Tú estás aquí
Inicio > Noticias > Hacer la luz: la experiencia productiva de estos estudiantes de bachillerato

Hacer la luz: la experiencia productiva de estos estudiantes de bachillerato

“La luz es como el agua”, fue el título que le dio Gabriel García Márquez a un cuento de dos pequeños hermanos que navegaban sobre chorros de luz en el quinto piso de un apartamento, en una ciudad sin mar. De haber sucedido en la Escuela Técnica Industrial Gregorio McGregor, en Coche, Caracas, los personajes del escritor colombiano habrían descubierto el océano. Aquí, los estudiantes reparan mensualmente casi mil bombillos para su comunidad.

Todo comenzó en año 2015. Había una gran necesidad por parte de estudiantes y profesores de que se iniciara un proceso de transformación curricular. ¿Por qué? Las escuelas técnicas tienen un área académica y otra profesional, las y los estudiantes se preparan de forma integral en áreas como mecánica, carpintería o electricidad. Ellos deben cumplir una etapa de vinculación con el trabajo para una empresa, por lo general siempre se trató de una instancia privada. Esa etapa está pensada para que inicien a nivel práctico su desarrollo profesional. Pero dentro de los debates que fueron dando apareció una idea: la Escuela podría conformar su propia empresa de producción social (EPS) en lugar de trabajarle a una empresa privada.

Así se fue haciendo más claro que esa transformación de las escuelas técnicas se podía dar en forma de proyectos socioproductivos. Lo primero fue pedir el apoyo de la Gran Misión A Toda Vida Venezuela (Gmatvv), una política generada en el año 2012 bajo el mandato de Hugo Chávez, y cuyo esfuerzo está orientado a implementar acciones que fortalezcan ambientes para la convivencia solidaria, la paz y el desarrollo pleno. Se realizaron mesas de trabajo entre la Escuela y la Gmatvv para ver si era viable desarrollar un emprendimiento productivo. “El resultado fue que vieron que tenemos una gran fortaleza, que somos agentes productores, a pequeña escala, por ahora. Sin embargo, nuestro principal objetivo no es producir, sino enseñar produciendo”, cuenta Francisco Botifoll Merentes, director encargado y profesor de electrónica de esta Escuela Técnica desde hace 17 años. La Gmatvv no sólo apoyó las mesas de trabajo, sino que dio acompañamiento sobre cómo hacer un proyecto, cómo llevar la contabilidad y los procesos administrativos para que los estudiantes sepan cómo manejar recursos.

¿Quién dijo que las mujeres no?

Siempre veía a su primo trabajar con computadoras. Así supo qué era una resistencia, un componente. Se fue interesando por la robótica. “De la electrónica lo que más me gustó es que se trata de reparar, construir, reciclar, con elementos que se pueden aprovechar”. Marianyili González entró en la Escuela Técnica desde el primer año, ya está en sexto, a punto de salir. En cuarto año eligió la electrónica como especialización. Al inicio del segundo lapso de ese cuarto año arrancó el proyecto de reparación de bombillos, desde entonces ella forma parte del grupo estable. “La diferencia de mi vida entre cómo era antes la Escuela y cómo es ahora, es que se está produciendo dentro de las especialidades que aprendemos. Crecemos como Escuela y las personas de Coche se benefician mucho. Tenemos una base de conocimiento que nos puede ayudar, puedo aportar ese conocimiento en mi casa, apoyar a mi familia”.

Sobre los prejuicios de la participación de las mujeres en emprendimientos relacionados a campos que socialmente han sido desempeñados por hombres, Marianyili no duda en decir: “Yo me siento capacitada como mis compañeros, para mí no tiene nada que ver si soy mujer. Igual reparo, hago soldadura”.

