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El retroceso también es un cambio

La mañana del 5 de enero me recordó a muchas otras en las que nos hicimos una corriente que fluía hacia el corazón de Caracas. Teníamos muchas expectativas de cómo se desarrollaría una jornada que nos encontraría como testigos de la asunción de la derecha al poder legislativo.

Con mi papá caminé desde Caño Amarillo hasta la Av. Baralt, viendo cómo se movilizaban las masas a las diversas concentraciones que terminarían siendo un solo bloque desde el rincón del taxista, las escalinatas del Parque Ezequiel Zamora, Puente Llaguno, Miraflores, la plaza Bolívar y la Lina Ron. Seguí caminando, buscando a unos conocidos y encontrándome a otros, hasta que nos concentramos con varios grupos en la Lina, esperando las declaraciones.

Mientras conversábamos, una periodista de un nuevo portal web de noticias me abordó, preguntando por qué estaba apoyando a los diputados del PSUV, y que si para mí la Revolución era libertad. Le contesté que soy literal y subjetivamente un hijo del 89’. Que, como muchos, me hice en tiempos de Revolución. Que venimos de una dinámica de construcción y reflexión constante, de largos debates y de asumir desde muy temprana edad el compromiso de hacer país, de trabajar más allá de éxitos y pretensiones personales. Le recordé que mi generación ha sido partícipe de un proceso que nos formó con un lenguaje complejo, y fuimos testigos de cómo nos transformamos en seres profundamente politizados. Que decir libertad se quedaba corto. Que más allá de una gestión legislativa y ejecutiva, la Revolución para nosotros es el impulso y la necesidad de transformar este mundo en uno más justo. Que esa certeza habita en todas nuestras células.

Seguí recorriendo la plaza, y pasé al lado de un grupo de chamines con una bandera que decía “Somos otro beta”. Recordé que cuando estudiaba en el liceo, el tiempo en que tanto se demonizaba a los Círculos Bolivarianos, me llamaba a mí mismo un chavista armado, y del morral sacaba la Constitución y la Lopnna (Ley Orgánica para la Protección del Niño, Niña y Adolescente), que tenía a mano junto a mis útiles escolares. Leíamos y discutíamos con mis compañeros de clases lo que significaba la desobediencia civil, que tanto sonaba en ese entonces.

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Con doce años mi mamá me decía que debía estar muy atento a lo que pasaba a mi alrededor, que estábamos viviendo la era más importante de nuestra historia y que éramos muy afortunados de vivirla. Y desde entonces cada vez que salíamos a juntarnos como pueblo en una marcha o concentración me tragaba con los ojos todo lo que veía y escuchaba, tratando de grabarme las imágenes, los gritos y las consignas que tronaban.

Cuando me acerqué a la plaza Bolívar, se escuchaba una consigna (“Si el pueblo se arrecha”) con dos variantes (“se acaba la derecha” y “se caga la derecha”). Y entonces pasó alzada en hombros hacia la Asamblea, con sus pompones y su vestimenta roja, Caperucita. Ahí se hizo una la voz que no variaba, y todos esos poderes creadores del pueblo que reconocía Aquiles Nazoa, eran una potente ola que iba en su dirección apoyándola y aplaudiéndola. Porque somos un río crecido de fuerzas con muchos matices que pujamos hacia la misma dirección.

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Nos quedamos cerca de la estatua de Bolívar cuando empezó la sesión. Fuimos testigos de cómo sin tener 10 minutos en el cargo, Ramos Allup hizo gala de su conocimiento político de manual, y con aires de grandeza mandó a callar al pueblo en el hemiciclo (para él, reducido a “barras”, como si la cosa fuera un partido de fútbol). También fuimos testigos de cómo mostró los colmillos: “El cambio que estamos proponiendo es constitucional, pacífico y democrático, ofrecimos que en un lapso de seis meses ofreceríamos un método para cambiar el gobierno por vía constitucional y lo cumpliremos”.

