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Pintura, sonidos y palabras en Barinas

El pasado sábado 25 de noviembre se inauguró “Cuestión Caribe”, muestra de pinturas y dibujos de Kalaka, en el Museo de Los Llanos de Barinas.

No siempre ocurre, por eso es tan agradecido cuando ocurre: un producto artístico, sea una obra, una canción, una performance, una pieza literaria, crece más allá de su propio ser y se proyecta en otras formas de arte. En la inauguración de Cuestión Caribe, en Barinas, ocurrió precisamente eso: esta muestra, que ya ha sido exhibida en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas y en el Centro Cultural Nau Bostik, en Barcelona (Cataluña), contó con una constelación de voces que apoyaron y le dieron otra dimensión a la obra de Kalaka. Estuvo Aquiles Rengifo con su proyecto Akilin y su hermosa hibridación de electrónica y sonidos afrocaribes, estuvieron los poetas Miguel y Juan Guevara que escribieron unas palabras especialmente inspiradas en los cuadros y la música. Asimismo, y desde la distancia, la poeta y ensayista Yanuva León escribió, a propósito de la obra de Kalaka estas poderosas palabras:

“El cuerpo humano ‒en su versión femenina, masculina y andrógina‒ es el paisaje dilecto de Kalaka, desde él acomete con especial energía. La figura humana es lo que mejor resignifica su expresión plástica. Así, la exaltación de formas, el acento de ritmos sinuosos, la tensión de sombras, brillos y líneas en armónica disputa, el contraste de colores que invocan tierra, tonos que evocan cielo y tintes que claman carne, muestran una dimensión sublimada de todo. El artista proyecta la fuerza viva de aquello que para muchos yace vencido, apocado, deslucido, y aunque esta cualidad de su discurso visual se hace especialmente evidente en la presión muscular de un brazo aborigen, en la rigidez de un abdomen africano o en la angulosa afectación que surca un rostro mestizo, se percibe en el conjunto de su obra la misma tracción particular. Su interés está volcado hacia elementos que componen el imaginario latinoamericano y su espesa geografía: el parto de lo múltiple como devenir de dolor y violencia, pero también la divina mezcolanza de todas las leches ‒frescas y rancias, celestes e infernales‒ en comunión de hirviente caos. “Ven y admira mi belleza, mi potencia, mi temeraria inmensidad, la oquedad sin fondo de mis ojos”, van diciendo los personajes que emergen húmedos de acrílico. Y la irrupción es estética, sí, pero fundamentalmente ética y política. Si renombrar es nombrar de un modo, la cosa que ya había sido nombrada de otro, es posible decir que Kalaka hace lo propio desde la imagen: vuelve a pintar-nos como anunciando por vez primera ‒encono y énfasis de por medio‒ cuál es la magia que no cesa de semantizar lo posible en estos predios de abrumadora exuberancia”.

Los poetas, por su parte, aparecieron el día de la muestra con estos versos:

Cuestión Caribe

Yo era un cangrejo, un lirio, un árbol relampagueante.

Manuel Scorza

I
Cuestión Caribe me ta’llamando.
Ensayó sobre la historia y el gesto todavía apunta sobre el silencio
como si la voluntad fuese piedra que asciende y se estropea.
En busca del agua viene como quien sabe
que debemos cargarla con el peso del cuerpo.
Se volverá crónica. Situándonos reúne paredes, angustia
que ausculta la mascada de la hoja y su tallo
la aspiración de ser aldea tragada por ladridos.
Porque la imagen es un llamado, sí, la imagen es un llamado.
Ahí viene San Juan, ¡Agua de lluvia bendita!
¡A tu puerta hemos llegado!
Ven y sé el rostro que repasa todo un cuerpo-país
Desde Escuque hasta la Av. México;
ven que después de la puerta la Cuestión Caribe no juega:
lee nervaduras, corrientes, lugares opuestos
y ve cuerpos, masa que oculta su rostro
se sabe ella, suya, catadura de culpa y torpeza que intuye sombra
y queja, humo oyendo voz, agua, mosca que espantamos y vuelve.
Cuestión Caribe me ta’llamando.
Tamborilea y amenaza con partir, sabe del baile
para quedar deslumbrados. Ahítos de hojas en la boca,
especialistas reordenando cal y levitación,
hondura y fragmento.
Sí, Cuestión Caribe me ta’llamando.
Aquella masa del rostro que caminó con hincaduras, muletas
se transportó como solo sabía hacerlo, torpemente
dejó caer la piedra como palabras que intuyen ser primeras:
discurso sólido y único.
Cuestión Caribe me ta’llamando
cada vez que ven números
sienten que interrogan
saben de lo oculto y las reglas de las cosas,
que el Silbón no es juego, que no busca asaduras por capricho;
que si Sayona sale y los colmillos le traspasan la mandíbula
la hombre/mujer, el mujer/hombre sabe del juego de caer.

