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La Minka: más que una casa, cultura productiva

Actividades para todo p˙blico - MINKA.

Existen procesos que nacen de abajo hacia arriba, aunque en la Venezuela bolivariana el arriba y el abajo no sean categorías estrictas, y mucho menos estáticas. Referirse al abajo puede ser, como en este caso, nombrar aquello que ha sido fundado desde la reunión de voluntades, sin apoyo estatal, y con escasos recursos. Desde lo comunitario y la obstinación, es decir, como entonara el cantor uruguayo Alfredo Zitarrosa, desde el pie.

De esa manera se crearon Consejos Comunales, colectivos, Comités, medios comunitarios de comunicación y tantas experiencias populares de este país en constante movimiento. Desde lo pequeño y empujando hacia el horizonte común, que en la Revolución lleva nombre desde hace varios años: el Estado comunal.

Así, sin esperar más que la necesidad de hacer, de ocupar, fue que en agosto de 2012 un grupo de jóvenes tomó la casa abandonada de la antigua imprenta, en La Pastora, Caracas. Ante ellxs estaban, repartidos en dos plantas y una terraza, 560 metros cuadrados de polvo, basura, averías, ratas, filtraciones, y deudas de agua, luz y gas.

Tenían el apoyo de la comunidad, y algunas brújulas políticas para proyectar el espacio: arte, cultura, autosustentabilidad, nuevo Estado.

Eran entonces tiempos de campaña, y lo primero fue organizar lo que denominaron la “cayapaña”, actividades culturales y formativas, talleres con niñxs, etc., para apoyar con un discurso propio al candidato Hugo Chávez. Comenzaba la vida de lo que tomó por nombre: Casa de Movimientos Culturales La Minka.

Clases de dibujo para niÒos - MINKA.

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Julio de 2015. Han pasado casi tres años desde que comenzó la toma. La casa en la mañana está tranquila, al igual que el barrio, donde pasan pocos carros, algunxs vecinxs están en las puertas de sus casas o realizando mandados. Dentro se encuentran Yoda y Pacha, personas que vienen a averiguar los precios para estampar franelas, y mucho silencio en las tantas habitaciones y espacios que a esa hora todavía no están poblados de gente.

Con el esfuerzo y el tiempo cada piso de la casa comenzó a ser habitado. En la planta baja, donde se encuentra un salón grande, se realizan las actividades formativas permanentes: yoga, capoeira, danza árabe, contemporánea, teatro y artesanía; además de la venta de productos caseros: panes —150 diarios—, jugos, tortas y chucherías artesanales.

En la planta alta se encuentran diferentes salas: de dibujo y pintura, de ensayo de música —para los talleres de percusión afrovenezolana y afrobrasilera—, de audiovisual y de estampados; la cocina y la biblioteca.

En cuanto a la azotea, se ha transformado en una huerta de plantas medicinales y ornamentales.

En esos espacios —por donde transcurren un promedio de 300 personas por semana— el colectivo lleva adelante sus líneas de acción: la formativa, la política y la económica, “tres elementos que van juntos: lo económico sustenta la acción política, la política articula, y la formación crea conciencia”, explica Yoda.

Lo formativo remite a todos los talleres que se realizan en La Minka, una apuesta nodal desde los inicios: a partir de allí comenzaron a construir el lazo con la comunidad, a insertarse en lo cotidiano del barrio, con lxs vecinxs y las escuelas.

De la mano con ese quehacer comunitario proyectan la política, que tiene una hoja de ruta clara: el autogobierno y el Estado comunal. Para eso articularon desde el inicio con los Consejos Comunales de la zona, y dentro de poco tendrán lugar las elecciones del Consejo Comunal que han venido impulsando en su zona: el Arturo Michelena. Y ya el paso siguiente está marcado: la futura Comuna de Miraflores.

