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¿Por qué ganó el NO en Colombia?

“En 1999 un grupo de hombres armados se metió en la sede de la Alcaldía y secuestró a una de las secretarias frente la mirada temerosa de todos sus compañeros de trabajo, entre ellos estaba uno de mis primos. Fue angustiante. Ahí mi familia empezó a sentir que las cosas no estaban bien”. Esto pasó en el municipio Morroa, del departamento Sucre, en el corazón de los Montes de María. Nos lo cuenta D., uno de sus habitantes, quien junto a su familia supo que el 1 de marzo del año 2000 fue asesinado el enfermero de la localidad que prestaba servicios en un corregimiento del municipio. El pueblo en que también fue secuestrada la presidenta del Concejo Municipal, donde las explosiones cercanas se hicieron regulares, los ataques del ejército eran constantes y donde dicen que estaba asentado el Frente 35 de las Farc. En este mismo pueblo ganó el Sí con 65,45%.

Este no fue el único caso, departamentos que han vivido años en mitad del conflicto armado en Colombia ganó –de hecho con los mayores porcentajes a nivel nacional- la opción que favorece los acuerdos de paz: en el Chocó 79,76%, Cauca 67,39%, Putumayo 65,50%, Nariño 64,81%. Si en estos territorios asediados, desplazados, atemorizados hasta el cansancio ganó la opción del Sí, por qué este no fue el resultado nacional.

Es inútil y superficial pensar que lo único que ha padecido el pueblo colombiano hace más de cincuenta años ha sido una guerra armada entre ejército, guerrilla y paramilitarismo: latifundio, hegemonía bipartidista, oligopolios, monopolio mediático, control social, criminalización del movimiento popular, bases militares estadounidenses, el más grande negocio de exportación de drogas, el mayoritario rechazo a políticas de Estado como pan de cada día mellaron la credibilidad de una apuesta al cese del fuego bilateral.

“Timochenko será el próximo presidente”

El No se lanzó con una campaña de desinformación absolutamente bestial. Uribe, su promotor y vocero, apareció incluso un día antes de las elecciones como invitado en CNN en español, ante él se abrieron siempre los canales para asegurar premisas tan descabelladas como que se entregaría el país a las Farc o que no habría reparación a las víctimas del conflicto. Su discurso se centró en remover el rencor de mucha gente que solo ha visto la guerra desde la televisión, y de otra que aún habiéndola vivido no quiso leer los acuerdos por considerarlos una farsa en la que asentaría una total impunidad al no enviar directamente a la cárcel a los ex guerrilleros, pese a que expresamente un punto señala que: “Las sanciones ordinarias que se impondrán cuando no exista reconocimiento de verdad y responsabilidad, cumplirán las funciones previstas en el Código Penal, sin perjuicio de que se obtengan redenciones en la privación de libertad, siempre y cuando el condenado se comprometa a contribuir con su resocialización a través del trabajo, capacitación o estudio durante el tiempo que permanezca privado de libertad. En todo caso la privación efectiva de libertad no será inferior a 15 años ni superior a 20 en caso de graves infracciones o violaciones”.

Todos pasarían por juicios, con derecho a defensa y cumplirían condenas en caso de comprobarse sus delitos.

Mentiras como que se darían 26 curules en el Congreso también calaron. En escuelas, en universidades, se abrieron foros, conversatorios y debates para aclarar que en las: “Listas competirán en igualdad de condiciones de conformidad con las reglas ordinarias por la totalidad de los curules que se eligen en cada circunscripción. En el Senado se garantizará un mínimo de 5 curules, incluidas las obtenidas de conformidad con las reglas ordinarias. En la Cámara de Representantes se garantizará un mínimo de 5 curules, incluidas las obtenidas de conformidad con las reglas ordinarias”. Se trata de ir a votaciones junto a otros movimientos que actualmente en Colombia siguen realizando movilizaciones, marchas, manifestaciones nacionales porque se les niega la posibilidad de tener representación en el Congreso. Las Farc tendrían acceso solo a cinco y yendo a elecciones como cualquier otro partido. Todo avance por más mínimo, fue expuesto por el uribismo no como un convenio después de meses de debate sino como privilegio a favor de la guerrilla.

Por otro lado, propuestas como nuevas convocatorias para la adjudicación de radios comunitarias, la capacitación técnica de los trabajadores de los medios comunitarios, el financiamiento de la producción y divulgación de contenidos para fomentar una cultura de paz, y la protección de la protesta social, así como la representación de grupos “minoritarios” en el Congreso, fueron utilizados por el uribismo como campaña para decir que se llevaría a Colombia al modelo “castro-comunista” venezolano.

