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Ser madre en las filas de las FARC

Johana Velázquez tiene ocho meses y medio de embarazo y 28 años luchando en las filas de las FARC. Desde que ingresó a la guerrilla tuvo, como el resto de sus compañeras, información sobre planificación familiar, no porque le estuviera negada la posibilidad de tener hijos, sino porque desde este espacio de lucha problematizaron hace mucho tiempo que cualquier vida nueva necesita de las mejores condiciones posibles.

A diferencia de lo que plantean los medios de comunicación, para ella y el resto de sus compañeras, es falso que ser madre dentro de las FARC es una experiencia traumática, ellas saben en qué momento tomar la decisión: el Estado no garantiza las mejores condiciones a las mujeres de los sectores populares para que sus hijos e hijas accedan a los derechos básicos de salud, educación y alimentación. Estas mujeres de los estratos más empobrecidos no tienen la misma información y formación que ha sido facilitada a Johana y al resto de sus compañeras, por ello no están en desacuerdo con la interrupción voluntaria del embarazo, en medio de una realidad en la que muchas mujeres colombianas han estado desamparadas durante años: “Si es un hijo no deseado estoy de acuerdo con el aborto. En las condiciones de nosotras lo hemos tenido que hacer porque no hay condiciones, y para no poner en riesgo esas dos vidas, del niño y la madre. Pero en la mayoría de los casos el responsable del aborto no es la madre, ni los comandantes de las FARC, el responsable es el Estado porque no existen las garantías para que nosotras como mujeres nos reproduzcamos con seguridad”, dice Aleida Rodríguez.

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Están de acuerdo con el aborto y aseguran que conscientes del derecho de la mujer a decidir, y bajo el consentimiento de la madre, nunca en las FARC el Mando ha decidido por ellas sobre su sexualidad.

Frente al aborto piensan que hay una propaganda que se ha hecho en contra de la organización: “Siempre nos han marcado como que se nos obliga a las guerrilleras a abortar, es una campaña usada por el Estado, y por el contrario, la decisión es de cada una.

Es una de las propagandas más negras que nos ha hecho el Estado, se han utilizado a desertoras para decir en programas de televisión que aquí los comandantes nos cogen, nos torturan, nos hacen botar el hijo a las malas. Esas son muchachas desertoras que se ponen al servicio del enemigo, que se han ido porque se han aburrido o por cualquier otro caso, muchachas que a veces ni siquiera han salido embarazadas”, cuenta Tatiana Castro. Cuando Tatiana estaba embarazada llegaba el ejército cerca y tenían que salir del campamento a oscuras: “Pero los muchachos salían a ayudar, porque entre nosotros lo que reina es la unidad. Inmediatamente la misma tropa dice que no hagamos guardia, ni vayamos a remolcar, no porque nosotras no podamos, sino porque para ellos es una alegría cuando una de nosotras sale embarazada, nos cuidan, todos se vuelven padrinos, papás, son muchas cosas bonitas que una vive”.

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Es el aniversario número 53 de las FARC, y en el Catatumbo, donde el espíritu convoca a la integración entre guerrilla, comunidad y organizaciones sociales que apoyan la paz, hay cuatro mujeres frente a nosotras, dos en sus últimos meses de gestación, y dos con bebés de dos años. Las cuatro coinciden en que planificar es fundamental, de la misma manera que decidir interrumpir la gestación: “Esto es algo que se ha usado en muchos países. No es una política de la organización, es una decisión de cada una de nosotras según las condiciones de la guerra”, dice Tatiana.

En los momentos más fuertes de la guerra fueron conscientes de que debían dejar a sus bebés porque estaban en un proceso de confrontación, no podían ir al campo de batalla, y desde luego no podían ir al frente, por eso nunca pusieron en riesgo la vida de sus hijos.

Para ellas una de sus principales luchas es que la mujer se vincule a todas las actividades, que no se limite a quedarse en el hogar planchando, cocinando, sino que se sume a todas las actividades que generen mejoras para todas y todos, por eso la meta es que a partir del proceso de paz sigan adelante, ya no como movimiento armado, y sí como movimiento político.

Su anhelo más grande: llegar a la paz y que en esta apuesta el pueblo colombiano, el pueblo latinoamericano, las acompañe.

Texto: Katherine Castrillo

* Cobertura realizada entre los equipos de Cultura Nuestra y Alba TV

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