Tú estás aquí
Inicio > Emancipadxs > Jessit Ortiz: de adicción, calle, engaño y robo al rescate de otros como él

Jessit Ortiz: de adicción, calle, engaño y robo al rescate de otros como él

Tiene 38 años. Es trabajador social y cumple labores de analista en el área de captación de la Misión Negra Hipólita, fundada en 2006 para el rescate de personas en situación de calle. Antes, Jessit Ortiz fue “educador de calle”. Salía con un grupo en busca de personas para que fueran atendidas, desintoxicadas y devueltas a la dinámica social, a través del trabajo.

No siempre fue así. El joven Jessit se sentía rechazado en su familia. Percibía “preferencia” por alguno de sus hermanos (tiene un hermano y una hermana). La raíz de este mal es la falta de afecto hacia las personas, reflexiona. “Dirán: ‘Ajá, ¿y dónde está el amor hacia ti mismo?’ No, eso influye: a través de las emociones puedes destruir a una persona”.

Buscó cómo llenar ese vacío. Como “casi siempre” sucede, se topó con alguien que le dijo “prueba esto y verás que te hace olvidar y te vas a sentir chévere”. Primero, el alcohol y el cigarrillo; luego probó la marihuana. Siguió hasta caer en la piedra. Se alegra de no haber llegado a la heroína: podría haber sido mucho peor.

Nacido en Paraguaipoa (estado Zulia), comenzó a estudiar Educación Integral en la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL) de Maracaibo. Ya consumía. Faltaba a clases, no rendía. Dejó los estudios, se mudó a Caracas: allí ya estaba su hermano.

Comenzaron los problemas: robaba a su hermano. Las cosas las vendía o cambiaba por drogas. De esos tiempos recuerda dos episodios clave: después de una noche movida, llegó ante su hermano buscando dinero, cortado en el mentón, producto del pico de una botella en manos de un jíbaro. “Te voy a dar, pero eso sí: hasta hoy me buscas, olvídate de que yo soy tu hermano”. Su madre, con la que al final duró cerca de 5 años sin contacto, llegó a más: “Hazte el cargo que yo para ti morí porque tú para mí ya moriste”.

Por un pan… con salsa

Tras el último incidente con su madre, comenzó a dormir en pensiones, en hoteles –cuando “conseguía” cómo pagarlo–. De allí vinieron las pernoctas en las plazas, a quedarse sentado en rincones, a dormir en algún cartón. “Después agarré la calle”. Se refiere a cuando la calle pasó “formalmente” a ser “su” sitio.

Pero la basura no es el sitio de nadie. Lo que más lamenta es haber comido de los desechos de otros: cazaba perros calientes o hamburguesa que no fueran comidos completos. A veces le tocaba esperar hasta las 2, 3 de la mañana y lavar el carrito de perros calientes. “Para que me dieran un pan… con salsa”.

Llegó un momento en que tenía alucinaciones auditivas. “Yo escuchaba voces, escuchaba burlas, risas; decían ‘mátalo’, ‘dispárale’, cosas así, y era como un tormento. Después que pasaba, me decía: “¿Por qué yo tengo que hacer esto si es una tortura? ¿Lo hago para torturarme?”.

Considera ese como un punto de inflexión. Le evitó el destino de otros tantos con los que coincidió en aquella época: muchos han muerto. “Bastantes veces me apuntaron con armas, gente que engañé, robé, que le quité mucho dinero”.

***

Fue a dar con otras personas a una invasión en Quinta Crespo, lugar al que en el año 2006 llegó Jorge Luis García Carneiro, para entonces ministro de Participación y Desarrollo Social, al cual se adscribió la naciente Misión Negra Hipólita (que a comienzos de 2016 –a 10 años de fundada– superaba las siete mil personas atendidas, reseñó Telesur). Los convocó, les ofreció una oportunidad.

Su rehabilitación duró alrededor de 1 año y 8 meses. Fue intensiva. “Te ponen a hacer siempre algo, siempre estás ocupado, pasas de un trabajo a otro. Mantener a las personas sin nada que hacer, eso también conlleva a la recaída”.

En 2008 estudió de manera intensiva en Cuba, por lo que hoy es Trabajador Social Comunitario. Cerca de la mitad de sus compañeros tuvieron recaídas. Él no. Estuvo entre las cuatro personas rehabilitadas de ese grupo que pasaron a trabajar en Negra Hipólita. En ese entonces, ganaban una beca salario, inicialmente, para luego pasar formalmente a la nómina.

A pesar de que “el rehabilitado lo que aprende es a controlar la ansiedad por el consumo de drogas. Los primeros 3, 4 años, eso sigue allí: las ganas. El cuerpo se acostumbra, es como las personas que toman café…”.

Lo que más le ha costado, lamenta, es recuperar a su familia. “Lo tratan a uno, te llevan a la casa, pero todavía está el recelo”. Llega, por ejemplo, a las 12 del mediodía, y a las 2, 3 de la tarde ya lo están botando. “No se te vaya a hacer tarde”, le dicen.

Agradece, sin embargo, la persona que es hoy, y que espera le reconozcan quienes le perdieron la fe: hoy en día tiene la oportunidad de abordar a personas en situación de calle y darles la mano que necesitan para salir adelante.

Le gustaría estudiar Psicología. Aunque duda –parece difícil que se lo imagine–, quisiera una familia propia. Mide su sensibilidad de ahora en contrapeso con un aprendizaje central de la calle: “Una cosa es ser solidario con la persona que realmente uno ve o cree que se lo merece y otra cosa es apoyar la sinvergüenzura o dejarse manipular, porque una de las cosas que tiene la persona en situación de calle, es que es el rey de la manipulación. Yo fui manipulador, conozco cuando me vienen con manipulación. ¿Solidario? Sí, pero cuando debo serlo y con quien debo serlo”.

***

ccs-cafe-001

Tras 8 años de calle y otros tantos de drogas, Jessit pasa sus días con añorada rutina. Vive más allá de Catia La Mar, estado Vargas. Entre semana, se levanta a la 4:30 am, se baña, prepara una comida ligera que lleva a su trabajo. No cumple el horario de oficina: “Siempre me quedo un poquito más, apoyo en todo lo que pueda apoyar”.

Actualmente apoya en alguno de los tres puntos de calle donde la Misión entrega una comida a personas en situación de calle. A eso de las 7 de la noche enfila el rumbo de regreso a su habitación, a la cual no llega sin antes montarse en dos camionetas y un mototaxi.

No sale mucho en sus ratos libres. Rara vez va a la playa, que tan cerca tiene. “Soy muy casero, ¿sabes? Porque yo duré mucho en la calle para a estas alturas de mi vida estar en la calle. Los viernes compro películas y los sábados y los domingos me pongo a mirarlas”.

Texto: Juan Ibarra (@juansibarra).

Fotos: Orlando Herrera (@orlandohfoto).

Comentarios

comments

Top