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“La Fiesta de Oscar”: crónica de un año de lucha

Durante el último año se ha reflejado un ascenso en la lucha social en Puerto Rico que ha culminado con la consecución de una de sus más visibles exigencias: la excarcelación del prisionero político independentista Oscar López Rivera. Dicho movimiento ha sido producto de las respuestas a la crisis económica que atraviesa la Isla desde finales de la década pasada y las estrategias empleadas por los gobernantes coloniales para resistir los efectos la deuda nacional. Con el establecimiento de la llamada Junta de Control Fiscal, el tiro le salió por la culata a los cancerberos del imperio yanqui, apuntándose una serie de reveses sucesivos desde el verano pasado.

La resistencia ha tomado un papel protagónico en el teatro político puertorriqueño al sostener por meses un campamento de desobediencia civil en los predios del tribunal federal estadounidense, dando paso a la jornada “Se Acabaron las Promesas”. Este colectivo ha dado paso al surgimiento de formas de organización que se han vinculado entre sí para delinear estrategias de movilización alrededor de la Isla según me explicó uno de sus líderes Scott Barbés. Añadió el activista sindical, que uno de los logros de la jornada ha sido despertar entre los puertorriqueños una conciencia de que más allá del gobierno, la burguesía es responsable del saqueo masivo que nos ha llevado a la crisis.

Bajo la consigna “Si nosotras paramos, el país se detiene”, la Coalición 8 de marzo realizó una serie de actividades conducentes a la celebración del Paro Internacional de Mujeres en la Isla. Mediante la movilización de distintas organizaciones comunitarias se detuvieron los planes de aspersión del peligroso pesticida Naled, la disposición de desechos tóxicos en el barrio Tallaboa de Peñuelas y estableciendo un campamento de protección ambiental en el sector Playuela de Aguadilla. El punto más sobresaliente de esta contraofensiva ha sido la presente huelga estudiantil que llegó a paralizar los once recintos de la Universidad de Puerto Rico por segunda vez en la historia, a pesar de la propaganda adversa del gobierno colonial y sus voceros periodísticos.

De manera orgánica, la resistencia ha adoptado su propio símbolo, la bandera negra de Puerto Rico, que se ha popularizado como estandarte representativo de todas las luchas que he mencionado hasta el momento. Este fue el telón de fondo en el cual se escenificó el masivo Paro Nacional del 1 de mayo, en conmemoración del día internacional de los trabajadores. Esta movilización respondió a la contrarreforma laboral que el gobernador Rosselló aprobó al estrenarse en su cargo a principios de año. El día comenzó con diversas manifestaciones de organizaciones sindicales, estudiantiles, feministas, religiosas y cívicas en general, que detuvieron el tráfico de varias de las autopistas principales del área metropolitana de San Juan y el aeropuerto internacional de Isla Verde. Todas las actividades confluyeron en un mar de gente que se reunió en el distrito bancario de la Milla de Oro, en las inmediaciones del edificio Seaborne, donde se ubica el centro de operaciones de la Junta.  Sin embargo, el punto más álgido y que más atención han prestado los medios de comunicación y represión colonial fueron los enfrentamientos entre un grupo de manifestantes y la policía, quienes trataban de impedir sin éxito que “los encapuchados” rompieran a pedradas las vitrinas de uno de los grandes culpables y beneficiarios de la presente crisis: El Banco Popular de la familia Carrión.

Como dije en el inicio, la excarcelación de Oscar López representa un eslabón en esta cadena de sucesos del último año. Su recibimiento heroico en la plaza pública de Río Piedras el miércoles 17 de mayo, se desarrolló ante miles de personas en actitud de fiesta nacional y triunfo. En sus declaraciones, el ex prisionero político afirmó con claridad los reclamos de los movimientos que han enfrentado la depredación de los buitres capitalistas representados en la Junta y exhortó a los presentes a continuar la lucha contra el colonialismo. Es importante subrayar que entre las actividades alternas a la “Fiesta de Oscar” se organizó una marcha solidaria del movimiento LGBT, que salió de la Avenida Universidad para desembocar en la plaza del pueblo. Aunque fue un día glorioso para Oscar y el movimiento de resistencia, algunos detractores y sectores del liberalismo han sumado sus voces con la intención de aguar la fiesta, devaluando la figura del otrora líder de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional.

