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Darío y Maxi viven en las luchas de nuestros pueblos

Cae la tarde en el 23 de Enero. La dulce luz del crepúsculo pinta las casitas, los bloques y un poco más allá; los cerros de La Pastora enmarcan el devenir de una noche cálida, amable. Entre los acordes de salsa que brotan de cada esquina y el pueblo que sube las aceras empinadas en la vuelta a casa, un grupo de personas se congregan sobre la Calle Real, en la sede de la Coordinadora Simón Bolívar.

El 23, núcleo de histórica lucha y resistencia, acuna en la tarde del 3 de julio de 2015 a un grupo de militantes de varios orígenes nacionales, pero del mismo pueblo nuestroamericano. En esta ocasión, las brigadas argentinas que hacen vida en Venezuela (Brigada Eva Perón del Movimiento Popular Patria Grande, Brigada Internacionalista Che Guevara de la confluencia Movimiento Popular La Dignidad-Tupac Katari y el Encuentro de Organizaciones, y Brigada del Frente Popular Darío Santillán-Corriente Nacional) recuerdan a sus compañeros, a sus luchadores, a quienes enfrentaron y resistieron el embate del capitalismo hace trece años, tal como lo hizo el bravo pueblo venezolano hace 26.

Se trata de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, jóvenes de 21 y 24 años, quienes fueron asesinados por la policía el 26 de junio del año 2002. Este hecho se produjo como parte de la feroz represión que las fuerzas de “inseguridad” desplegaron ante una gran movilización del movimiento piquetero, que reclamaba por trabajo digno, alimentos y tierras donde vivir. La Masacre de Avellaneda se convirtió en uno de los hechos más aberrantes contra el pueblo argentino y, al mismo tiempo, marcó el gesto más profundo de dignidad y compañerismo para toda una generación militante.

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Darío y Maxi, dignidad piquetera

El año 2001 será recordado en Argentina como un punto bisagra, un momento único en la historia, en el cual el pueblo se alzó contra la política neoliberal que había sido implementada con crudeza desde hacía una década, pero aplicada meticulosamente por la feroz dictadura militar que gobernó entre 1976 y 1983. Las recetas impuestas por el FMI se habían transformado en política de Estado desde 1989. Al igual que en Venezuela y en todo el continente, millones de personas quedaron sin empleo y sin acceso a los derechos más básicos, como la vivienda, la educación, la salud y la alimentación.

Poco a poco, desde las catacumbas del pueblo, comenzó a alzarse un nuevo movimiento que se caracterizaba por nuclear a los desocupados y a las desocupadas de los barrios y pueblos más pobres del país, quienes se dedicaron a pelear con organización las necesidades urgentes, y a luchar en la calle reclamando los derechos arrebatados por la clase en el Gobierno. “Piqueteros” fue el sustantivo con el que se conoció a esa enorme porción del pueblo trabajador, que frente a la crisis más aguda que se le haya impuesto, cortaba rutas y avenidas para hacer visible lo que los medios de comunicación y los políticos en el poder buscaban ocultar.

Darío Santillán y Maximiliano Kosteki formaban parte de ese movimiento, participaban en la Coordinadora Aníbal Verón. Desde su corta y valiente edad, Darío se incorporó a la organización del pueblo a través de asambleas barriales, proyectos autogestivos de trabajo, tomas de tierra; dedicaba mucho tiempo a la formación, a la reflexión y al debate colectivo. Maxi se había sumado a la lucha hacía menos tiempo, pero con el mismo compromiso; su trabajo como cultor había sido volcado completamente al trabajo colectivo. Porque no se trataba solamente de luchar por las reivindicaciones materiales: los jóvenes militantes comprendían que la tarea fundamental se basaba en la reconstrucción de la esperanza y sobre todo en la afirmación de la dignidad, patrimonio indisoluble del pueblo que se enfrenta al poder.

El 26 de junio de 2002

El 20 de diciembre de 2001, el pueblo argentino —retomando el legado de “El Caracazo”— salió a la calle a decirle basta al neoliberalismo. La represión no pudo con la bronca de miles que tomaron las calles para ponerle un freno al saqueo permanente, impuesto durante más de dos décadas. De la Rúa, quien fuera presidente del país en aquellos años, renunció y huyó en helicóptero: en Argentina los políticos del capitalismo tampoco suelen hacerse cargo de sus acciones.

Tras la crisis institucional abierta con esa salida —y la tristemente célebre sucesión de cinco presidentes en una semana—, el Senado designó como presidente de la nación a Eduardo Duhalde, oscuro dirigente del PJ y gobernador de la provincia de Buenos Aires. Duhalde buscó retomar alianzas —y financiamiento— con el FMI, el cual exigió el urgente disciplinamiento social como garantía para efectuar los nuevos préstamos solicitados.

