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Oaxaca: mujer y tradición. México Pluricultural

Toda nuestra cultura nace desde el amor, de ahí parte todo.

María Sánchez.

América se caracteriza por ser un continente diverso y multiétnico. La historia americana es tejida a través de los relatos de sus luchas, culturas y de su compleja vida social. México está asentado bajo diferentes épocas que marcan su gran diversidad, períodos que van desde la fuerza originaria del mundo prehispánico que aún persiste en la tierra mixteca hasta la diversidad cultural que arropa lo urbano y lo contemporáneo. La etapa de la conquista, de la colonia y el período de la independencia dan entrada a nuevas formas de vida y resistencia. La Revolución Mexicana alza su voz al mundo principalmente a través del arte. Finalmente la constitución del siglo XX y del siglo XXI que confronta la vida urbana, las nuevas formas y necesidades de expresión del ser humano.

En la construcción social y cultural de México, las mujeres han sido sujetas fundamentales como constructoras de ideas, como fuente de vida y su puesta en escena a través de la cultura está sostenida por medio de elementos de la naturaleza y la sabiduría ancestral. Estos saberes se enseñan de generación en generación asignándole un gran poder a la mujer en la sociedad. De este parto creativo nacen historias que cimentan los relatos de cada pueblo y de las ciudades que constituyen lo que es actualmente México: un país Pluricultural.

Uno de los lugares que nos acerca a esta diversidad cultural es Oaxaca. Una ciudad que nos invita a conocer parte de la historia de México y su fuerza femenina a través de la tradición ancestral.

Oaxaca queda al suroeste de México, se caracteriza por tener cuatro marcas naturales e históricas: la sierra con un clima húmedo y fresco; la costa que comparte sus playas del océano pacífico; el centro histórico donde se encuentran plazas, parques, museos, iglesias y mercados, espacios que dan cuenta de la huella del pasado colonial y la zona arqueológica en donde nos reciben centros ceremoriales y monumentos prehispánicos en diferentes puntos de la ciudad, tales como Dainzú, Lambityeco, Mitla y Monte Albán.

Quince grupos indígenas, cada uno con idioma y manifestación cultura propia, encontramos en Oaxaca: el mixteco, el zapoteco, el mezateco, el popoloca, el nahualt, el chocho, el ixcateco, el triqui, el amuzgo, el chatino, el cuicateco, el chinanteco, el mixe, el chontal, el zoque y el huave; esta constitución hace de Oaxaca una entidad multiétnica rasgo que atraviesa todas las manifestaciones culturales de la región. Dentro de esta compleja y amplia actividad cultural la mujer tiene un valor protagónico como constructora del arte y la tradición de su comunidad, para acercarnos a sus costumbres y prácticas vamos a describir algunos elementos que forman parte de la naturaleza de la cultura oaxaqueña como lo son la gastronomía, la alfarería y el arte textil.

La gastronomía

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Los saberes de las mujeres son fundamentales para la elaboración de las comidas tradicionales, ellas son herederas de las costumbre de las oaxaqueñas de cocinar para sus familias. También son partícipes en el sistema económico del país a través de las ventas de las populares comidas mexicanas. En la calle, en las plazas, en los mercados y en diferentes restaurantes está la mujer mexicana dando a conocer sus saberes gastronómicos. La comida oaxaqueña es diversa y ancestral. Está compuesta por variados ingredientes, desde las carnes tradicionales de res, de cerdo, de pollo, de pescado, y otras carnes de animales locales. Tres ingredientes fundamentales en las comidas oaxaqueñas son el chile, el maíz y el frijol. Junto con las especies salen complejas comidas entre ellas está el popular mole oaxaqueño. Los moles son salsas a base de chile y especies, este plato cambia según la región o familia. La selección del chile es esencial para la determinación del mole, este pimiento cambia el sabor de la comida dependiendo de su uso, el cual puede ser fresco, seco o tostado. Entre los chiles frescos tenemos el jalapeño, poblano, bola, anaheím, mirasol, chilaca, serrano; entre los chiles secos tenemos chipotle, ancho, cascabel, colorado, guajillo, pasilla y chile seco. Del mismo modo es indispensable el uso del molcajete o mortero para triturar las especies; las mujeres con sus manos machacan las hierbas, las semillas y los vegetales que botan aceites, olores y mixturas para darle el toque personal. Así lo señala Carina Santiago de Teotitlán del Valle: “La gastronomía herencia de mis abuelos, de mi mamá y de mi suegra, cada quien en su manera de guisar, de sabores, tenemos diferentes formas de cocinar el platillo, un puñito de lo que agarre tu mano en tomillo, en especies, un poco de acá, uno así le da su toque”. Los ingredientes utilizados en su mayoría son de origen prehispánico y otros componentes incorporados de la descendencia del periodo colonial español entre ellos están los tomates, la cebolla, el clavo, las pimientas, el jengibre, el plátano, el ajo, el ajonjolí, las almendras, los cacahuates, las nueces, las hojas de aguacate, el orégano, el tomillo, el comino, la canela, el chocolate, el azúcar, la sal, la hierba santa, el cilantro, el epazote, las aceitunas, las pasas, las alcaparras, pan o tortilla. Las mujeres seleccionan la carne, los vegetales y especies y de ahí nace los 7 moles oaxaqueños: el mole negro, el mole amarillo, el mole coloradito, el mole verde, el mole chichilo, el mole rojo y el estofado con pollo y aceitunas.

