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Maestros del barro y de la historia

Oscar Arria

Hasta 1947 toda la ciudad era de barro. Recién ese año, con la llegada de la cementera venida de Caracas, ingresaron los bloques de cemento, y la primera nueva urbanización fue construida. Un recuerdo olvidado por muchxs, pero no por Jesús Coello,Chucho, quien en ese entonces tenía diecisiete años, y ya llevaba siete trabajando, aprendiendo el arte del barro.

Con el cemento vino el discurso del progreso: más eficiente, más lindo, más rápido. El barro quedó asociado al pasado, al rancho, al atraso, al lugar de donde salir. Entonces, comenzaron a mudarse hacia los nuevos materiales: cemento y acero. La ciudad se expandió y el tejido de barro quedó únicamente en el Casco Histórico. Menos barro, adobe, madera, cañizo; menos maestros artesanos, aprendices; y más peones, albañiles, maestros de obra, arquitectos e ingenieros.

Para los constructores del barro el cambio significó una pérdida: debieron transformar su vida, pasar a ser contratados por empresas, mal pagados y, sobre todo, desconocidos como portadores de un saber, popular y antiguo, fundador de ciudades, de la identidad cultural de Santa Ana de Coro y de gran parte de Venezuela.

En un país haciéndose sobre cemento, petróleo y exclusión, ¿qué lugar quedaba para estas personas?, ¿cuál era el destino de hombres trabajadores, herederos de saberes transmitidos de generación en generación a través de la práctica y el esfuerzo?

Oscar Arria

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Diego Morillo recuerda esas épocas. Su padre, junto a Chucho, fue uno de los principales maestros. Ahora él también lo es, como su hermano. Lleva 26 años en la construcción tradicional, como la denomina.

Tratamos de reivindicar los derechos de todos los maestros artesanos, y no ha sido fácil, los Gobiernos anteriores han querido pisotearnos, engañarnos, explotarnos. Nos llamamos artesanos, ¿eso quiere decir que vamos a ser explotados? No, somos portadores de patrimonio.

Al decir patrimonio se refiere a su saber del barrola consciencia de poseerlo, y al reconocimiento que les fue hecho por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), en 1993, al declarar a Coro y a La Vela de Coro como patrimonios de la humanidad, por la cantidad de técnicas de construcción en barro, y a los maestros, certificándolos como maestros patrimoniales.

Las décadas del cemento hasta llegar a la Revolución fueron de marginación, sin importar la palabra de la Unesco. La situación comenzó a revertirse con la llegada de Hugo Chávez, quienseguido luego por Nicolás Madurofinanció grandes mejoras para el Casco Histórico, para restaurar construcciones de más de cuatrocientos años. Pero aunque la realidad fue cambiando para los muros y techos de casas e iglesias, no lo hizo para los constructores de ellas, siempre cercanos a las sombras, a un anonimato forzado.

Hasta que en el año 2010 las lluvias golpearon con tanta fuerza que el centro de la ciudad quedó con paredes y techos derrumbados, metros de escombros dentro y fuera de las casas, un escenario de urgencia patrimonial y humano. Y la crisis, como puede suceder cuando existe la voluntad, se convirtió en una oportunidad.

Oscar Arria

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Lo primero fue la certeza de que se debía trabajar con la comunidad y los maestros artesanos, que sólo con y desde ellos sería posible dar respuesta de manera estratégica a la emergencia. Por eso, Merlín Rodríguez, directora del Instituto de Patrimonio Cultural del estado Falcón, decidió llamar a los nueve Consejos Comunales situados en las zonas en riesgo y, junto con los constructores, proyectar el trabajo:

Lo importante fue que ellos decidieran cosas tan importantes como a quién se le iba a arreglar la casa, pensando no exclusivamente en el valor arquitectónico, sino quienes vivían ahí, si había abuelos, si quienes estaban tenían menos posibilidad de arreglarlas, que la Asamblea pudiera decidir, eso ha sido de los avances más importantes, asegura.