El 26 de junio de 2002 iba a correr sangre. Lo sabían lxs políticxs. Lo sospechaban lxs compañerxs, quienes aun así decidieron no amedrentarse y salir a luchar. Lo sabían las fuerzas de seguridad que planificaban la cacería. En un operativo conjunto entre policía federal, policía bonaerense, gendarmería y prefectura, miles de efectivos se agazaparon en el Puente Pueyrredón, que conecta el conurbano sur, trabajador y pobre, con el centro de Buenos Aires, capital de la Argentina. Los piqueteros marcharon desde la estación de trenes de Avellaneda hasta la base del Puente, donde comenzaron a recibir disparos por parte de la policía. Sin más que piedras y palos, definieron replegarse hasta la estación del ferrocarril para emprender la retirada.

Darío Santillán ingresó a la estación junto a un grupo de compañerxs. Allí se encontraron a Maximilano Kosteki, quien yacía herido de bala en el piso. La policía los perseguía con armas largas. Darío ordenó a lxs compañerxs que continuaran su camino y se quedó allí, auxiliando a Maxi. Desde el piso, con una mano alzada y la otra sujetándolo, exigió que no dispararan. Ese gesto de bondad y entrega, esa imagen y esa mano, quedaron para siempre en la dignidad de nuestro pueblo. Al ver que su pedido era vano, se levantó y corrió unos metros. Los policías lo fusilaron por la espalda.

Los oficiales responsables de los disparos se tomaron fotografías con los cuerpos abatidos en el lugar de los hechos. Sonreían. Horas más tarde, cuando se conoció que además había otras treinta personas heridas de bala de plomo, las autoridades policiales y políticas informaron que los piqueteros se habían enfrentado y “se mataron entre ellos”.

Pero desconocían la existencia de un camarógrafo que, escondido en la estación de tren, fotografió toda la secuencia. Dos días más tarde estas imágenes fueron publicadas en el periódico Página 12, dando a conocer la verdad. Pero incluso desde antes, el pueblo, que no creía en las vocerías oficiales, se encontraba movilizado. Miles de personas salieron a la calle a pedir justicia. Eduardo Duhalde, repudiado por la mayoría de la población, llamó a elecciones para marzo de 2003 y anunció que no sería candidato, aun contra sus planes de poder.

Luego de mucha movilización piquetera, a la que se le sumaron estudiantes, trabajadorxs asalariadxs y jóvenes, en el año 2006 se logró la condena de los asesinos materiales de Darío y Maxi. Los responsables políticos de la masacre no han sido juzgados, algunos ejercen cargos públicos e incluso en 2015 son candidatos a gobernadores de la provincia de Buenos Aires, como en el caso de Aníbal Fernández y Felipe Solá.

Darío y Maxi viven. Foto: Milángela Galea.
Darío y Maxi viven. Foto: Milángela Galea.

La solidaridad, ternura de los pueblos

Sin dudas, la Revolución Bolivariana constituye hoy uno de los puntos más avanzados en el mundo en la lucha por la emancipación de los pueblos. Y de este proceso, que se construye día a día con la militancia de millones de personas, hay muchos aprendizajes y elementos que conocer. Por esta razón es que en Venezuela existen tantas organizaciones internacionalistas que buscan, a través de la solidaridad, aprender la historia de la Revolución, adentrarse en los barrios y en las Comunas, tender puentes entre los pueblos, unirnos en una sola lucha.

Es el caso de las brigadas internacionalistas argentinas que llevan adelante la actividad de homenaje a Darío y Maxi. Un mural con sus rostros que dice “Darío y Maxi viven en las luchas de todos los pueblos” ha quedado plasmado en un rincón de Venezuela. Las poesías gestadas y leídas por Marco Teruggi, Joel Linares Moreno y Teresa Poleo, en honor a Darío, a Maxi, al “Che” Guevara y al Comandante Eterno Hugo Chávez, acompañaron las pinceladas, los mates y los abrazos que se compartieron durante la velada. Los vecinos y las vecinas de las casas aledañas se acercaron también a participar junto a compañeros y compañeras de organizaciones de Venezuela, pero también de Colombia, Perú, Brasil, Galiza y Euskadi.

Venezuela es hoy un punto de encuentro de quienes, desde otras latitudes, buscamos un camino similar para nuestros pueblos. Aquí nos arropamos, nos llenamos los ojos y el corazón de pueblo y esperanza. Nos encontramos, nos unimos, nos reconocemos como parte de una misma búsqueda, de una misma lucha, de una misma construcción, a veces golpeada por las fragmentaciones que nos impone la lógica del capitalismo, aún dominante en Nuestra América, pero ante la que oponemos lo mejor de nuestros esfuerzos, en cada día de batalla. Aquí aprendemos de Chávez, de Bolívar, del sueño de una Patria grande que fue acallado durante doscientos años y que ya comienza a despertar.

Darío y Maxi viven. Foto: Micaela Ryan.
Darío y Maxi viven. Foto: Micaela Ryan.

Texto: Micaela Ryan, integrante de la Brigada Eva Perón – Movimiento Popular Patria Grande. Contacto: @LaMicaRyan.

Foto de portada: Milángela Galea.

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