“El autogobierno es la posibilidad de tener poder productivo y poder político en nuestro territorio, que sea la misma comunidad con su organización que pueda tomar las decisiones y pueda tener poder para que se viabilicen. Como decía el Comandante Chávez, no podrá tener el pueblo poder si no es dueño de los factores productivos, económicos, tecnológicos, maquinaria, tierra y propiedad”, subraya Yoda.

De allí la búsqueda permanente de la autosustentabilidad, de no depender del Estado, generar riqueza para proyectar todo lo demás. Para eso, la Empresa de Propiedad Social de Serigrafía —apoyada en maquinarias por el Movimiento por la Paz y la Vida—, la producción de panes y las plantas, que actualmente permiten que nueve compañerxs puedan vivir de esos ingresos, y se lleve adelante la infraestructura de la casa (servicios, arreglos, mejoras, etc.).

“Estamos planteando construir poder económico, productivo, conocimiento, que tribute para un espacio territorial: nuestra comunidad que articula con otras comunidades organizadas, para generar otra economía, solidaria, de pueblo a pueblo”, cuenta.

Y hacerlo desde abajo, desde las bases, como sostiene Yoda. Por eso, el empeño es hacer política, música, arte, cultura, carnavales, murales, apostar a la construcción lenta y estratégica del tejido comunitario con una perspectiva socialista.

SerigrafÌa - MINKA.

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“Si bien nosotros al principio no recibimos apoyo contundente del Estado, somos beneficiarios del momento histórico que se está viviendo en el país, somos parte de la refundación de esta Patria, y por eso tenemos la posibilidad de ocupar un espacio, hacer políticas revolucionarias, de comulgar con las leyes revolucionarias de autogobierno comunal, de Poder Popular”, dice.

Y esa refundación tiene, en la mirada de La Minka, una búsqueda de rescate histórico e identitario. Grupo Madera, Alí Primera, Argelia Laya, Guaicaipuro, Gual y España, Bolívar, Zamora, son algunos de los nombres que aparecen al conversar, que se encuentran retratados en las paredes de la casa.

Con sólo mirar la casa desde la calle una muestra de ese diálogo aparece con fuerza: arriba de la pequeña capilla católica se alza un mural con el rostro de María Lionza, el Negro Felipe, Guaicaipuro, un ángel negro, un ángel indio, Jesús de Nazareno. Y una orquídea, símbolo nacional, sobre ríos, fuerza militar y montes, los poderes de las tres potencias del espiritismo.

Junto a ese enraizamiento nacional han venido debatiendo sobre la estética, cómo trabajarla, cómo retomar a los héroes y a las heroínas, y “hacerlos populares, con murales, cuadros, estampas”, como explica Yoda. ¿Con una estética juvenil como la que ha venido trabajando el Otro Beta, una como en el 23 de Enero, como las de campañas de Hugo Chávez? ¿Cuáles son las estéticas necesarias de este tiempo? En la casa ensayan, traen a lxs cultorxs a los hechos cotidianos, como a Michelena, Armando Reverón, dan espacio a quienes desde este tiempo hacen y buscan, como Shamaniko, Comando Creativo, Romanov, Urbe Emergente, Peña Roja, y cuantxs han dejado cuadros y murales a lo largo, ancho y alto de la casa.

Crean, entonces, una de las palabras claves del proceso y de las generaciones que se suceden. Hacia allá apunta La Minka, crecida desde el pie, una fortaleza que les permite ver en la actual situación una oportunidad: “La crisis obliga a reorganizar, articular, a buscar nuevos enlaces, a verse la cara, obliga a la creatividad”.

Falta todavía, desde el comodato que necesitan por parte del Ministerio del Poder Popular para la Cultura para tenar legalidad en la casa, hasta la conformación de una Venezuela comunal. Pero no esperan, sino que van al encuentro de lo que está por suceder, lo que debería pasar, buscan traerlo hasta este presente que guarda en su interior las certezas de los lugares a abandonar, así como los posibles pasos para alcanzar lo nuevo.

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Texto: Marco Teruggi. Contacto: @Marco_Teruggi.

Fotos: Milángela Galea y Gustavo Lagarde.

 

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