Tú estás aquí
Inicio > Textos > De pie: Revolución, creación y cultura popular en #CicloSonARA

De pie: Revolución, creación y cultura popular en #CicloSonARA

“De pie, porque el rap se vacila de pie”. Lxs presentes atendieron al llamado. La afirmación fue acertada si se considera que la cultura hip hop es sinónimo de resistencia y rebeldía ante la exclusión social desde sus inicios. Pero si se tiene en cuenta que estas palabras fueron dichas en una sala de teatro —espacio en el que el rol del público se caracteriza por la quietud y la atención, y no por las manifestaciones de algarabía—, la frase adquiere un carácter desafiante que se contrapone a una lógica elitista del arte impuesta durante siglos.

La aseveración fue pronunciada por la rapera venezolana Knela, quien se mostró complacida de promocionar su última producción discográfica, Intuición, en el Teatro Simón Bolívar.

Knela. Foto: Gustavo Lagarde.
Knela. Foto: Gustavo Lagarde.

Su actitud, anclada en las nociones de reto y creación, se vincula estrecha y directamente a las dinámicas de la Revolución. Ambas responden al objetivo: demoler desde sus cimientos algunas estructuras —políticas, económicas, sociales y culturales—, y construir nuevos modos de desarrollo y convivencia en cada uno de esos ámbitos.

En ese sentido, la MC fue clara. Manifestó su postura ideológica de forma explícita, la dejó escapar en una fase: “Los valores del capital no pueden estar por encima de los valores humanos”. Minutos después, al cantar, expresó que su herramienta para combatir el sistema capitalista es el arte, manifestado en la composición de sus canciones, cuyas letras constituyen una crítica al consumismo, a las falsas necesidades, a los estereotipos de belleza, a la competencia constante y demás mecanismos con los que el capitalismo asegura su supervivencia.

Ante algunos cuestionamientos, confesó ser radical con sus convicciones y con la expresión de sus ideas, porque comprende que el carácter de la Revolución y de su aporte dentro del proceso debe ser trascendente: “Yo escribo para los que están por venir”.

Esa misma noche, la representación masculina del rap estuvo a cargo de Tyburcio, “el de las coplas rebeldes”, quien al llegar al escenario advirtió las diferencias de estilo entre él y Knela. Rebeldes son sus coplas y no sus rimas ni su flow. Esta identificación con lo latinoamericano, y especialmente con la música llanera venezolana, se manifestó a través del cuatro y las maracas en las pistas de sus canciones, acompañadas de anécdotas y refranes populares.

El rap venezolano desde sus inicios posee características —lenguaje claro y preciso, diversidad de temas que aborda, ruedas de freestyle— que lo distinguen en el territorio mundial e incluso suramericano. Se trata de diferencias afianzadas y diversificadas con la evolución del género en el país.

Por otro lado, las vinculaciones del rap con categorías alusivas a la violencia responden a sus orígenes. Al igual que en EE. UU., en Venezuela el rap surgió en los barrios y comenzó a ser un medio de expresión para lxs exponentes de la “vieja escuela”. Su sustento eran, en gran medida, las experiencias delictivas de la cotidianidad. Por ello, en sus canciones abundaban narraciones y opiniones al respecto. Al igual que los demás elementos del hip hop —djin, breacking y graffiti—, el rap se convirtió en una forma de hacer crítica y colocarse al margen de diversos órdenes establecidos.

La disidencia se ha mantenido hasta hoy día, nutriéndose de cambios notables y favorables. Las fusiones musicales, el abordaje de distintas temáticas y los múltiples tratamientos que de ellas se hacen son algunos de los aspectos más notables en este sentido. Pero quizá el trasfondo más importante, en el que se sostienen los demás factores, está ligado a la conciencia alcanzada por la mayoría de raperxs en la actualidad.

