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¿Por qué marchar con la comunidad LGBT?

El tema del matrimonio igualitario ha surgido nuevamente en Venezuela. Luego de que en enero de 2014 más de cuarenta organizaciones y movimientos en pro de los derechos igualitarios para la comunidad LGBT entregaran un Proyecto de Ley de Matrimonio Civil Igualitario —avalado por 20 000 firmas— a la Asamblea Nacional, diversas organizaciones se han mantenido en pie impulsando campañas para su aprobación.

Por otro lado, las elecciones parlamentarias que se realizarán en diciembre 2015 tal vez cuenten con candidatxs sexo-género diversxs. No es casualidad, sino causalidad, que el mismo día de la Marcha del Orgullo LGBT 2015 será el día de las primarias de la diversidad sexual del Gran Polo Patriótico (GPP), y que además estas elecciones tengan dos puntos estratégicos de votación en el recorrido del Orgullo: en el punto de partida y en el punto de llegada.

Estos son los puntos por donde pasará la marcha. Diseño: Dayana Buitrago.
Estos son los puntos por donde pasará la marcha. Diseño: Dayana Buitrago.

Este domingo 12 de julio se realizará la Marcha oficial. Con éste ya son quince años de celebración, donde miles de participantes se permiten una vez por año mostrarse públicamente sin miedo o preocupación por los estigmas sociales.

Si este año cubre espacios estratégicamente importantes —como la Asamblea Nacional—, se realiza en un contexto histórico que reabre la discusión acerca del matrimonio igualitario para la construcción de una sociedad sin distinciones, y además coincide con las primarias del GPP, es tentador pensar que ahora la Marcha toma un sentido político bastante alentador.

En años anteriores el recorrido, donde se mueven más de 10 000 personas de la comunidad LGBT, fue considerado por muchas personas como un punto de encuentro presto para el chanceo cerca de los hoteles y discotecas gays caraqueñas.

En más de una ocasión, sobre todo después de 2010, organizaciones como ASGDRe y Divas de Venezuela intentaron politizar el asunto —politizar: darle un carácter de reflexión y acción directa con las instituciones pertinentes para visibilizar las exigencias de la comunidad—, su propósito consistía en llevar propuestas de la comunidad sexo-género diversa hacia la Asamblea, pero la respuesta de algunxs organizadorxs siempre fue negativa.

Una de las críticas que hacen estas organizaciones revolucionarias (a las que se les suma CCSmob) hacia la marcha tiene que ver con el punto final: Zona Rental. En esta oportunidad, el recorrido partirá desde el oeste —gracias a un debate que inició en el año 2013—, pero la llegada seguirá siendo Zona Rental, donde hay un espacio destinado para la celebración.

Por esta razón hay quienes consideran que, más allá del encuentro y el festejo, deberían concentrarse en el debate y el cambio social, porque la oportunidad debe aprovecharse especialmente para exigir derechos de ley y para establecer estrategias que promuevan una cultura en contra de la homotransfobia.

Entonces, bajo este escenario, ¿por qué marchar el domingo?

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Sí, lo primero que siempre sale a relucir es esa crítica ortodoxa escondida en el fardo político de la militancia: falta de seriedad. Pero si se abre un poco la mente, fuera de estereotipos heteronormados, habría que pensar que existen diversas formas de militar y que es válido que cada quien tenga la suya.

Cada año se reúnen miles de personas lesbianas, gays, bisexuales, transgéneros, transexuales e intersexuales para festejar el orgullo de aceptarse a sí mismxs, a pesar de todo el sistema patriarcal que lxs margina. Además, para recordar los hechos de aquella madrugada del 28 de junio de 1969, cuando no sólo se trataba de personas LGBT, sino de tez oscura, de clase baja y en situación de calle, quienes lucharon en Stonewall (discoteca gay en Nueva York) contra policías que pretendían reprimir sus derechos, y provocaron los famosos disturbios que demostraron al mundo que la comunidad no continuaría siendo sometida.

Aparte de la entrega de papeles y de las protestas directas hacia la institución, la militancia también es la toma de la calle: la travesti que no se atreve a vestir como mujer, lo hace ese día; la pareja de niñas señaladas se dan un beso ese día; quienes conforman un hogar, sin el reconocimiento legal del Estado, se toman de la mano ese día; lxs jóvenes enviadxs por sus padres y madres al psicólogo porque les gusta alguien de su mismo sexo, levantan la bandera ese día; cada transexual comúnmente marginado e invisibilizado celebra con orgullo ese día. Es decir, la sola presencia ya es un acto de militancia.

“La política lo es todo, cada persona hace un esfuerzo con respecto a expresar libremente su sexualidad, lo necesario no es que se acabe la celebración o deslegitimar que las personas se expresen, sino extenderles la invitación a que todxs tengan mayor conciencia de que se trata de una reivindicación social. Así, en su libre expresión, mantienen la conciencia de lucha”, explica Rummie Quintero, activista de Divas de Venezuela.

En este sentido, la marcha es el grito de guerra que todxs deben usar, pero extendiendo esa ciudadanía plena a la práctica diaria, a visibilizar de forma cotidiana cuál es la posición que buscan defender.

El fatídico deseo de la aceptación matrimonial y otras luchas

Cuando se habla de reivindicación de derechos en el ámbito LGBT, lo primero que salta a la mente es la aprobación del matrimonio igualitario, y no es menos cierto que es lo más publicitado. En 25 países del mundo ya es permitido legalmente, pero ¿qué es el matrimonio?