Recientemente han cuestionado la verticalidad de Oscar, quien durante su condena de 36 años pasó doce de ellos en confinamiento solitario, al insinuar la posibilidad de que fuese empleado por la alcaldesa (del partido colonialista) Carmen Yulín Cruz en el municipio de San Juan. Nuestro héroe nacional desmintió dicho rumor, negándose de antemano a aceptar cualquier oferta de empleo que comprometiera su libertad. Además otros han sentenciado que Oscar no les representa, que no es un héroe nacional debido a su posible vinculación en la muerte de seis personas en Estados Unidos. Por último y más importante ha sido el reclamo de figuras que han exigido al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro la excarcelación del golpista neoliberal Leopoldo López, cuyo rol dirigente en la ola guarimbera del 2014, provocó la muerte de 43 venezolanos (como en Ayotzinapa, México). Incluso, se muestran indignados ante la comunicación que Oscar y Maduro han sostenido, hecho que no comprendo, pues, se cae de la mata que dos socialistas que se han impuesto por años sobre la violencia y represión imperialista de Estados Unidos y sus alcahuetes colonizados se abracen fraternalmente. Recordemos que Maduro fue el único jefe de estado en funciones que abogó consistentemente por su liberación.

Mi objetivo no es defender a ninguno de los dos, porque finalmente, será la historia la que les absuelva, como dijo Fidel Castro, si no, exponer varios cabos sueltos en esta melcocha de mala leche que corre como la candela en un charco de petróleo. Oscar fue liberado, pero queda en las cárceles americanas la prisionera política puertorriqueña Ana Belén Montes, acusada de traición y espionaje en favor del gobierno cubano. Noel Cruz está preso desde junio por habérsele ocupado seis cocteles Molotov que quería tirarle a uno de los establecimientos de la infame corporación Monsanto en Salinas “para defender la patria”, en sus palabras. Los estudiantes Verónica del Carmen Figueroa Huertas, Francisco A. Santiago Cintrón, Thaliangelly Torres González, Randiel J. Negrón Torres, Gabriel Díaz Rivera, Juan Carlos Collazo Vázquez y Paola Alexa Figueroa Carrasquillo enfrentarán juicio por haber interrumpido una reunión de la Junta de Gobierno de la UPR, imputados por cargos de “restricción a la libertad”.

Una veintena de personas fue arrestada durante el Paro Nacional, dos de ellos “paseados en patrulla” y “soltados en la avenida Muñoz Rivera” horas más tarde por la pandilla de policías secuestradores de Iván Bahr. Todos estos arrestados fueron demandados en su carácter personal, incluyendo a Scott Barbés y Ian Camilo Cintrón en la lista, por supuestamente haber participado en la confrontación. Además Dennis Montalvo, Andrés Cortés, Jorge Santana, Valeria Herrera, Carlos Farmer y Ferdinand González enfrentarán juicios en los tribunales coloniales. Nina Droz a quien denominaron como “la mujer que respira fuego”, ha sido criminalizada por la fiscalía federal por los hechos del 1 de mayo, convirtiéndola en la cara más visible de los llamados “encapuchados”, en una estrategia de la derecha para desvirtuar el Black Bloc boricua. Como Nina es una mujer con el cuerpo tatuado completamente quieren utilizarla como ejemplo y chivo expiatorio de esos “pelús” que protestan por todo.

Durante el último año más personas fueron arrestadas, citadas a fiscalía y demandadas por protestar en Puerto Rico, pero sabemos que la mayoría de los criminales en el país visten de traje y corbata, y que estos, como el alcalde Héctor O’Neill de Guaynabo, son protegidos por los tribunales y la policía. Que hay casos como los de Alejo Maldonado, Jorge de Castro Font y Edison Misla Aldarondo quienes se han convertido en analistas noticiosos luego de cumplir sus insignificantes condenas carcelarias. Es importante reseñar que Estados Unidos ha operado prisiones ilegales como en la Base Naval de Guantánamo, Cuba, en abierta violación a los acuerdos de la comunidad internacional sobre crímenes de guerra. Que mantiene cientos de prisioneros políticos desde la década del sesenta y setenta, entre quienes se destacan decenas de activistas afroamericanos y el líder lakota Leonard Peltier, quienes llevan más tiempo en prisión de lo que estuvo Oscar.

Encima de todo esto, los sirvientes coloniales en Puerto Rico han manipulado el código penal con el propósito de criminalizar las acciones de protesta, violando una vez más, la inexistente Carta de Derechos de la constitución yanqui que tanto adoran, pero no comprenden el contexto en el cual sus Founding Fathers la redactaron. Ese era un contexto revolucionario, donde incluso la lucha armada era invocada en caso de que la tiranía se impusiera sobre la voluntad de los gobernados. De ahí se sostuvieron las acciones de George Washington y Simón Bolívar, que Oscar ha replicado con relación al caso de Puerto Rico. Resulta interesante como la propaganda de los medios de comunicación comercial, es decir, el latifundio mediático del imperialismo haya desviado la atención sobre la situación de los derechos humanos en Puerto Rico y se concentre tanto en la condena de Leopoldo López. Aun así, asoma otro año de combatividad popular durante el cual tendrán que meternos a todos presos hasta que se den cuenta de que no les tenemos miedo, como le hicimos en Vieques, porque estamos ganando y les vamos a ganar.

Texto: Luis Díaz

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