Como artistas —independientemente de estilo que lxs identifique— saben que manejan una herramienta de comunicación importante y que sus creaciones llevan consigo un impacto social, lo cual ha derivado en que el rap ya no sólo se remita a la crítica, sino a la interpretación, al análisis, y a las propuestas de reacción y creación. Es decir, el rap como herramienta de transformación.

Dentro de esta dinámica se podría comprender, entonces, el trabajo de Tyburcio, quien mientras cantaba, bailaba reggaetón y decía que iba a escribir una canción que sólo sirviera para vender, representaba y cuestionaba las letras “basura”, la payola y los demás vicios de la industria cultural en el ámbito musical. Dramatizaba e improvisaba, y las risas se oían en todo el auditorio.

Más adelante, aprovechó la oportunidad para hacer mención y tomar postura frente a ataques recientes, llenos de prejuicios y generalizaciones, con los que el rap y todos los movimientos emergentes y contraculturales deben lidiar: “Hay por allí, en contra de los raperos, manifestaciones de discriminación, clasismo y ‘mierdismo’, en las que se nos dice que somos brutos y no leemos. Los raperos tenemos que leer, porque tenemos la responsabilidad de escribir bien”.

Este tipo de ofensivas no son motivo de sorpresa si se tiene en cuenta que la cultura capitalista dominante, ante la amenaza de movimientos contraculturales, reacciona intentando apropiarse de sus símbolos para despojarlos de identidad, y definiendo su labor en términos económicos a fin de reducirlos a subculturas de consumo. En caso de no funcionar lo anterior, el descrédito y la invisibilización son su método de trabajo.

La tercera y última presentación correspondió a la rapera Arena, representante al igual que Knela, de la presencia femenina en el rap, la cual adquiere cada vez mayor fuerza y que, de hecho, predominó esa noche.

Para Arena, su presentación era un viaje, al cual invito al público. Puede decirse que se trató de un trayecto emocional, marcado por la seguridad con la que cantó, la confianza que manifestó por estar acompañada por amistades y demás asistentes, la rabia y la ironía con la que abordaba en sus canciones temas como el racismo y la homofobia, la alegría y la irreverencia al bailar, saltar y lanzarse al suelo.

 “Yo escribo para escribir de más y menos de lo mismo”, dijo al despedirse. Repitió varias veces la frase, quizá porque en ella se encuentra inscrito el sentido de su capacidad creadora.

***

El concierto de Knela, Tyburcio y Arena formó parte del ciclo “SonARA”, impulsado por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura, en cuya programación resuenan los nombres de Afrocódigos, La Séptima Bohemia, Grupo Herencia, Viover y Los Piraos, Reis Bélico, Bituaya, Dame pa’ matala, La Radio Candela y El Cuarteto, por nombrar algunos.

La importancia de esta iniciativa responde a las nociones de integración e inclusión, tanto para artistas independientes como para el pueblo, en espacios restringidos en el pasado para estos sectores. Pero la cuestión no se reduce a la ocupación de un lugar, sino a la posibilidad de afianzar nuestra identidad, de conocernos y reconocernos en nuestra diversidad a través de la cultura. ¿No es acaso el encuentro de puntos comunes dentro de las diferencias y la heterogeneidad enlazada por un objetivo compartido una de las principales fuerzas que sostiene a la Revolución y al chavismo?

Por supuesto, no debe perderse de vista que la cultura popular e independiente, a pesar de ser apoyada por el Gobierno Bolivariano, no limita su naturaleza, surgimiento y desarrollo al beneficio de estas políticas. Al contrario, seguirá encontrando su sustento y su razón de ser en las calles, en las vivencias y prácticas cotidianas del pueblo, en sus saberes. Es allí donde encontrará su alimento, evolucionará y afianzará su carácter revolucionario manifestado en prácticas de resistencia, lucha, creación e innovación, todas necesarias dentro del tiempo histórico en el que estamos inmersxs.

Texto: Claudia Hernández. Contacto: @ClauAHernandez.

Comentarios

comments

Top