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Estandarizar para excluir. O del “feminismo” de Hillary y Beyoncé

Cuando el sistema apruebe alguna tendencia que parezca moderna, asústese y sobre todo, sospeche. Si a Hillary Clinton y Beyoncé se les considera feministas dude, y sobre todo, arréchese, indígnese e investigue. Los mass media se aprovechan de cualquier movimiento antisistema que llame a la gente a la rebelión para hacer de ello un producto empaquetado, abrillantado, despojado de cualquier contenido político-social y fácilmente consumible. La magia de la publicidad transforma cualquier lucha legítima en una marca llena de colores y no solo elimina lo que lo convierta en una amenaza, sino que al mismo tiempo lo transforma para que le genere ganancias. Así de brutal es, así de efectivo.

Para Luis Britto García no solo “la guerra es la continuación de la política por otros medios” como dice Clausewitz, sino que además, la política es la continuación de la cultura por otras vías; en otras palabras, la cultura es la salida bélica cuando el conflicto no ha llegado al punto de usar las armas de guerra, en estos casos, se usan las herramientas mediáticas, culturales, mucho más efectivas y duraderas. Al mejor estilo huxliano este nuevo siglo lo caracteriza una humanidad (occidental) dominada por el placer y la ignorancia, el consumo desmedido, el hedonismo 2.0.

Para acabar con el enemigo, en estos casos de guerra 2.0, no se usan bombas atómicas o nucleares, se usan televisores, accesorios, gadgets, internet y redes sociales, se usa música, juegos de video y libros, todos con un único mensaje “consume, únete a nosotros porque somos inclusivos y tenemos mucho placer para ofrecer”. Por esta razón no es extraño que las “feministas” gringas hayan realizado una campaña hace unas semanas en favor de Hillary Clinton. La utopía de las mujeres rompiendo el techo de cristal que la guai jaus ha impuesto por décadas se cumple con esta mujer supuestamente de avanzada que representa los intereses de todas las mujeres del mundo, claro, siempre y cuando estas mujeres sean blancas, norteamericanas, clase media, heterosexuales y cristianas; del mismo modo como supuestamente se había hecho historia, en su momento, teniendo al mando de la presidencia gringa a un negro, presunto representante de toda la negritud mundial (y sus reivindicaciones) ahora se propone, bajo el mismo discurso, a una mujer, pero no a cualquier mujer, así como Obama no es cualquier negro, y si no me creen pregúntenles a los habitantes de Fergunson cómo les ha ido con sus reivindicaciones.

En los ochentas y noventas estuvieron de moda los negros en la tv: Eddie Murphy, Bill Cosby, Will Smith, Danny Glover, Denzel Washington, eran nombres recurrentes en las pantallas de televisión, la idea era mostrar lo inclusivos que eran los gringos al colocar a héroes y protagonistas negros en nuestras pantallas, demostrando con esto que en el país de las libertades había espacio para todo el mundo. En teoría esto parece maravilloso, pero la realidad choca de forma grotesca con esta ilusión. No ha pasado tanto tiempo y es fácil recordar, por ejemplo, como Danny Glover era el amigo terco, gracioso y sucedido de Mel Gibson en Arma mortal, o como Eddie Murphy era el policía jocoso, ingenioso y con inteligencia de calle en las miles de películas que hizo en los noventas. Incluso en el cine infantil notamos que las voces de las hienas secuaces de Skar de El Rey León eran voces con marcado acento negro o que el mono que le cantaba a Mowgli “Quiero ser como tú” en el Libro de la Selva entonaba su son al ritmo del blues negro del sur de los yunaites. En los setentas y los ochentas se luchó por la reivindicación negra, y esa fue la respuesta del sistema, “ya tienes tu representación, que es nuestra interpretación de su cultura, ahora cállense y disfruten del espectáculo” y así lo hicieron.

Esto mismo ocurre en la actualidad. Y no solo con las reivindicaciones “feministas”, los grupos sexo-género-diversos han sido tomados también por el sistema. “Yo nací de esta forma” es el himno de moda cantado por Lady Gaga, el ícono más reciente de la cultura gay, que no solo ha sacado muchísimo rédito de sus letras “pro-gay” sino que difunde un mensaje terriblemente peligroso al decir “yo nací así, acéptame como soy” visto que sus letras no incitan a criticar al sistema, que inicialmente es quien lo señala por ser “así”, simplemente está diciéndole al sistema “ven, acógeme en tu seno, yo no quiero pelear contigo, solo quiero pertenecer a ti”, y con esto pone fin a cualquier discusión que se preste al análisis estructural del problema real. Esto es lo que ocurre hoy con infinidad de series que supuestamente muestran a la diversidad sexual y a mujeres “abiertamente feministas”, en ambos casos estos grupos no buscan visibilizar la causa real para poder atacarla, sencillamente se organizan para tomar más espacios en los mass media y de este modo ser reconocidos y cooptados, para ser asimilados por la hegemonía del que pertenece a, independientemente de que esa pertenencia sacrifique la reivindicación real.

Al mejor estilo de la medicina occidental que no ataca el origen de la enfermedad sino su manifestación, la exigencia de muchos de estos grupos actuales, de estos “activistas por los derechos de” se quedan en la superficie del problema porque viven una existencia de realidades virtuales, de espacios mediados por pantallas y cables, ellos no piden la cura, ellos piden la pastilla, esa que alivia el estrés, que adormece el dolor, que pretende calmar mientras la verdadera enfermedad se filtra libremente y los arropa por completo.

Texto: María Victoria Alen

Imagen de portada: Mayermis Pérez

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