Entre todos priorizaron la restauración de casas y no de monumentos. El presupuesto de 5 millones de bolívares, asignado por el Gobierno nacional para 37 viviendas, pudo dar respuesta a 49. ¿Cómo? Con trabajo voluntario de los maestrosun año sin cobrar, el aporte de lxs habitantes de cada casa y de lxs técnicxs de la oficina:

Empezamos a cambiar el discurso: el patrimonio no es una vitrina, un lujo, es la huella histórica que te permite recordar de dónde eres, visibilizar al pueblo, entender los saberes. El señor desempleado ayudó en la obra, aprendió cómo arreglarla, y quedó lo más importante, el tejido organizativo que sube el ánimo, la gente entendió que se puede trabajar en conjunto. Para lograr las cosas hay que organizarse, para fortalecer la cotidianeidad, cuenta Merlín.

Esa apuesta permitió fortalecer el vínculo de los maestros con las comunidades, asentar el respeto por el oficio, el arte del barro. Y dio pie, una de las apuestas mayores, a conformar una Empresa de Propiedad Social (EPS) reuniendo en su interior a 176 artesanos y maestros. Eso, junto al tejido comunitario, fue el mayor avance para ellos.

Oscar Arria

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Si alguien le pregunta a Lucas Morillo, hermano de Diego, qué es lo más importante en estos momentos, la respuesta es clara:Para nosotros ahorita lo más importante es que seamos respetados, reivindicados, no seguir siendo pisoteados y explotados.

Al señalar responsabilidad, la Dirección apunta hacia las empresas contratadas por la Gobernación, tercerizadoras de los maestros: a bajo costo, sin entrar en nómina de la empresa, pagados en efectivo sin derecho a la seguridad social, sin responsabilidad ante una caída. Por eso organizaron la EPS, para acceder directamente a las obras, y dejar de ser tercerizados.

Pero la Gobernación se ha negado a contratar a la organización de artesanos, solamente ha reconocido a las empresas privadas como interlocutoras y responsables de las obras, aunque éstas no puedan trabajar sin los maestros.

¿Por qué?Sabemos que somos un golpe a la rodilla a las empresas, a los capitalistas, a los que en el estado Falcón se han enriquecido sobre el hombro los artesanos, explica Diego, y porque ha predominado una perspectiva de cemento antes que de barro, de falta de apuesta real a lo tradicionalvisto como atraso, es decir, la historia misma que está cargada de futuro y no es una herencia de la cual deshacerse, explican.

Ninguna nueva vivienda ha sido hecha de barro. Coro y La Vela han seguido creciendo con cemento y hierro, aunque una casa de barro puede ser hecha entre seis meses y un año, y los costos son menores, según el maestro Chucho. Ninguna hasta el momento, porque con los vínculos que se han consolidado, a partir de la organización nacida en el año 2010, la idea del barro ha ido regresando de a poco, y un Consejo Comunal decidió que su radio comunitaria será construida enteramente de la forma tradicional.

Oscar Arria

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Los maestros artesanos tienen el tiempo de la fundación de Coro, la ciudad más antigua de Venezuela. Ellos han hecho y mantenido cada casa, cada iglesia:

La meta es cambiar el discurso: de lo monumental, lo que eran los godos, el colonialismo, a convertirlo en un discurso donde es la Revolución la que permite devolverle al pueblo lo que es del pueblo, reconocer en estos inmuebles el trabajo del pueblo trabajador, y empezar a visibilizar a los esclavizados del momento y su trabajo, el del hombre obrero que con su esfuerzo fue construyendo una ciudad de barro, un tejido urbano.