Por un lado, es la cara de un sistema neoliberal y heteropatriarcal avalado por la Iglesia católica como máxima institución delegada. Si se piensa en el matrimonio desde “marido y mujer”, se comienza a comprender hacia dónde se dirigen las cosas: existe un hombre tal, cuya propiedad es esta mujer a quien desde el momento del casamiento se le comenzará a llamar con el apellido del hombre que la posee: ella es María de Pérez, como el carro de Pérez y la casa de Pérez. Lo que implica que esta mujer sea “entregada” por su padre a su futuro esposo, cual objeto, cual cosa.

A su vez, el matrimonio implica beneficios de ley para dos personas que desean unir sus vidas. Al no existir un reconocimiento legal de la relación entre dos personas del mismo sexo, se enfrentarán a la negación de derechos que sí favorecen a parejas heterosexuales, como vivienda, formación de familia y reconocimiento de la adquisición de bienes en par, por ejemplo.

Sin embargo, el matrimonio no engloba todas las luchas. Por quince años las organizaciones en pro de la comunidad sexo-género diversa han mantenido las exigencias de tres reivindicaciones aparte del matrimonio.

Una de ellas es la identidad: lxs trans no son legalmente reconocidxs, no se les permite cambio de nombre ni de género en asuntos legales. Aunque se hayan hecho una reasignación de sexo o se trasvistan, para cualquier institución seguirán siendo lo que dicta la Partida de Nacimiento.

“Su invisibilización tiene tal nivel que no hay médicxs especializadxs que se encarguen de atender a personas trans, y por supuesto no tienen derecho a vivienda. La identidad es una reivindicación importante, a lxs trans les niegan muchos de los derechos que les corresponden como seres humanos porque no tienen una identidad acorde a su ideal de género autopercibido”, asevera Rummie Quintero.

Aunado a esto, Víctor Fernández, activista de la ASGDRe, explica: “La discriminación se materializa cuando le van a llamar por su nombre oficial que no corresponde con la identidad que adquirió después de que decidiera que no era ésa. Allí también entra la intersexualidad, que son aquellas personas que nacen con un genital que no es ni pene ni vagina, que a nuestra mirada, que sólo entiende de pene y vagina, es una combinación de ambos, pero que perfectamente podría ser otro genital con otro nombre, entonces qué identidad de género hay para esa persona, eso es otra discusión que emana de la Ley de Identidad de Género”.

Otra de las exigencias es tipificar los crímenes de odio por orientación sexual, identidad y expresión de género. Existe un alto nivel de violencia hacia trans, gays y lesbianas. Aunque exista legalmente la inclusión y la no discriminación por orientación sexual e identidad de género —artículo 4 de la Ley Orgánica del Poder Popular, año 2010—, “no hay un registro que contabilice este tipo de violencia, dejándolos pasar por crímenes pasionales, es decir, disfrazando una realidad. Por lo que se busca reivindicar este derecho para que se lleve un registro y pueda ser procesado por el Código Penal y el Código Procesal Penal, y deje de ser un vacío legal”, sostiene Rummie Quintero.

Al respecto, Víctor Fernández explica: “Ésta es una legislación que puede tomarse en consideración como la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, que tipifica cuáles son los tipos de violencia de género. Queremos una Ley que tipifique cuáles son los crímenes y delitos por homotransfobia. Creemos que eso es fundamental para poder tener una atmósfera mucho más favorable, entender que la homofobia y la transfobia es un problema social de todo el mundo, es como el machismo que no sólo afecta a las mujeres, sino a todo el mundo, sí tiene una consecuencia mucho más visible en la vida de las mujeres, pero afecta a toda la población porque es un problema social, es lo mismo con la transfobia”.

Esta exigencia trae consigo otra de las reivindicaciones: educación integral. Tampoco en el ámbito educativo hay información, por lo que pasa a ser un tema tabú en lo académico y social, dejando al alcance de las manos el prejuicio irrespetuoso que promueven los medios de masas. Es importante, entonces, impulsar una educación sexual desde el sistema educativo hasta todos los ámbitos sociales, con base en la Lopna, que establece el derecho de los niños y las niñas a la información clara, completa, veraz y oportuna.

“Uno de los principales problemas que tenemos es que hay un abismo gigante entre consumo cultural de muchos elementos sexuales y ninguna información sobre qué es la sexualidad, y cómo participa en los procesos sociales, porque la vida se construye también desde la sexualidad. La gente no tiene sexualidad como un código a discutir y por eso las conclusiones, por ejemplo, entre dos elementos tan distintos como lo son la orientación o preferencia sexual, que es el deseo que se siente por la otra persona, y la identidad de género, que es el género con el cual te identificas, con el que construyes tu identidad”, expresa Fernández.

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Desconocer la seriedad de las luchas que mantiene la comunidad LGBT, es desconocerla como humana, es marginarla de la sociedad. Los problemas que atañen a unxs, atañen también a todxs lxs demás. A fin de cuentas, la construcción de un mejor mundo se hace en colectivo, y lo que se hace en colectivo no excluye, más bien integra.

No se trata de un problema lejano, sino que está allí latente y reprimiendo a personas que caminan las mismas calles y cruzan las mismas aceras que lxs demás. Al fin y al cabo, “el mundo que queremos es un mundo donde quepan muchos mundos”*.

Entonces, ¿por qué no marchar con la comunidad LGBT?

*Frase del portavoz del Ejército Zapatista de la Liberación Nacional, México, el subcomandante Marcos.

Texto: Roxana Parra. Contacto: @roxsinuser.

Ilustración de portada: Ámbar Rivero.

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