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Chávez agricultor

¡Agarra tu neoliberalismo!

Les voy a contar lo que le hicieron a un amigo mío, de allá de Sabaneta, productor de maíz, que me echó el cuento cuando yo era capitán en Elorza. Allá fue a pedirme ayuda. Él pensaba que yo, capitán, podía ayudarlo. Yo pasé la novedad a mi comando superior, pero no: “Ese no es asunto suyo, capitán. Métase en problemas militares”. Pero aquel hombre se puso a llorar. Fue a visitarme un día a mi Escuadrón de Caballería Farfán, en Elorza. Amigo de la infancia éramos.
Él tenía su tractorcito por todo el esfuerzo de una vida, un tractorcito viejo, pero estaba bueno, una rastrica, tenía una tierrita que había comprado, una casita rural y una familia: una mujer y cuatro o cinco muchachos. Pidió un crédito para sembrar cuarenta o cincuenta hectáreas de maíz. Logró el crédito poniendo como garantía la tierra, la casita; le pidieron de todo, pues, las garantías. Recogió una excelente cosecha de maíz, porque las tierras esas son muy buenas. Esas riberas entre el Boconó y el Masparro, son de las mejores tierras de toda Suramérica para la agricultura. Entonces, viene mi amigo, consigue unos camiones, los alquila, claro todo esto es endeudándose. Mira fulanito, tú tienes el camión. Bueno, alquílamelo pero yo te pago después que me paguen el maíz, y hacen un acuerdo de caballeros, y al banco. Claro, él va a pagar, él no tiene capital, su capital son sus brazos y su pequeño pedazo de tierra, su trabajo, su dignidad y su palabra.
Aquel hombre se llevó, creo, que tres o cuatro camiones de maíz a los silos de La Veguita. Aquello estaba administrado por sectores privados de grandes empresas, apoyados por corruptos del Gobierno de entonces. Le dicen: “Está bien, pare los camiones de maíz ahí”. Pasa un día, porque el maíz hay que pesarlo y aplicarle unos métodos científicos para medir su humedad, su calidad. Y el hombre todos los días ahí, pegado en la reja. Él veía que salían y entraban camiones, y aquel hombre honesto y humilde esperando su turno. Pasó un bojote de días, cuando van a pesarle el maíz, cuando les dio la gana a los empresarios y a los corruptos del gobierno que allí se combinaron durante años en unos silos que son de la nación, hechos con dineros de la nación, es decir, del pueblo.
Entonces, le dijeron: “No chico, ese maíz está muy húmedo ya, a ese maíz hay que descontarle la mitad, te vamos a pagar la mitad”. ¿Qué provoca? Por eso es que yo les digo a los venezolanos, que esta fuerza no es mía, yo estaba tranquilo de capitán, con mis 120 soldados. Pero oyendo a este hombre y recordando la infancia de los dos, que éramos amiguísimos, vendíamos frutas, íbamos a pescar juntos, estudiábamos juntos en los cuadernitos, éramos como hermanos de la vida. Y cuando veo a aquel hombre, con su mujer y sus muchachos, allá en Elorza una madrugada, echándome el cuento en la ribera del Arauca, pues me puse a llorar con él.
Fue así como poco a poco, de tanto llorar y de tanto oír sufrimiento, pues yo miraba mi fusil lleno de impotencia. Fue así como ocurrió lo que aquí ocurrió y esa fuerza por tanto no es mía, es de ustedes que me la transmitieron un día, y que Dios ha permitido que se conserve aquí como una gran batería, un gran acumulador de dolor, pero de amor y de fuerza. En eso es lo que me han convertido ustedes, un acumulador, una batería y ustedes son los que me dan fuerza a mí y Dios, primero Dios.
Aquel hombre quedó endeudado, aquello no le alcanzaba ni para pagarle al banco, ni los camiones, ni el abono, ni nada. El banco le quitó la casa, perdió el tractor y quedó en la calle. Le quitaron la tierra porque ya venía arrastrando deudas. Eso fue como cuando el torero le da la última estocada, ¡ras! Agarra tu neoliberalismo, pues.

Texto: Cuentos del arañero.

Ilustración: César Mosquera.  (@Cesar_Mos)

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