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La fiesta de la oligarquía (en Argentina)

La élite gobernante en la Argentina cree estar tocando el cielo con las manos: en sus medios de comunicación anuncia en estos días el derrumbe final y la extinción del kirchnerismo, lo que equivale a la desaparición de la única fuerza política que hasta ahora parecía capaz de resistir un saqueo económico descarado y el reformateo completo del país, para devolverlo a sus escalas históricas de desigualdad y de sometimiento a las multinacionales.

La euforia oligárquica tiene esta vez asidero en un hecho de la realidad: un ex funcionario de los doce años de gobiernos de Néstor y Cristina Fernández de Kirchner, que fue secretario de Obras Públicas, llamado José López, fue “descubierto” por la policía cuando arrojaba paquetes de billetes hacia el interior de un convento de monjas, ubicado en uno de los lugares más peligrosos del país al que llegó solo, en plena madrugada, en un automóvil, transportando 8 millones de dólares que se supone es una parte de lo que obtuvo en actos de corrupción.

La magnitud del golpe al kirchnerismo y a la figura de la ex presidenta Cristina Fernández es todavía incalculable: se volvió imposible siquiera deslizar la suposición de que ella y Néstor Kirchner nada supieran de los delitos de este funcionario, ligado a ellos aún antes de que llegaran a ser elegidos. Quien sugiere tímidamente esta posibilidad es ridiculizado por el discurso mediático dominante, tratado de estúpido, hipnotizado, hipócrita y hasta “colaboracionista”.

Nada es menos creíble en la Argentina que sus burguesías y oligarquías puestas a trabajar por la moral: la historia las muestra como evasoras, lavadoras de dinero, asaltantes del Estado al que critican, corruptoras a más no poder y, cuando los contextos lo permiten, represoras y asesinas, impulsando cuanto golpe de Estado hubo en el país y regalando a los represores las listas de los delegados fabriles y militantes populares. El presidente Macri fue condenado hace pocos años por evasión de impuestos del emporio familiar, aunque salvado in extremis por la Corte Suprema de Justicia armada durante la época ultraliberal anterior. El mismo presidente tiene firmas y fondos en guaridas fiscales aunque, claro, no es llamado corrupto por la prensa adicta.

El ministro de Finanzas, Alfonso Prat-Gay, es un experto evasor y lavador, administrador de cuentas secretas en Suiza de los empresarios más poderosos. Fue acusado judicialmente aunque, por supuesto, la causa está paralizada y seguramente, dado el temerario poder que detenta, será perdonado. El gobierno acaba de poner bajo su control la unidad de investigación de manejos financieros ilícitos, el delito del que está acusado.

El ministro de Energía, Juan José Aranguren, es accionista de Shell. Dispuso la compra de gas a una empresa satélite de esta multinacional, a un precio tres veces más caro que el que se puede obtener en Bolivia.

En fin, nada más corrupto y corruptor en la Argentina, como en tantísimos países, que sus élites, y no sólo por el robo individual de cada quien si no por el sistema económico que imponen. El régimen macrista ya lanzó a la Argentina a la toma de deuda en beneficio de las grandes corporaciones financieras mundiales, las mismas que administran las cuentas en las guaridas fiscales frecuentadas por Macri, Prat-Gay y otros funcionarios. Antes de eso arregló pagos a los fondos buitre como los de Paul Singer, financista de fundaciones manejadas por dirigentes que hoy son funcionarios.

Estas minorías ahora en el poder no tuvieron mayores argumentos para desacreditar las políticas del kirchnerismo: ante la creación de empleo, la baja de la pobreza, los nuevos derechos, las industrias, las escuelas, universidades y rutas, satélites lanzados al espacio, tuvieron que limitarse a atacar algunas zonas dudosas o puntos débiles.

La estrategia central fue siempre la imputación de corrupción, sostenida con mil montajes mediáticos, como es bastante tradicional en las derechas latinoamericanas. Ahora, los ilícitos de los que están imputados López y otros ex funcionarios les dan la solución en bandeja: ya están clamando que todas sus denuncias contra Néstor y Cristina Kirchner fueron estrictamente ciertas y hasta reclaman pedidos de disculpas para los “periodistas” que las hicieron.

Tras la escena cinematogáfica del ex secretario López, aparentemente experto en robar pero incapaz por completo de esconder su fortuna en una cuenta del país o del exterior, como hizo el propio Macri, el mensaje ahora instalado es: el kirchnerismo usó 12 años de poder político para instalar una corrupción sistémica, ya ven a este López arrojando paquetes de dólares por encima de una pared. Todo lo demás fue montaje, burdas mentiras, un lodazal.

Funcionarios macristas confiesan, sueltos de cuerpo, que el espectáculo televisado sin interrupción sobre la patética maniobra de López les sirve para atravesar el peor momento de la gestión que comenzó hace apenas seis meses: alrededor de 140 mil despedidos, aumento acelerado de la pobreza, inflación galopante, indicios crecientes de incremento de la desnutrición.

El blindaje de los medios es tan generoso y el margen de acción ganado tan grande que el presidente Macri se puede dar el lujo de mentir diciendo que siempre “declaró todo” al fisco y, ante la revelación surgida de los Papeles de Panamá, dijo: “La verdad es que ni me di cuenta”.

Texto: Hugo Muleiro, Escritor y periodista, presidente de Comunicadores de la Argentina (COMUNA).

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