernación de Henry Falcón tratara de impedirles la distribución.

Todo acaba de cambiar. El 4 de febrero del 2016 finalmente se dictó una medida cautelar de protección agroalimentaria a favor de Proletarios Uníos, cuya sentencia establece que las y los trabajadores pueden utilizar todos los espacios de la fábrica para producción de alimentos y las instituciones les deben asegurar los permisos que requieran. El 15 de febrero de este año instalaron una empaquetadora de granos y polvos que se activará pronto para hacer las primeras pruebas. Esta empaquetadora tiene la capacidad de generar por hora cerca de dos mil empaques y ya aseguraron quinientos mil kilos de caraotas a través de Leguminosas del Alba para empezar, cuenta Elio López, otro de los socioproductores de esta larga batalla.

El futuro

¿Qué significado tiene esta lucha en el marco de la actual situación de crisis económica en Venezuela? Se trata de construir una política popular que convierta los espacios en una Gran Comunal, bajo lógicas de articulación entre empresas recuperadas y comunas, con sistemas de producción, procesamiento, empaquetado y distribución no a través de supermercados privados o estadales, sino a través de las mismas comunidades. No tener un Estado paralelo “socialista” que emule las formas del mercado capitalista, sino uno comunal, donde medios de producción y distribución estén en manos del poder popular, o ¿de qué otra forma se puede garantizar que las instituciones corruptas y los sectores de derecha sigan especulando o secuestrando los alimentos?

“Alguien me preguntaba, ‘Salero, ¿y cómo van a hacer esa distribución? ¿Eso va a una distribuidora?’ Le dije que no, porque nosotros no creemos en el proceso de intermediarios, nosotros creemos que el proceso debe ser directamente a través del poder popular hacia las comunas”.

Por eso, Proletarios Uníos este año podrá concretar dos proyectos con ese horizonte. Uno, con Lácteos Los Andes, empresa recuperada y gestionada por el Estado pero con un Consejo Obrero organizado. Iniciaron conversaciones desde marzo de 2015, pero se paralizó el proceso por las trabas jurídicas que dejaban a Proletarios Uníos en un permanente limbo legal. Con la nueva sentencia ya es posible avanzar en la propuesta, cuya primera fase incorpora el inicio de almacenaje y distribución de leche, yogurt, chicha y otros productos lácteos, y la puesta en marcha de una línea de envasado de jugos, con capacidad de 1800 latas por minuto.

Con la Comuna Pío Tamayo empezarán el empaquetado y distribución de granos y polvos. “En estos momentos vamos a empezar a generar una nueva gestión económica junto al poder popular. No podemos esperar a que el Estado nos haga una transferencia de los espacios para empezar a producir. Una transferencia sin gestión de los trabajadores y sin la legitimación del poder popular no tiene sentido”, enfatiza Tony Medina, socioproductor y vocero de la Comuna Pío Tamayo. “La Comuna es el modelo de gestión económica en el que creemos y que estamos impulsando”.

El agua profunda

Para los sectores populares orgánicos el proceso revolucionario en Venezuela debe hacerse más radical y profundo que nunca. Mientras tanto, Henrique Capriles Radonski encabeza la campaña de cuenta regresiva para el referendo revocatorio al presidente Nicolás Maduro y la Asamblea Nacional aprueba en primera discusión una Ley de Amnistía para liberar a sus llamados “presos políticos”. Este es, sin duda, el momento de la máxima apuesta, el de abandonar o quedarse. Como dijo un obrero el 16 de febrero, mientras esperábamos por la llegada de alguna autoridad que quisiera hacer efectivo el desalojo, “si las fábricas cierran no nos vamos a ir a nuestras casas, nos quedamos, resistimos y las recuperamos. Esta metáfora encierra la llegada de un nuevo momento. No se ha caído la Revolución, no avanzó radical hacia el empoderamiento de la clase campesina, comunal, obrera, y esta puede ser la hora de esa definición desde las bases.

No llegó nadie a desalojar ese día. En cambio, lxs trabajadorxs pidieron la retirada del espacio de la seguridad privada pagada por Brahma, y que saboteaba el proceso de recuperación. “Necesitamos que se vayan, sabemos que son obreros como nosotros pero ellos están de parte del patrón y nos estamos jugando la dignidad de la clase trabajadora y comunera. Aquí ya somos más que 69 obreros, somos el nuevo modelo de gestión del pueblo”.

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Texto: y fotos Katherine Castrillo. @ktikok

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