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De Tiquipaya a París

Camina Lubi por la calle que va de la plaza central de Tiquipaya – Cochabamba, Bolivia – a la Universidad en donde se celebra la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre Cambio Climático y Defensa de la Vida, piensa en cuál de las 12 mesas de discusión participará mientras come un choclo y guarda la bolsa de hojas de coca en su bolso. La acompañan ríos de pueblos con banderas y consignas, organizaciones de mujeres, indígenas, campesinxs, investigadorxs, activistas, dirigentes de centrales, subcentrales, ayllus, intelectuales y una diversidad de corazones movidos por la determinación de declarar su pensamiento contra las consecuencias de la desigualdad ocasionada por el modelo depredador de la naturaleza que se nos ha impuesto y nos está matando.

Sayib en París lee la nota de Prensa sobre la conferencia convocada por Evo Morales, se emociona al reconocerse en una misma lucha y busca en un mapa la ubicación exacta de Tiquipaya. Tiquipaya es pequeña, mas pequeña que La Paz piensa Lubi, y se pregunta: ¿cómo será París en donde los gobiernos del mundo decidirán entre el Capitalismo y la vida?

Del 30 de Noviembre al 11 de Diciembre se realizará en Le Bourget en las afueras de Paris la COP21 / CMP11 – La Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2015–. En este espacio se trabajará por un nuevo acuerdo mundial aplicable a todos los países que permita hacerle frente al problema socioambiental y político más importante por el que atraviesa la humanidad: El Cambio Climático.

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El borrador del nuevo acuerdo mundial climático, que tiene como objetivo mantener el calentamiento global por debajo de los 2ºC (las organizaciones y movimientos sociales demandan 1.5ºC) y que ha sido trabajado hasta ahora por los gobiernos es una declaración del carácter mercantilista de la visión de los que buscan una supuesta solución al problema. Mercados de carbono, mecanismos de reforestación como negocio, la deshistorización del conflicto climático, el intercambio mercantil y desigual de tecnología, entre otras falsas soluciones es lo que plantea. Formas todas de control y cosificación de la naturaleza y manifestaciones de una realidad mucho más perversa: la mercantilización sobre las consecuencias del cambio climático producto de esta misma cosificación. En otras palabras, la desmovilización de las comunidades, la profundización de la pobreza y la desigualdad, la contaminación de las aguas y los alimentos y la imposibilidad de la reproducción de la vida ante el aumento de la temperatura del planeta son vistas como oportunidades para hacer negocio por parte de las corporaciones, transnacionales y gobiernos. La naturaleza y nuestra imposibilidad de relacionarnos con ella – y como parte de ella – no es más que mercancía en el nuevo acuerdo climático que se “negocia”.

Ante este escenario, en Tiquipaya, Lubi y alrededor de 50 organizaciones sociales de diversas partes de mundo levantaron la voz nuevamente, luego de la primera reunión en el año 2010 en ese mismo lugar. Se abrieron 12 mesas de discusión, se debatió dos días y se produjo una declaración que es esencialmente opuesta al documento que posiblemente se apruebe en París: Declaración de la conferencia mundial de los pueblos sobre cambio climático y defensa de la vida. Tiquipaya – Bolivia.

Al cierre de la conferencia, Petro de Bogotá señaló cómo lo que fue vida ayer hoy representa la muerte – refiriéndose a la globalización mercantil de la economía fósil – y asomó la contradicción nuclear del conflicto climático: “hoy se nos viene encima una realidad a la cual tenemos que hacerle frente…hoy la economía de la muerte hace que la contradicción fundamental sea entre el capital y la humanidad entera, entre el mercado y la vida misma…por tanto la lucha que empieza …es una lucha universal por la vida” .

En las evaluaciones sobre la situación actual con miras a la COP21 se discutía: “El documento que irá a París es diametralmente opuesto a lo que acá estamos discutiendo” observó Fernanda de Argentina. “Hay que salirse de esos lugares hechos con nuestra sangre y riqueza (hablando de París) para pensarse diferente” apuntó Manuel, líder sindical. “La COP21 es una farsa, habría que desconocerla” señaló el coordinador de la mesa 18 (mesa autoconvocada a las afueras de la conferencia por las organizaciones opuestas al gobierno boliviano) y quien también participó de las mesas de la conferencia. “El hombre blanco vive en un mundo cuadrado y el mundo es circular” comentó con sabiduría Miguel. Oswaldo, indígena Licanantai, advirtió: “Se van a arrepentir de no haber escuchado a los pueblos indígenas, yo sé de lo que hablo, nosotros lo sabemos ya, les pido que se preparen, la tierra está con dolores de parto”.

Sin embargo y a pesar de la posibilidad de una tragedia climática mundial irreversible, Lubi y las organizaciones y movimientos sociales que estuvieron en Tiquipaya expresaron su voz y demandas con miras a la COP21. La declaración de Tiquipaya 2015, como lo fueron Tiquipaya 2010, Margarita 2014 y Lima 2014 son las últimas alertas de los Pueblos a los gobiernos del mundo, pero son alertas desde la acción. Surge el llamado en una de las mesas de trabajo de Tiquipaya a un Seattle climático – en alusión a las movilizaciones históricas de los movimientos sociales altermundialistas contra la OMC en los años 90. París es el escenario de la última partida de un juego que lleva más de veinte años tratando de resolverse en las Naciones Unidas. Posiblemente Lubi no irá a Paris y aunque Sayib no conoce Tiquipaya lleva su voz, voz que advierte que la solución se encuentra una vez más en las organizaciones y movimientos sociales que van polifónicamente unidos en camino de Tiquipaya a París.

Texto y fotos: Liliana Buitrago.

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