La temporada de lluvia -está entre junio hasta septiembre- trae consigo nuevos alimentos para la comunidad. En Oaxaca, siguiendo la tradición originaria, los insectos forman parte de la gastronomía entre ellos están las hormigas chicatanas y el insecto más popular: el chapulín, especie de saltamontes. A los chapulines la comunidad lo busca en los maizales pastizales con sus tenates (canasta), luego las mujeres lo lavan, lo ponen a tostar sobre el comal (budare o plancha) y le agregan ajo, limón y sal de gusano de maguey. Oaxaca es la ciudad que más consume chapulines, son altamente proteicos, las mujeres suelen estar en las calles y mercados con cestas vendiendo los chapulines con diferentes sabores para comer como relleno o bocadillo. En algunos estados de México tienen algunos problemas con los grillos ya que perjudican algunos sembradíos, por eso su alto consumo en tierras oaxaqueñas generan un equilibrio para los cultivos y bienestar para la salud de la colectividad.

Otro ingrediente ancestral que marca toda la América es el maíz, este se utiliza para bebidas, sopas y tortillas. La tortilla que caracteriza a Oaxaca es la Tlayuda, su nombre viene de “resistencia y aguante”, ya que era un alimento para los trabajadores y trabajadoras del campo, los cuales necesitaban que el alimento durara en buen estado durante el día o días de trabajo. La Ttlayuda es una tortilla que se caracteriza su tamaño, porque es más grande que el resto de las tortillas. Aurelia López de Tlalixtac nos dice desde su cocina rural: “El primer paso es cocer con agua de cal el maíz, matizar para que cosa, esto tiene su punto. Hay dos tipos de maíz, uno se cose más rápido que otro, y cuando ya tiene cal se pela la cascarita. Al otro día se lava, se hace el atol y luego se prepara para el molino, de allí la masa”. Se amasa con el metate (mortero rectangular), luego se prensa y se extiende en el comal o budare sobre el fuego a la leña. Después se guarda en el tenate o cesta con una servilleta de tela para su conservación a temperatura ambiente. Las Tlayudas actualmente tienen variedad de rellenos, la Tlayuda clásica lleva una salsa llamada asiento, después se le agrega quesillo o queso oaxaqueño, repollo picado, tasajo asado (corte de carne ahumada a la leña), y variedad de salsas picantes. Las mujeres alimentan a sus familias con las Tlayudas, las venden desde casa a su comunidad, o las llevan a otros lugares cercanos a su localidad, la mayoría por encargos.

 La alfarería

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La práctica alfarera tiene una larga tradición en todo el estado de Oaxaca, existe una ruta alfarera de estas manifestaciones donde se destacan el barro verde vidriado de Santa María de Atzompa y la cerámica negra de San Bartolo Coyotepec. En Santa María de Atzompa se encuentra un colectivo de mujeres que está a cargo del mercado de artesanía más grande del pueblo, ellas de manera organizada ubican sus espacios de venta dentro del mercado, y se dividen las horas de trabajo para también cumplir con las labores del hogar. Enedina López nos comenta: “Hago la cerámica como mi mamá me enseñó, me enseñó en esta olla, ahora ya mucha gente no lo utiliza, esto sí es auténtico. Los demás usan tornos. Así con la olla aprendimos de nuestros antepasados, a mano, no es hecho con molde, todo es manual, la mano da la forma y las ideas que uno tiene. Mi mamá me enseñó, es una generación muy antigua. Ellos aprendieron de sus padres y nosotros de ellos, nuestros hijos aprenden igual. Todo es por generación. Desde los 8 años lo hago y ya tengo 70. Toda mi vida he hecho esta artesanía. Tenemos minas en nuestro pueblo, de ahí extraemos el barro, son dos tipos de barro, se seca dos o tres días, lo metemos al agua, después de remojar se mezcla con el otro barro, y se utiliza. Se moldea a mano. Se pone a secar por tres días y luego al horno. Después el color. Es una satisfacción hacer lo que aprendimos”.

