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Por favor, no baleen a los niños

Señor presidente, a los chicos se los riega de flores, amor, oportunidades y chocolates. Nunca de balas”.

   ¿Se trata de una frase dirigida a un sangriento dictador? ¿A uno de América Latina? ¿De otro continente? ¿Será acaso una frase de los 70 u 80 del siglo pasado, como síntesis de un clamor ante el Terrorismo de Estado que, en tantos territorios cercanos, impedía tener certezas sobre el derecho a la vida?

   No. Es una frase del sábado 13 de febrero de 2016 pronunciada en Buenos Aires por el músico Fito Páez, al cerrar un festival artístico gratuito en un parque público de la capital argentina, por artistas de muy diversas disciplinas que se organizaron para levantar la voz ante las políticas represivas del gobierno del empresario derechista Mauricio Macri. Artistas que están reaccionando con más premura, sensibilidad y generosidad que muchos dirigentes políticos.

   En los primeros días de febrero, agentes de la Gendarmería Nacional, la fuerza de frontera que participa también de seguridad interior, atacó alevosamente a los integrantes de la comparsa “Los Auténticos Reyes del Ritmo”, mientras ensayaban para los carnavales en su barrio empobrecido, que se conoce con la denominación Villa 1-11-14.

   El gobierno deslizó unas explicaciones desmañadas y poco creíbles y en particular las autoridades de seguridad, peor aún, convalidaron el accionar de los agresores, que usaron las llamadas popularmente “balas de goma”, proyectiles que no son de plomo pero que causan heridas profundas y hasta el riesgo de muerte.

   Es uno de los hechos más aberrantes cometido por fuerzas del Estado desde el 10 de diciembre de 2015, cuando asumió Macri tras un triunfo electoral que sólo fue posible porque el sistema de medios privados convencionales, controlado férreamente por las oligarquías locales, exaltó su gestión como alcalde de Buenos Aires, encubrió sus fallos y actos de corrupción, al tiempo que hostilizó sin descanso al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

   Es uno de los hechos más aberrantes, pero no el único. El gobierno nacional y los provinciales (estaduales o departamentales) que son sus aliados reprimieron duramente manifestaciones, apresaron a militantes políticos y dirigentes sociales, y a ciudadanas y ciudadanos sin militancia política pero que salieron a las calles por la espiral de despidos, eliminación de planes sociales y de líneas de apoyo a comunidades, cooperativas y todo tipo de organizaciones.

   En poco más de 60 días la oligarquía gobernante puso al país en reversa, intentando aniquilar los intentos de la gestión anterior por lograr una distribución más equitativa de la riqueza y la promoción para el desarrollo industrial del país, y restaurar un modelo de exportación de materias primas, en especial del agro, mientras relanza el endeudamiento externo en beneficio de las corporaciones financieras internacionales.

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   Una devaluación de 40 por ciento para favorecer a los agroexportadores, a lo que se sumó la eliminación de tasas para exportar para ese mismo sector, obliga a deprimir los salarios, que hasta 2015 eran los más elevados de América Latina. Los montos multimillonarios que los carteles exportadores ya no pagan en impuestos desfinancia a un Estado que ya despidió al menos a 25 mil trabajadores, que eleva brutalmente las tarifas de servicios públicos esenciales, comenzando por la energía eléctrica, y que desactiva un sinfín de acciones en las áreas más diversas: desde fabricación de bienes estratégicos (por caso, industria ferroviaria), a planes en educación, salud, justicia, desarrollo social, medios públicos, derechos humanos y centros culturales.

   Una encuesta publicada el domingo 14 por el diario Página/12 muestra que la popularidad de Macri retrocede, pero se ubica aún en 53,9 por ciento. Los motivos son fuertemente económicos: la población está sufriendo la estampida inflacionaria causada por la devaluación y el cheque en blanco dado a los grandes fabricantes y distribuidores de bienes esenciales, como los alimentos, para que aumenten precios a su placer, y además empieza a temer por la preservación del empleo. No aparecen entre las causas de este descontento creciente la falta de libertad de expresión ni el clima represivo que el régimen está afianzando.

   Es que la alianza estrecha entre el gobierno y los grupos mediáticos dominantes, en primer lugar Clarín, al que Macri benefició con medidas directas para que se expanda aún más, tiene la consecuencia directa de un apagón informativo. El ataque cobarde de los gendarmes a los niños de “Los Auténticos Reyes del Ritmo” es una noticia que circuló en unos pocos medios no oficialistas y por las redes de internet.

   Hasta hace poco más de 60 días, un acto de violencia de fuerzas estatales como el señalado habría derivado en un estado de conmoción política. Ahora, aunque parezca difícil de comprender, los argentinos están en la situación de pedirle al Señor Presidente, el mismo que asiduamente se hace fotografiar con su hijita pequeña para mostrar su faceta humana, que por favor no permita que los niños sean baleados.

Texto: Hugo Muleiro, Escritor y periodista, presidente de Comunicadores de la Argentina (COMUNA).

Fotos: TelesurTv / La Izquierda Diario.

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