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Primer año de la Feria conuquera: organización popular por una nueva producción

Comenzó como una iniciativa de pocos, unos 6 o 7 colectivos organizados en la producción de alimentos libres de agrotóxicos y organismos genéticamente modificados, con la intención de unificar un espacio para compartir los saberes y las experiencias.

Para entonces, apenas se comenzaban a juntar, pensarse una forma de organización y, sobre todo, un espacio de encuentro más que de distribución y venta. Se trataba de formar, contribuir a la difusión y visibilización de conocimientos que sirviera para expandir las experiencias en el país.

Este sábado 3 de octubre, se cumplió el primer aniversario de la realización, la materialización de ese espacio, la Feria Conuquera Agroecológica, que se lleva a cabo el primer sábado de cada mes desde octubre pasado en la ciudad de Caracas, epicentro de varios colectivos (cada vez más) que pusieron sus manos a la siembra en un contexto urbano como el caraqueño.

Pero la cosa va más allá de la siembra, y por eso hablan también de alternativas para lo que utilizamos: cada mes, en el parque Los Caobos, coinciden con los conuqueros y conuqueras, aquellxs que procesan alimentos y elaboran también productos de aseo y medicinas naturales.

Eisamar Ochoa, del equipo que ha venido organizando la feria durante el último año, recuerda que esto se dio tras el reconocimiento de “la necesidad de construir un nuevo modelo de producción y de consumo”.

Una muestra de que esa noción es compartida por mucha gente más en este tiempo de Revolución, se refleja en el hecho de que cada mes se suman más colectivos a este espacio, pero sobre todo, algo llamativo, según comenta Eisamar: siempre llega gente nueva, gente que no esperan. Cada vez son más quienes se involucran en la producción y reconocen en este un espacio de intercambio y de organización popular.

Además, resulta interesante la participación de jóvenes en estas iniciativas. “Yo creo que muchos jóvenes han sentido el llamado. De ‘no vamos a reunirnos un sábado por la noche, hacer una vaca para tomarnos una curda nada más’ “, dice Tania Abreu, estudiante de la Universidad Central de Venezuela que, junto a su madre, ha participado en la feria desde el primer momento.

Según ella, sintieron el llamado de sembrar, de contribuir a la consolidación de otra forma de vida, una que no dependa del mercado de especulación. Pero especialmente, una forma más sana y de relación amistosa con la naturaleza.

Quienes organizan esta feria forman parte de colectivos que además de la siembra promueven el proyecto de Ley de Semillas y están en permanente campaña contra el uso de transgénicos, pesticidas y diversos tóxicos.

Ven en lo que hacen la semilla de algo que seguirá creciendo, se seguirá fortaleciendo para acercarnos cada vez más a una sociedad productiva, donde no haya intermediarios entre la producción y el consumo, además de romper con la cadena de especulación. Por esto último, por ejemplo, los precios se deciden en asambleas previas a cada feria.

Si algo ha hecho evidente la guerra económica, es la necesidad de ser todos productores para no depender de intereses mercantiles. Quienes históricamente han llenado los anaqueles y que ahora los vacían, no producen alimentos, sino dinero. Por eso es importante el llamado a cada familia, a los jóvenes (para que sean cada vez más) a sembrar sus propios alimentos.

Espacios como este son posibles además gracias a la voluntad política de un proceso que se ha avocado a cambiar los paradigmas de la sociedad basada en el rentismo que dejó el puntofijismo y sus antecesores. De feria va un año, pero son más de quince los que lleva la lucha que ha dado pie a estos cambios. ¿Tarea pendiente? Hacer de esto algo irreversible, trascender a esa nueva vida, en colectivo.

Foto: Milangela Galea
Foto: Milangela Galea

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Texto: Juan Sebastian Ibarra. Contacto: @juansibarra.

Fotos: Milángela Galea.

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