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Movimiento chileno Ukamau: “Nuestra lucha es más grande que una casa”

Doris Lemunao es una dirigente barrial de Chile, es militante del Movimiento de Pobladores Ukamau, una organización que agrupa a familias desocupadas, sin vivienda propia y en diferentes condiciones sociales, es decir, clase trabajadora que hospeda en su lucha la posibilidad de construir su propia hábitat.

“ ‘Así somos’ es el significado de la palabra ukamau, palabra de origen Aymara”, cuenta Doris, y agrega: “El Movimiento nació en 1987, en esa fecha se logró comprar una casa que se convierte en un espacio permanente de lucha y creación, y que en su momento se convirtió en un centro un acopio para quienes luchamos contra la dictadura. Desde esa época y hasta este siglo XXI hemos mantenido esta casa a puro pulmón, con autogestión. No dependemos hoy en día de ninguna ONG ni de ningún municipio, porque tampoco en Chile el sistema lo permite”.

Chile, un país con un pueblo que lucha día a día, donde la dictadura pareciera estar presente, a pesar de su fin, rodeando, persiguiendo, acosando. Hay un pueblo que año tras año camina sobre los cimientos de lo que alguna vez se llamó democracia, y que brindó la ilusión del fin de Pinochet. Pero el sistema neoliberal es cada día más fuerte, tiene sus columnas muy bien estructuradas, parecieran hechas por lxs mismxs arquitectxs que en Venezuela trabajaron para Pérez Jiménez. Un fenómeno de Estado es que, a más de veinte años del fin de la dictadura, siga Chile regido por la Constitución de Pinochet, con algunas modificaciones, por supuesto, que sólo benefician al sistema neoliberal.

”Nosotros también tenemos nuestro Comité de Vivienda MPU, allí hemos llevado una lucha grande, que es el derecho a la vivienda, que es un derecho que debe estar consagrado en la Constitución chilena, que es la Constitución que hoy día nos niega la vivienda, porque es la Constitución de Pinochet”, aclara.

El pueblo pobre de Chile tiene muy poca autonomía para desarrollarse libremente, un ejemplo de ello es estudiar cinco años en la universidad y pagar veinte, o tener que vender todo para poder acceder a la salud. Es muy simple redactar estas experiencias, pero en lo vivido es difícil no depender del sistema de endeudamiento familiar. Comer tres platos de comida al día no es un derecho en Chile, es un privilegio, pues todo gira en torno al beneficio de lxs dueñxs de la economía, eso sin contar sus altos niveles de acciones corruptas, desde lo ético hasta lo económico, lxs dueñxs de Chile incluso se roban entre ellxs y, en algunos casos, asumo que tienen trajes de comunistas.

Un hombre de cualquier comuna, víctima del sistema, roba un banco, y por ello le dan 25 años de cárcel; un diputado roba el dinero que debería ser del pueblo, y sólo le ponen una multa, mientras sigue ejerciendo libremente su cargo en el Gobierno. ¡Ah!, y los militares presos por torturadores en la época de la dictadura siguen cobrando su pensión militar, que es 16 veces el sueldo de un obrero o una obrera.

Todo lo anterior podría contextualizarlo con más detalles, pero allí se los dejo para que investiguen, sería muy irresponsable hacer juicios de valor sobre un pueblo que se las ha visto terribles, y lo digo porque —a pesar de todas las desventuras— hay un pueblo que cada día va buscando entre enredaderas la posibilidad de cambiar las formas de construir la vida digna a la que tiene derecho. Allí están moviendo paredes, destruyendo cimientos, gente con liderazgos extraordinarios, y con la virtud de autogestionar sus luchas dentro de un sistema que no les permite distraer la atención económica hacia otra cosa que no sean las propias necesidades básicas.

Por eso tomo la historia de Doris González Lemunao, una luchadora incansable que desde los quince años anda por los barrios, construyendo, luchando, peleando. Como muchas familias chilenas, ella ha visto la injusticia de un sistema opresor, desaparecidxs, asesinadxs, detenidxs, forman parte de las historias que podrá contar, pero por las que también saca fuerzas para luchar.

“Nosotrxs trabajamos bastante el tema cultural todavía, se hacen diversos tipos de talleres, tenemos el Tambor Rebelde, son más de treinta jóvenes y niños, que arman sus tambores, compran la madera, los pernos, y arman su instrumento, que también es su arma de lucha.

”También tenemos la Brigada Muralista, que está dando sus primeros pasos, sus primeras pinceladas; y también trabajamos el tema de la formación política, y constantemente llevamos el proceso de formación para lograr encontrar los liderazgos que hoy día nuestro país tanto necesita”, cuenta.

Un derecho es más que una necesidad

“Cuando nos pusimos a estudiar la política de vivienda en Chile, nos dimos cuenta que en este país la vivienda no es un derecho, y que la política de vivienda es una política del Gobierno, pero no del Estado, y esto se manifiesta en que cada vez que cambia el Gobierno, cambia la forma de postular a una vivienda. En ese andar nos dimos cuenta que tenemos más necesidades que una vivienda, y Ukamau dice: ‘Nuestra Lucha es más grande que una casa’. Además, hemos logrado vincular, por la vivienda, con la lucha por el derecho a la educación gratuita, al trabajo digno, a la lucha por los recursos humanos. No nos detenemos en el hecho meramente de la vivienda, el vivir bien está relacionado directamente con todas nuestras formas de sobrevivir.

”Tuve una influencia familiar y del barrio donde crecí. Un pueblo organizado para resistir la barbarie dictatorial que se impuso por la fuerza. Particularmente quien marca mi vida con su lucha y consecuencia es Luis Antonio González, el “Cunini”, militante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), Comandante Boris, quien es mi tío, que cae en combate el 13 de diciembre de 1990. Mi tío fue un luchador revolucionario que combatió contra la tiranía del sistema, y murió por recuperar nuestro futuro. Además, por mi camino conocí la lucha de muchas compañeras y muchos compañeros que inspiran nuestras luchas.

”Espero que el pueblo de Chile despierte de la anestesia que nos provoca el capitalismo salvaje que nos hace ser tan individualistas y creer que somos lo máximo. Cuando la realidad es que somos uno de los países más desiguales del mundo, eso debe cambiar y sólo depende de nosotros, cambiar nuestra realidad, y para eso pongo el corazón y la fuerza”, sentencia.

Texto: Pacha Guzmán.

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