Tú estás aquí
Inicio > Textos > Opinión > Luis Vicente León, las “distorsiones económicas” y la frontera colombo-venezolana

Luis Vicente León, las “distorsiones económicas” y la frontera colombo-venezolana

Recientemente al inefable Luis Vicente León le dio por comentar sobre la medida de cierre de la frontera por parte del Gobierno nacional. Para no variar lo hizo por tuit. Y para no variar tampoco, lo reprodujeron fundamentalmente medios “nuestros”, empezando por La Iguana.

Según Luis Vicente León, la medida no será exitosa en cuanto se mantengan los incentivos para el bachaqueo: “Puedes cerrar la frontera y pasarán por el río”, dijo, fiel a su estilo de experto pop. “No importa lo que hagas para atacar consecuencias. Si no atacas las causas la economía se rebela… y a ella no puedes apresarla”.

Pero fuera del tono animista con eso de la “economía que se rebela”, tengo que reconocer que estoy en este caso de acuerdo con León. Mientras sigan existiendo los incentivos y las causas del problema, el contrabando de extracción (del cual el bachaqueo es sólo un aspecto) persistirá. Sin embargo, en lo que seguramente no estaremos de acuerdo es en los incentivos y las causas que hay que eliminar. Pues, acto seguido, a lo que acusa León como tales son las famosas “distorsiones de la economía venezolana”.

Aunque no lo dice en sus tuits, podemos suponer, conforme lo que ha dicho en otras ocasiones, que se refiere a los precios subsidiados (o no subsidiados, pero en todo caso más accesibles con todo y la hiperespeculación actual) de los productos en Venezuela, así como determinados servicios gratuitos (en salud y educación, por ejemplo). De allí en más, la receta es conocida: si de devalúa la moneda, se lleva el precio de la gasolina a estándares internacionales, ajustan todos los precios relativos hacia el alza haciendo equivalente el poder de compra en Venezuela al precario nivel de Colombia y elimina la gratuidad de servicios, entonces, los contrabandistas y demás mafias ya no tendrán estímulos para operar.

Valga decir que este tipo de “recomendaciones” capta seguidores en un país como el nuestro —incluyendo de “izquierda”—, debido a la acomplejada mentalidad colonial que caracteriza a algunos y algunas. Y es que, salvando las distancias entre uno y otro caso, la triste verdad es que, si León fuera experto en algún país europeo, nadie le tomaría en serio cuando salga a decir que la solución a la entrada masiva de migrantes desde África y Oriente Medio es volver la vida en Europa tan precaria como en dichos lugares, de manera que la gente ya no encuentre estímulos para migrar.

Pero más allá de estas sandeces, lo cierto es que la medida de cierre de la frontera —que el propio Gobierno nacional ha dicho que es temporal, y que su alargamiento de las 72 horas inicialmente previstas al cierre indefinido actual se debe a la ligereza con que el Gobierno colombiano tomó la convocatoria que la canciller venezolana hizo a una reunión “urgente”, a la cual su par colombiana planteó se realizara el 14 de septiembre (o sea, dentro de tres semanas)— no solucionará el problema de fondo. Pero ya, en sí, ha creado las condiciones para hacerlo, siendo la primera llamar la atención del Gobierno colombiano. La segunda, develar la dinámica —impulsada desde Colombia— de descargar la crisis social generada por el neoliberalismo y el paramilitarismo uribista desplazándola hacia Venezuela aprovechándose, entre otras cosas, de la política solidaria e integracionista que desde los tiempos del Presidente Chávez se ha mantenido de manera coherente y consecuente con un pueblo que es hermano. Y la tercera, estrechamente relacionada con la anterior, de utilizar dicho desplazamiento como una vía de penetración y desestabilización de Venezuela y el proceso bolivariano, que en este caso funciona con la activa promoción de sectores de este lado de la frontera.

A propósito de la comparación con la migración africana y del Oriente Medio a Europa, la población colombiana, en efecto, es víctima de una violencia política y económica muy similar a la que se ejerce contra la de aquellos países, sólo que de una manera más sistemática y silenciosa, violencia a la cual hay que sumarle la ausencia o reducción al mínimo del Estado en vastas zonas del país y particularmente las fronterizas, siendo esta la razón por la cual los habitantes de dichas zonas emigran o procuran su subsistencia de los países vecinos, lo que es particularmente notable en el caso venezolano. Frente a esta realidad histórica, pero particularmente intensificada desde los tiempos del pastranismo y el uribismo con sus políticas de Seguridad Ciudadana y Plan Colombia, Venezuela, muy al contrario de Europa con África y el Medio Oriente, ha tenido una clara política de puertas abiertas, siendo ésta la razón por la cual habitan en el país unos 5 millones de colombianos y colombianas, la mayoría nacionalizados, y que gozan de los mismos beneficios y acceso a servicios en condición de igualdad que cualquier venezolano o venezolana. Sólo en el último año, unas 120 000 han sido regularizados. Para que se tenga una idea de las cifras, el llamado “drama de la emigración africana a Europa” ha supuesto que durante este año llegaran unos 100 000 migrantes, los cuales no sólo son 20 000 menos de los que han llegado a Venezuela en el mismo lapso de tiempo, sino que se reparten por varios países y no se concentran en uno solo. Por lo demás, en el Mediterráneo han muerto unas 3000 personas intentando llegar a las costas europeas, tragedia humanitaria ante la cual la respuesta de la OTAN ha sido en lo fundamental militar policial. Y por último, aunque no menos importante, no está de más aclarar —como muy bien lo hizo el presidente Maduro—que al contrario de Europa y la tragedia que se vive en África y el Medio Oriente, Venezuela no tiene ningún tipo de responsabilidad sobre lo que pasa a lo interno de Colombia.

Así las cosas, volviendo al punto inicial, los “incentivos” y causas que hay que eliminar para solucionar el problema binacional, las distorsiones y los desequilibros económicos (pero también políticos, sociales, culturales y humanitarios en sentido amplio) son aquéllos que llevan a los colombianos y las colombianas no a venirse a Venezuela o buscar productos acá, si no a dejar sus tierras y ciudades o conseguir acá lo que allá le es imposible adquirir: la violencia paramilitar y mafiosa auspiciada y financiada por la oligarquía colombiana y las transnacionales, el desempleo, la falta de atención en materia de salud y educación y, en términos generales, la alta precarización y costo de la vida de la que son víctimas a lo interno de su país, muy distinto, por cierto, al estilo de vida de los barrios gomelos y zonas urbanas excluyentes (tipo Chacao en Venezuela) que seducen a sectores de la clase media venezolana ignorante, como es en todos los órdenes de la existencia. De la misma manera, deben levantarse los dispositivos mafiosos y para-legales del lado de allá de la frontera, y particularmente el de las casas cambio, que funcionan bajo la el amparo del Banco Central de la República de Colombia, y donde se opera la guerra contra el bolívar no sólo por las razones políticas obvias, si no para financiar la mafia contrabandista y paramilitar que siendo responsable del desplazamiento de sus conciudadanos, ahora saca provecho económico de esta condición.

Texto: Luis Salas.

Comentarios

comments

Top