Este cariño y conciencia del hacer no surgió de un día para otro. El principal esfuerzo fue lograr que cada estudiante entendiera la gran dimensión de su labor. Empezaron por un componente pedagógico, para que fueran conscientes del significado y la importancia del ahorro energético. Esa fue la prioridad. Después vino el componente técnico: conocer y trabajar con transitores, conectores, circuitos electrónicos, transformadores. Esta parte técnica también problematizó realidades como el alto costo de las piezas electrónicas y cómo los estudiantes podían aprender a repararlas y reutilizarlas. El último componente es el productivo, o la aplicación del conocimiento a favor de la comunidad, aquí ya vincularon su conocimiento con la vida, con su realidad.

mcgregor-13

Transformar la realidad

Estos proyectos han dado un saldo positivo para la comunidad, para los estudiantes y profesores. Han dado respuestas a problemas del contexto vecinal y del país. “Si estamos hablando de ahorro energético, nuestro aporte es reparar los bombillos ahorradores que en muchos casos el Gobierno Nacional dona a las familias. Nuestro aporte, aunque parezca muy insignificante, consiste en reparar y duplicar la vida útil de un bombillo ahorrador que nos es entregado por esas familias que viven en las zonas cercanas. Cobramos un precio muy por debajo de lo que se consigue en la calle, y gran parte de los ingresos están destinados a la parte administrativa de la Escuela”, explica Botifoll.

El principal objetivo: que los estudiantes no vayan a las clases “a llenar un cuaderno”, sino a aprender, a desarrollar una profesión y que participen en la transformación social de sus comunidades a partir de los conocimientos aprendidos en la escuela.

La idea es cambiar incluso las dinámicas tradicionales de los tiempos escolares, por ejemplo, cuando en las vacaciones se cierran las escuelas, esta institución piensa que debería permanecer abierta, funcionando en el espacio socioproductivo. Cambiar dinámicas escolares no es tan sencillo pero ya consiguieron una solución: primero deben seguir pasos legales para ser no solo un ente educativo sino un emprendimiento socioproductivo. Y luego, vincular la parte legal por medio del Consejo Educativo para formalizar las entradas y egresos obtenidos. Este Consejo trascendió además las viejas estructuras, ahora está conformado por un Comité de Contraloría, uno de Economía y otro de Infraestructura, todos encargados de liderar la administración a nivel de EPS, todos integrados por vocerías de la comunidad, profesores, personal obrero y estudiantes. El Consejo Educativo ya no está centrado en un director.

mcgregor-12-2

En marcha con más

En esta misma Escuela se quería abrir una Misión Educativa en las noches. Pero para alumbrar el espacio necesitaban noventa y nueva bombillos y la misma cantidad de sócates. Ellos podían poner los bombillos, pero no tenían los sócates. “Ante la necesidad pensamos en por qué no los hacíamos si tenemos el conocimiento y podíamos conseguir los materiales”, cuenta el director. En unos meses empezaron a recuperar aluminio para fundirlo y hacer el enrosque, y para la base solo les faltaba arcilla líquida y molduras que ellos mismos pueden producir. Es decir, el 95% de la materia prima la tienen a disposición, sin necesidad de importar nada, bajo los principios de reciclaje y de reutilización. Ahora el proyecto incluye la reparación de bombillos y están organizando todo para la fabricación de los sócates.

Ha sido una experiencia exitosa que demuestra que lo aprendido en las escuelas no es letra muerta, que es importante que docentes confíen en los poderes creadores de los chamos, que una institución educativa debe ser un espacio de producción, una oportunidad de fortalecer la confianza de las y los estudiantes, un lugar donde poner en práctica los conocimientos. Como dice Botifoll: “Un estudiante debe sentirse útil, debe tener sentido de pertenencia y ser un agente de solución de problemas en base a lo que suceda en su entorno”.

Así pasan los días en una Escuela en Coche. Un edificio educativo negado a ser un elefante blanco. Un lugar lleno de una luz que, como en el cuento de García Márquez, se desparrama por sus pasillos, salones, fachada y alumbra a las comunidades. Esta es la escuela que logró que estudiantes como Marianyili sientan y digan: “A mí me gusta lo que hacemos porque ayudamos, porque en un futuro podemos darle este conocimiento a los estudiantes más jóvenes. Hoy puedo describir con una sola palabra esta experiencia: orgullo. Orgullo de mí, de mis compañeros, de mi escuela”.

Texto: Katherine Castrillo/ Contacto: @ktikok

Fotografías: Milángela Galea y Alyuri Jiménez

Comentarios

comments

Top