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Los misterios (Sobre Todas las noches parece y otros relatos, de María Alejandra Rojas)

Se hallan dos tipos de cuentos entre los veintitantos que conforman este libro: los que guardan verosimilitud y narran contingencias más o menos posibles, que son pocos; y los otros, la inmensa mayoría, que se reconocen porque llevan el sello de lo indeterminado. Del primer grupo (“Chucho…”, “Este es el tipo”) resaltan construcciones de la marginalidad ―a veces, hay que decirlo, tristemente desaprovechadas―, así como una voz diferenciada, marcada por cierta irregularidad en la prosa y un inmejorable manejo de la jerga. En el segundo grupo en cambio, se encuentran manifestaciones más complejas para observar: en principio, lo fantástico se halla naturalizado, de modo que cualquier idea de la imaginación se torna posible. Un muerto cuenta cómo se murió, por ejemplo; una chica es perseguida por su propia sangre, por ejemplo; otra se encandila con unos monos de lomo plateado desde la ventana de un hotel.

Los espacios, en cuanto a zona de existencia, no están establecidos; para definirlos, podríamos hablar de atmósferas sobrenaturales, excéntricas, alucinatorias. Son recurrentes las evocaciones a olores, sabores y sensaciones, lo que induce a especular que dicha variable espacial circunda alguna posible configuración de la memoria: el lugar donde alteramos ―imaginamos― todo a nuestro antojo. Aparte, se observa un empeño en caracterizar seres incorpóreos: el alma, digámosle así, figura “de este lado”, y reproduce prácticas que normalmente atribuiríamos al cuerpo de carne y hueso. En los relatos “Señor Drácula…”, “Nuestro muerto”, “Se abrió paso…”, entre otros, se habla de muertos para referirse a personajes que se desplazan con naturalidad entre las historias. ¿Qué son? ¿Representaciones del espíritu? ¿Transfiguraciones? ¿Desdoblamientos?

La estrategia consiste en disponer un contexto para que la irrupción del hecho inexplicable no produzca sobresalto o terror, sino donde lo inverosímil se introduzca desde el principio y sea naturalizado a partir de las primeras líneas. No se intenta contar historias de espanto o generar suspenso, se busca más bien inquietar: que el lector en todo caso, cuestione su noción de realidad. Se insiste en subvertir y perturbar las reglas y convenciones de las formas literarias: el rechazo y la oposición a las definiciones de lo posible es cuando menos terco. La fantasía se aplica indiscriminadamente: no hay chance para el signo realista.

El libro posee momentos dispersos (también hay que decirlo), tanto por el carácter lúdico presente en algunas operaciones, como por su naturaleza atropellada. Por otro lado, se halla un tipo de digresión tierna, o algo así, producto de inflexiones próximas a cierto registro común a la fábula. Y por último, atrapa determinada sorpresa lírica, mayormente entre las enumeraciones, que aparecen cargadas de una tonalidad poética inestimable, y que si uno las lee en voz alta suenan como plegarias, como conjuros, como invocaciones.

todas las noches parece mar

Editorial: Casa Nacional de las Letras Andrés Bello

País: Venezuela

Año: 2010

Texto: Carlos Ávila

Ilustración: Ambar Rivero

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