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Derrotar el terror de la incomunicación

Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance:

a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados.

Parte del texto en los folletos distribuidos por la  

 Agencia de Noticias Clandestina durante la dictadura, Argentina.

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Como pasar por acá para que Aquiles Nazoa cuente cómo una vez fue encarcelado “por escribir cosas inconvenientes, pero esto no tiene ninguna importancia. A cambio de este pequeño disgusto, el oficio me ha deparado grandes satisfacciones materiales y espirituales”.

Periodista venezolano. Autor de más de una veintena de obras, humorista, dibujante, poeta. Perseguido y encarcelado por escribir artículos a favor de los jodidos históricos, pobres, obreros, campesinos. Señalado por comunista. Intimidado hasta el hartazgo por la policía. Expulsado de Venezuela por el dictador Marcos Pérez Jiménez en 1956.

Antes de morir dejó sobre su escritorio un manuscrito: “Miren, hijos de puta, desde mis escombros, […] todavía les digo que lo ocurrido no fue de ninguna manera una derrota […] Nadie ha logrado matarme completamente jamás, a pesar de que todos ustedes se conjuraron para coserme a puñaladas. Pues yo soy inmortal porque yo soy el pueblo”.

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“La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años.” Escribió Rodolfo Walsh en 1977 en su “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar”. Un día después de fechada, la dictadura militar argentina le hizo una emboscada y se lo llevó.

Su hija, María Victoria, había muerto un año antes. “Nosotros morimos perseguidos, en la oscuridad. El verdadero cementerio es la memoria. Ahí te guardo, te acuno, te celebro y quizá te envidio, querida mía”, le escribió a “Vicki” al saber la noticia de su muerte.

Walsh, periodista, traductor, investigador, dramaturgo. Una de las principales voces que transgredió la narrativa periodística latinoamericana. Desde su secuestro, su cuerpo sigue desaparecido.

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Lo fueron a buscar dos veces. Aunque cumplía funciones de director en la televisora estadal, TV Cultura, Vladimir Herzog era militante del Partido Comunista de Brasil y de eso se le acusaba. Decidió presentarse voluntariamente ante el Centro de Operaciones de Defensa Interna. Fue hasta el antiguo edificio de la calle Tomás Carvalhal en el barrio Paraíso de São Paulo. Era 1975 y Brasil estaba bajo el régimen del dictador Ernesto Geisel. Al llegar lo encapucharon, lo ataron a una silla, lo asfixiaron con amoníaco, lo sometieron a palizas y descargas eléctricas, en fin, la Comandancia Militar siguió al pie de la letra el manual. Lo golpearon hasta matarlo. Dijeron que se suicidó en su calabozo.

Herzog trabajó en la primera película en utilizar sonido directo en Brasil y durante su vida se dedicó al cine y al periodismo en paralelo. La causa por su asesinato prescribió en el 2005. Su muerte quedó impune.

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Era actriz, productora de cine y de programas infantiles para la televisión. Actuó en las películas La tierra prometida, de Miguel Litin y A la sombra del sol, de Silvio Caiozzi y Pablo Perelmann. Se llamaba Carmen Bueno, tenía 24 años, hacía bordados artesanales. “Tenía un espíritu creativo”, escribió su madre. El 29 de noviembre de 1974 iba con su novio Jorge Muller a Chile Films, donde trabajaban. En el camino fueron interceptados por agentes de la Dirección de Inteligencia Nacional, bajo acusación de ser militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, y trasladados a un centro de detención. Fue torturada hasta que se le paralizaron las piernas. Varias personas sobrevivientes dieron testimonio de haberla visto, y de “que se quejaba de dolores en la vagina y en las manos, producto de los castigos a los que había sido sometida”. Las fuerzas represoras bajo el mando de Pinochet negaron haberlos detenido. Carmen y su compañero fueron incluidos en una lista de 119 chilenos supuestamente asesinados combatiendo en “acciones guerrilleras en diferentes países de América Latina”, publicada por revistas y diarios en Brasil, Argentina y Chile. Nunca fue encontrada. Nunca dejaron de buscarla. “Te busco en mí,/ rasguño la memoria”, dice el poema escrito por su hermana.

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Desde que Mauricio Macri asumió la presidencia en Argentina, poco más de treinta días, ya se intervino la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca) y la Autoridad Federal de Tecnologías de la Información (Aftic). Hay trabajadores de radio en peligro de despido, varios programas de televisión (678, por ejemplo) fueron sacados del aire. Y en estas decisiones de no continuidad de “lo otro”, salió también del aire “La mañana”, el programa conducido por Víctor Hugo Morales.

El resto del texto en los folletos distribuidos por la Agencia de Noticias Clandestina era: “El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información.”

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La actual Asamblea Nacional venezolana (nueva en temporalidad, decrépita en ideas), ya manifestó su interés en “revisar” la Ley Orgánica de Telecomunicaciones y Ley de Comunicación e Información, porque los medios privados tienen problemas con el “uso” del espacio radioeléctrico. ¿Qué nos queda en esta etapa? No esperar únicamente por políticas comunicacionales dependientes de mecanismos estadales que puedan ser anuladas y censuradas durante las “transiciones” de “nuevas” gestiones o gobiernos. Hay un sendero que debe andarse con urgencia: la creación de nuevas ideas para una comunicación con voces, gestiones y formatos propios, hacer comunicación desde la palabra metida en el profundo corazón de la base creadora. Hacer viva la lucha de quienes fueron silenciados por un tiempo oscuro. No olvidar, como dijo Nazoa, que los rejuvenecedores del mundo siempre fueron “señalados como enemigos de alguna de esas grandes palabras con que la sociedad que ha envejecido nombra sus intereses. No hubo época en la que el portador de alguna idea nueva no fuera objeto por los personeros de las ideas viejas, de las más atroces persecuciones o terribles castigos.”

Que no nos vuelvan a callar. Derrotemos el terror con una comunicación de calle, campesina, disidente, obrera, negra, marica, crítica, profunda y permanente.

Texto: Katherine Castrillo. @ktikok.

Foto de portada: Alba Ciudad.

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