Ésa es la búsqueda de Merlín. El arte del barro se fue transmitiendo sin búsqueda de enriquecimientos. Cada maestro puede explicarlo con sus palabras. Chucho, por ejemplo: “ ‘Ellos eran tus ayudantes, pero ahora saben más que usted, me dicen, pero claro si para eso es que uno los enseña, para que sepan más que uno, para eso es un maestro, si les voy a enseñar para que sepan menos, entonces qué clase de maestro soy.

O Lucas:Ser maestro artesano significa donde he invertido toda mi vida, un legado, mucho cariño, amor, lo que yo siento por estas casas es lo mismo que sentía mi papá, eran todo su sueño, su vida.

Por eso, además de restaurar la ciudad han centrado esfuerzos en la transmisión de los saberes: así lo han hecho con estudiantes de las escuelas de la ciudadlas Brigadas Patrimoniales Juveniles, con jóvenes en situación de riesgo venidos de varios puntos del país, yendo a varios sitioscomo a Cumanáa restaurar y formar, y enseñando a estudiantes de arquitectura de la Universidad Bolivariana de Venezuela.

Y pusieron en pie la Casa del Sol, situada en el corazón del Casco Histórico: allí enseñan el arte de preparar el barro, los bloques, cortar la leñasiempre en menguante, construir las casas de barro tradicional, como insiste Diego, deben llamarse, y no ranchos.

Oscar Arria

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Los últimos años de trabajo han permitido construir puentes de saberes: a las restauraciones se han introducido algunos materiales modernos, como mantos impermeabilizantes en los techos o cimientos para los muros autoportantesque miden entre 45 y 60 centímetros de ancho. Pero en las casas de barroes tan importante mantener como restaurar, explican los maestros.

Por eso resulta central construir junto a la comunidad y a lxs habitantes de las casas, quienes luego podrán cuidarlas en el día a día, comprender los movimientos y las necesidades de muros de más de trescientos años. Ésa es la lógica y el tiempo que cargan los maestros, diferente a los de una empresa, una mirada capitalista de las cosas y la vida.

La casa de barro es climatológica, cuando hay calor es fresca, cuando hay frío es caliente, y no todo es aire acondicionado o ventilador, todo es natural en esa vivienda, explica Diego. Y cuando habla de ella las observa: detiene su mirada sobre los techos hechos de tejas artesanales, observa los muros anchos y altos, pasa la mano sobre ellos, comprende la casa, el barro, quienes lo antecedieron para construir lo que lo rodea.

Por eso son maestros del barro, de un oficio, una ciudad que hasta hace menos de setenta años no tenía bloques de cemento, era como siempre había sido desde que los saberes populares se habían unido para construirla, siglos atrás. Ellos seguirán haciendo su trabajo, continuando una historia que lleva el tiempo por venir, el de la construcción sana, hecha a la medida del hombre, de la mujer y de la naturaleza, del socialismo.

Oscar Arria

Oscar Arria

Texto: Marco Teruggi

Fotos: Oscar Arria

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4 thoughts on “Maestros del barro y de la historia

  1. Muy lindo articulo, soy artesano constructor de viviendas en barro en Argentina y he disfrutado mucho el articulo reivindicando al albañil artesano y guardián de los saberes ancestrales!

  2. Emocionante! muchas gracias por compartirlo. La tierra es tan noble como material, esta forma de construir tan respetuosa de nuestro ambiente, económica energéticamente y que cuida de nuestra salud… ojalá cada vez seamos más lxs que la valoramos.

  3. Esta excelente crónica popular nos recuerda la labor importante de Marco y otrxs compas para visibilizar las Comunas Venezuela adentro con el atinado apoyo de Reinaldo. Hemos publicado una traducción al francés de “Maestros del Barro y de la Historia” acá: http://wp.me/p2ahp2-1Zy
    T.D.

  4. Exelente. Sigamos permitiendonos descubrir los maravillosos saberes y bondades que nos brinda nuestra Madre Tierra. Muchas gracias. Seba Unquillo. Cba. Argentina

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