De esta forma el nuevo presidente de la AN deja abierta la puerta a un Golpe de Estado parlamentario al gobierno o la convocatoria de un referendo revocatorio. El saboteo desde el poder legislativo está servido y a la carga. Afuera, el pueblo lo rechazaba y lo abucheaba con rabia y contundencia. Cuando se nombró la directiva, vimos cómo se acababa la representación de las mujeres y se saludaba al nuncio apostólico.

Todo el que se ha ido a su casa en una camionetica o un jeep, o que ha visto cómo se maneja un carro sincrónico, sabe que el retroceso también es un cambio. La vuelta de AD al poder en la figura de Ramos Allup autojuramentado, el zorro viejo más experimentado que tiene la “coalición” opositora, representa un cholazo profundo para atrás, “queriendo ir hacia adelante”.

Ver a AD en la silla de la presidencia de la AN fue encontrarme de nuevo con los periódicos que mi abuelo leía y me decía “hijo, los adecos son una profilaxia”, mientras rayaba con bolígrafo “sucio, rata, ladrón”, señalando con flechas a los políticos.

Como dijo Tania Díaz, la historia política del país ha retrocedido 30 años. Américo de Gracia, diputado de La Causa R, inició su intervención adulando a Pastrana, también al nuncio apostólico. Pero lo que más resaltó fue cómo desplegando sus alabanzas a las credenciales de Marrero, el abogado de Leopoldo López electo como Secretario de la AN, vuelve al escenario la política del título nobiliario de la meritocracia, de la medida ilustre, de la casta sagrada, de la sangre azul y los apellidos. Quizás más de 30 años.

Luego vino el forcejeo y la imposición de un derecho de palabra fuera de lugar a Julio Borges, que presentó una agenda legislativa en la que mostró cómo se gobierna para pocos ofreciendo una Ley de Amnistía que beneficiaría a menos de 50 personas en el país, todos victimarios y responsables de las destrucciones y muertes de venezolanos en escenarios de desestabilización creados por ellos mismos y que son parte del teatro que los llevó a ocupar los curules en la Asamblea. Después, en un falso tono conciliador, habló de la Misión Vivienda y nuestros tres millones de pensionados, logros legislados y gestionados por nuestro Gobierno, que con sus propuestas pretenden mercantilizar. Sería callado secamente por un “Julio, tiempo”.

En la plaza el pueblo se apiñó en la esquina, más caliente que nunca, a recibir al Bloque de la Patria que salió del hemiciclo en rechazo de la violación del reglamento de interior y debate, que no contempla en la sesión de instalación derechos de palabra a ningún diputado. Escuchamos a Cilia Flores y Héctor Rodríguez, medimos la victoria de la dignidad de nuestra fuerza que logró imponer la sanción a los diputados de Amazonas y reconocimos la tarea que nos toca en la organización y reacomodamiento de las fuerzas revolucionarias en el momento que nos toca. Tenemos Revolución y calle para rato.

Alí cantaba No dejaremos que cierren la digna puerta que siempre estuvo abierta a la vida, y así haremos con la AN, pues esta, desde que es Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela ha ejercido la vocación de servicio de construir el marco jurídico que pueda crear las condiciones para que la vida de los venezolanos sea más digna.

Queda en nosotros la responsabilidad de ser cada vez más astutos en nuestras acciones, de acompañar a nuestra fracción desde todos los espacios conquistados, pues aunque en las últimas elecciones fuimos minoría electoral, somos una mayoría social consciente, con proyecto político y convicción, movilizada en la calle y protegiendo sus logros.

Recordando a Mao Tse Tung citado por Chávez, decía sobre el imperialismo norteamericano que Mirado por fuera parece un tigre, pero está hecho de papel y no aguanta un golpe de viento y lluvia. Ante este escenario nosotros no dejaremos que un amenazante tigre de papel intente tragarnos a todos, pues somos una jauría de pequeños tigres de acero para la paz. Aquí estamos.

Texto: Leonardo Perdomo/ Contacto: @Leoperdomo

Fotos: Milángela Galea

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