II
Cuestión Caribe me ta’llamando.
Sabe, siempre sabe
que el juego de caer
atosiga la caída misma
puesto que caminar no es caminar en sí
es remedo de máquina que da un paso y otro le sigue
y la caminata no es más que caída, un paso detrás del otro
pues permanecer en pie es ejercicio de equilibrio.
Cuestión Caribe me ta’llamando.
Qué decir de piernas cruzadas al dormir, como si horizontalidad
también fuese permanecer de pie
y dar duro con la baqueta al cuero de la espalda
y dar duro con el gancho para colgar carne
y sintonizar idas y frecuentar horas.
Quién sino nadie quiere enterarse de cada confesión o burla
enterar de la hazaña al paso sin conciencia del pie que sigue al otro
para que voltees y observes con tus huesos del pecho
y señales con tus huesos del pecho
y mires con tus huesos del pecho
y ames con los huesos del pecho
muslo amoratado, mirada, corriente, tú que pronuncias Caribe, Latino,
herbario de mi mano izquierda, polvareda de Diablo de Yare,
barquitas encendidas alejándose de Yemayá,
campesino que sabe que Cuestión Caribe me ta’llamando.
Columna que empuja de cerca al puñal de hueso
lo encaja en el pulmón para salir entero en la ranura.
¡Ay hijos de reyes del Caribe!
Recuerden que al morir el riesgo es ser salvado
por el oro, por un cangrejo, por carnita del cuerpo,
por el mar que nos llevará al fin,
como un cuaderno decía el tío negro
al viaje de vuelta, sin retorno, a la madre África,
cuestión que siempre me ta’llamando.
Cuestión Caribe:
ven y bombea las cortinas, bombea los frutos del plátano
bombea los frutos del maíz, bombea granos y linternas
hinca el hueso del pecho en este pecho, hinca el talón en el muslo
apriétalo, afíncalo, cerciórate de saltar por la ventana sin trompeta
y ver que el lugar de partida ya no es una modesta pensión
sino una lavandería en donde cuelgan pantalones y bragas.
Fuiste hasta el lago, sin monedas, no miraste ningún rostro
pues se darían cuenta de inmediato
y volverías a dar soluciones
tan imaginarias, Cuestión Caribe, como licencias para ejercer huesos.

III
Cuestión Caribe me ta’llamando.
Carguemos agua, tomemos la tierra del país más negro
y más olvidado del Caribe.
En eso de revisitar la multitud, llevemos un país en el bolsillo
al instante se moverá como pasto seco, flamígero
y releerá un inventario de instantes.
Comprobemos cómo se perdió la máquina.
Y si se ha perdido la máquina

se ha desbocado la máquina
y ha muerto el maquinista,
la maña de la llave la sabía el maquinista
y se detuvo
y la máquina que en algún tiempo fue caballo
tenía la maña del manejo,
de llevarlo de un lado para el otro
—hasta en caminos no vistos—
y se desbocó la máquina
y se soltó el caballo.
Cuestión Caribe me ta’llamando.
Los que confundieron placer con cuerpo, verdad, goce e historia
creyeron en una única caja para guardar objetos.
Se encontraron con manías del oficio, olvidaron el porvenir
y las ventanas se guardaron. Por eso ven y pon las manos
como atajando agua. Y atájala. Hinca el hueso del pecho frente a la fuente.
Cuestión Caribe aquí estoy.
Ve. Imita al animal de plaza que tambalea su cola. Duerme y deja dormir.
Da vueltas y vuelve a darlas. Lánzate contra un árbol. Súbete a la cama.
Da una vuelta y ven y fotografía el no atajar, el fluir y la sordera.
Ya que recogiste todas las imágenes sabes de qué te estoy hablando.
Te preguntarán una y otra vez. Trajiste medicina. Guitarra.
Trajiste a las muchachas. Te sobaste la panza. Acariciaste al vecino.
Mascaste amaranto, suculenta y orégano. Dejaste una carta para tu animal
para el otro, para que huyéramos juntos. Recordaste la boca dentro de la boca
dentro de la boca de las santas. Ahora entiendes por qué los círculos son sagrados. Ahora entiendes por qué los tambores, el mar y los espantos son sagrados.

IV
Cuestión Caribe Aquí estoy.
Ahora sabes que también es mi templo. Qué dicen. Todavía recuerdas, masa.
Te vieron atravesando la calle y esperaron. Se tocó tres veces en el pecho.
Es Cuestión Caribe (está, se vino al Corazón del Círculo).
Se instaló en el Corazón del Círculo.
Nos dijo que nos dará con sus puños y que hay que darle también
y así ir con culpa seria, vengada y buscarnos y largarnos cada quien por su lado
bien golpeados en el hueso. Bien contentos.
Como ir y repasar y encontrar lo hecho y unirlo. Encontrar lo no hecho
y vivirlo y hacerlo terminar, por pendientes. Por tachar pendientes
de la Gran Lista. Voces y necedad, aguas y enemigos. Gestos y andar difuso
y escuchar lo que piensan. Ver el rostro de zafra con volutas en la cara
y saludar a los sapos mientras se escucha la lluvia.
Esta épica es la humedad de dormirse contra un muro y ver entre dos árboles
y cambiar formas. Soldar aves y ver ese cuerpo estremeciéndose contra el suelo,
como quien intuye agua y saber extendido, ese no todos hablan por hablar
algunos ocultan su acto profundo como gesto en aquel rostro que no sale de adentro.
De lado y lado, siendo fe y tensión. Y hablar del enemigo pegado a la espalda.
—Cuídate mucho por ahí ‒dicen por ahí.
Cuestión Caribe, venga, averigüemos el origen de la tensión y vayamos a romperla, romperla
y romperla.

Miguel Antonio Guevara

Es ocioso describir la música. Mejor es ir a ella. Akilin presente:

Todos estos textos, toda esta música, confluyeron con la obra plástica de Kalaka ante los presentes que celebraron el encuentro. No siempre ocurre, por eso es tan agradecido cuando ocurre, que un producto artístico se proyecta más allá de sí y deja de ser solo un producto y se convierte en encuentro.

Texto y fotografías: Cultura Nuestra

 

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