¿Por qué caló tanto el discurso de Uribe? En Colombia existe una suerte de “mito de la seguridad” que éste brindó durante su gobierno. En algunos sectores rurales se escucha que en aquella época se pudo trabajar con más tranquilidad la tierra porque él logró la salida de los grupos armados, sin embargo, la mayor parte de esos grupos eran paramilitares financiados por él mismo. En realidad aquella demagogia gubernamental que prometía dar un apoyo al campo (que nunca llegó), lo que hizo fue llevar el IVA del 8% al 12% fijo, en el llamado cuatro por mil por más tiempo (que hoy persiste), la gasolina fue en subida, se eliminaron las horas nocturnas a los empleados, subió la edad para pensiones, el sistema de salud empezó a colapsar –hoy ya es insostenible-, y fue la más terrible etapa para el pueblo con los falsos positivos.

Si no era necesario por qué ir a plebiscito

Entre aquello y el actual gobierno –compitiendo con menor popularidad junto a Pastrana- que ni siquiera ha podido frenar la muerte por desnutrición de medio centenar de niños anualmente solo en La Guajira, ya se había hablado de la alta abstención durante el plebiscito. Justamente en el municipio Uribia, en La Guajira, hubo uno de los mayores porcentajes de votos que no fueron (96%), de 101.417 personas habilitadas votaron 3.434. Pero incluso los primeros lugares de contención del voto lo ocupan los sufragantes en el exterior, por ejemplo, aunque en Venezuela ganó el sí con 64,13%, de 188.352 personas inscritas para votar solo lo hicieron 15.563.

Se sabía, ya en varios medios se había posicionado, que únicamente un aproximado del 37% iría a las urnas, para ser más exactos, lo hizo un 37,28%, un menor porcentaje que en las últimas ocho elecciones presidenciales y de senado (40,9%). Votaron 13.066.047 de 34.899.945 personas habilitadas.

Si no era obligatorio ir a este proceso para qué arriesgar. Según lo que siempre fue dicho oficialmente se trataba de una expresión de reflejar voluntad nacional, estimular la participación, combatir la abstención. El mismísimo Presidente, así está escrito, convocó al plebiscito para dar legitimidad, sostenibilidad y garantía de cumplimiento al acuerdo de paz a partir del reconocimiento de la importancia de la participación ciudadana en una decisión de tanta trascendencia nacional, “es un deber democrático consultarle al pueblo”. La lectura que hizo el sector abstencionista fue tan clara como la propia cotidianidad que deben tragarse cada día: El SÍ buscaba aumentar la popularidad de Santos, tratar de legitimar sus políticas de gobierno que nada tienen en común con todo lo discutido y acordado en Cuba. Medirse con Uribe y salir vencedor en una guerra mediática. La que debió ser una acción centrada en el fin de la guerra –no inmediato, pero sí paulatino y con garantías- fue sentida como la campaña de Santos.

¿Y ahora?

Como se había previsto, en caso de ganar el No: “El equipo negociador del Gobierno no va a volver a sentarse a la Mesa de Conversaciones. Jurídicamente el Presidente de la República conserva sus competencias para llevar a cabo conversaciones y acuerdos de paz con grupos armados pero, en este caso, se perdería la oportunidad política para terminar de forma negociada el conflicto con las Farc”. Santos y Timochenko tras los resultados reafirmaron su deseo de mantener el proceso de paz. Ahora se trata de ir a debate con sus detractores, lo que proyecta un nuevo momento de obstáculos y estrategias cada vez más claras de la oligarquía colombiana, buscar chivos expiatorios que no será una sorpresa que salgan de las filas de la guerrilla. Se habla de la posibilidad de iniciar una Asamblea Constituyente, idea que ya ha sido rechazada por los sectores más convervadores y reaccionarios. ¿Habrá salida o será un nuevo parapeto de campaña? Hay quienes creen que Uribe sería capaz de abanderarse por el Sí una vez que los acuerdos sean los que él defina, es decir, seguiría ganando el No.

El horizonte sigue siendo para muchos en Colombia, en Latinoamérica, el mismo de D.: “Quiero tener la ilusión de que nuestra niñez no viva esos momentos de guerra que yo viví, quiero para ellos una Colombia más tranquila. No quiero botar una lágrima más por causa de la guerra, ni ver sepelios colectivos de gente inocente, ni ver llorar a familias enteras por sus muertos. Quiero darle la oportunidad a este tratado, por eso yo digo a la paz”. Mientras este deseo siga intacto habrá posibilidad de voltear la historia. No se ha puesto el punto final.

Texto: Katherine Castrillo/ Contacto: @ktikok

Ilustración: Kalaka.

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