El barro negro de San Bartolo Coyotepec es conocido en el mundo por sus cuidadas obras artesanales, su color y calado hacen de ellas piezas únicas dentro de la alfarería mexicana. Esta producción artesanal requiere de una técnica e interpretación de los materiales y el ambiente que rodea a los miembros de la comunidad, de esta conjunción sale piezas como herramientas –la mayoría para la cocina–, piezas decorativas o piezas para rituales o actividades tradicionales. En primer lugar los hombres extraen el barro negro de la misma comunidad, luego se los dan a las mujeres que son quienes en su mayoría realizan las obras artesanales. Las mujeres limpian el barro, lo humedecen y lo amasan hasta obtener una pasta. Esta masa se resguarda para que permanezca húmeda, luego empieza todo el poder creativo de la mujer para la elaboración de las piezas. Por lo general para su elaboración utilizan el método tradicional prehispánico por medio del torno sin ruedas. Después de moldeadas las piezas la ponen al sol por tres o cuatro días, le realizan los calados y los ornamentos según la estrategia creativa de cada grupo familiar o de cada mujer, se deja secar por cuatro días más, los secados siempre son en cuartos oscuros o cerrados; y finalmente se lleva al horno. El horneado de la pieza es singular para el barro negro, este cocido es subterráneo, el horno está bajo tierra, las piezas la meten al horno, le cubren cualquier salida o entrada de aire para reducir el oxígeno, a este proceso de quema se le llama reducción de atmósfera. Luego lo sacan del horno y las alfareras frotan las piezas para darle el brillo particular al barro negro. La comunidad de San Bartolo Coyotepec cuenta que esta tradición nace de una mujer, la señora Rosa a ella se le atribuye la invención del barro negro. Actualmente su casa es un gran taller, mercado y museo artesanal del barro negro dirigido por sus descendientes.

Las mujeres son parte fundamental del mundo alfarero en Oaxaca, especialmente dentro de los procesos de producción, son ellas las que modelan el barro, le ponen el color, la forma y la utilidad de la pieza. Como lo señala Enedina de Santa María de Atzompa, este arte lo hacen por tradición, pero actualmente esta labor que nace de la tierra se ha complejizado, y sin tener conciencia de ello las mujeres forman parte de la direccionalidad económica y transformadora de los pueblos de Oaxaca, ya que muchos de estos lugares son buscados por los visitantes específicamente por las piezas de barro, y las piezas se consiguen en lugares dirigidos en su hechura y venta por la fuerza femenina de la mujer.

El arte textil

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Como toda la cultura mexicana, amplia y compleja, el arte textil oaxaqueño es muy extenso, los diseños, las formas y los colores identifican a cada región. Las técnicas más usadas son el telar de cintura que es el método más tradicional y de ascendencia prehispánica, en él la mujer sentada sujeta parte del telar desde la cintura; y el telar de pedal que es incorporado con la llegada de los españoles a tierras americanas, esta técnica consiste, como su nombre lo indica, en tejer con pedales incorporados al telar. El telar más utilizado es el tradicional de madera y se clasifican según el tejido a realizar en verticales, horizontales y bastidores.

En Huautla de Jiménez, al noreste de Oaxaca, las mujeres por medio del telar de cintura, el algodón y colores naturales, crean los trajes típicos de la región tales como quexquémitls (ruanas), huipiles (vestidos), enredos (faldas) y blusas. Carina Pérez (2013) en su artículo “Cantan textiles de mujeres mazatecas”, nos dice que las mujeres mazatecas de Huautla de Jiménez bordan sus historias, su tradición, bordan a la naturaleza y bordan hasta sus estados de ánimo; el tejido ancestral es un vínculo con la vida espiritual de cada mujer. Al sureste de Oaxaca se encuentra Santo Tomás Jalieza una comunidad muy pequeña donde las mujeres tejen, a través del tejido de cintura, manteles, servilletas, fajas (cinturones) y bolsas. En los valles centrales, al este de la ciudad, está la zona arqueológica de Mitla, gran parte de la comunidad se dedica al tejido con telares de pedal y lanzadera, esta se utiliza para tramar por encima y por debajo del urdimbre que es la herramienta que utilizan para el hilado. Al sur en San Antonio las mujeres tejen especialmente blusas bordadas con hilo de seda.

Dentro del arte textil tradicional oaxaqueño hay variedad de recursos naturales para darle color a los hilos y tejidos, en Teotitlán del Valle, ubicado en el distrito de Tlacolula, en los valles centrales de Oaxaca, utilizan un recurso muy reconocido en la región: la grana de cochinilla. Esta comunidad actualmente utiliza el telar de pedal y es reconocida por sus tapetes, alfombras, cobijas, tapices, cortinas que llevan consigo la simbología zapoteca y originaria. Los colores naturales de sus piezas textiles provienen de la tierra, el más popular es la cochinilla que se extrae del nopal o tuna de la región. La cochinilla es un insecto, un parasito del nopal del que se obtiene el color rojo o carmesí, y diferentes tonalidades que se combinan con otros recursos naturales para tintar y experimentar otros colores. Carina Santiago, desde su taller, nos describe los principales pasos para el tejido: “Primero se carda la lana, se da tratamiento con el hilado, se madeja, se lava, luego se tiñe con pigmentos naturales, se vuelve a lavar para fijar el color. Los colores pueden ser con cochinilla, índigo, musgos, insectos, para dar diferentes tonalidades. Los diseños son prehispánicos y la magia de lo que está alrededor. El diseño, los colores y las formas de trabajo están marcados por lo indígena, es un arte muy bello”.

Nuestramérica y el Caribe están hiladas por medio del pasado originario, pasado que se hace presente y resiste por medio de la cultura. Desde México hasta la Patagonia encontramos costumbres y tradiciones comunes, a pesar de la diversidad cultural que caracteriza a cada una de las regiones, entre ellas tenemos el arte de tejer. Inicialmente este saber se destinó como herramienta, vestimenta, y actualmente tiene otro agregado comercial para el sustento económico de las familias. La mayoría de los tejedores conservan los elementos prehispánicos, con otros elementos que tomaron de los españoles en la época colonial, y en algunas comunidades toman aportes de otras culturas a través de las oleadas de inmigrantes. En la Argentina están las tejedoras de la comunidad de Belén en la provincia de Catamarca, ellas realizan los ponchos o ruanas con hilo de vicuña, vestimenta de los gauchos de las llanuras argentinas, atuendo que actualmente está inmerso de diferentes formas y tejidos en la vestimenta tradicional argentina. Paraguay nos presenta los tapetes Ñandutí o tela de araña, es un tejido parecido al encaje que se borda a mano sobre bastidores y aguja. En los Andes las mujeres del Perú y de Bolivia tejen a mano el aguayo por medio de diferentes lanas de oveja o de llama. El aguayo es una tela que se puede utilizar como bolsa, abrigo, y la manera más utilizada es como saco para bebes, las mujeres cargan a sus niños en la espalda. En Venezuela están el colectivo Mujeres Tejedoras de Gavidia ubicadas en la comunidad de Mucuchíes, en el estado Mérida. Se trata de una cooperativa de mujeres que decidieron reunirse para mantener la tradición del tejido de la lana cruda; se constituyeron también como espacio de formación para las nuevas generaciones y para mantener de manera organizada a las familias de la comunidad. Las mujeres utilizan el método originario: extraen la lana del ovejo, tejen en telares de madera, los colores lo obtiene de diferentes elementos naturales por medio de vegetales, musgos, flores, pequeños insectos y plantas de la localidad.

Manos de mujeres

La cultura es un hecho absolutamente testimonial del modo de vida de las comunidades. Los saberes ancestrales están ligados en esencia con la tierra y la naturaleza, la mayoría de las creaciones artísticas de las diferentes culturas del mundo son realizadas con las manos. A través de las manos las mujeres le proporcionan aromas y sabores distintos a las comidas, al barro le ponen sus texturas y sus formas, al hilo los colores y las figuras. Según los testimonios, estas mujeres vinculan este hecho creador al amor y al espíritu, estos sentimientos están estrechamente vinculados con la familia y la tradición. En cada comunidad las mujeres tienen un discurso y una estética, cada pieza comunica la memoria histórica, el presente, la cotidianidad, la ceremonia y los estados de ánimo. Las mujeres son definidamente manos creadoras, con su espíritu de parto y tierra mantienen la tradición y sujetan con el alma a las familias nuestramericanas.

Texto y fotografías: Yuri Patiño (@yuripat)

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