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Césaire y un cuaderno negro: 5 notas hacia una poética decolonial

Se trata de la búsqueda de una igualdad genuina,

 que no suponga la asimilación bajo algún supuesto modelo blanco o europeo

 y que permita la afirmación y la recuperación de la identidad de

los que han sido históricamente oprimidos.

 El dilema radica en cómo llegar a ese objetivo.

Inmanuel Wallerstein: A. C. colonialismo, comunismo y negritud.

No ha sido en vano celebrar la memoria desde la poesía en todas sus formas. La memoria es una praxis que perdura sucesivamente en otra praxis reafirmándose en las remembranzas de los pueblos a partir de los imaginarios.

Parece que escabullirse en un terreno donde flota la libertad dolorosamente, siempre ha sido un acto constante para quienes ejercen la escritura poética, he allí los sentidos políticos, que absurdamente han sido llevados a la negación a través del apoliticismo.

Hoy es el escritor martiniqués Aimé Césaire quién asume la negritud: una escuela brillante como el oro de la libertad y nos lleva desde su imaginario a un plano historiográfico y decolonial a través de esta infraestructura caleidoscópica como lo es la poesía.

En el Cuaderno de un retorno al país natal, toma posición esencial una revolución estética estimulada por el surrealismo de un negro, que para J.A Calzadilla Arreaza es: “el símbolo monumental de la gran literatura negra caribeña de lengua francesa.

Esclarezcamos esta precisión.

1.- Crónica poética: construir una nueva historia

Desde el inicio, el discurso poético de Césaire sostiene enfáticamente expresiones como: Y… Irme… Al final de la mañanita… etc. que surgen como excusa para comunicar a manera de crónica, las costumbres y lo cotidiano de su territorio y así ir generando la arquitectura de su prosa.

En una marcha escritural toma y transforma lo cotidiano en un camino hacia otras dimensiones hermanadas a pasadas peripecias:

Al final de la mañanita, el viento de antaño que se levanta, el de las fidelidades traicionadas, del deber incierto esquivándose, y esa otra mañanita de Europa…

Se trata de un grito íntimo, confesional, de observación, sin la necesidad de recurrir al panfleto. Como si todo lo abandonara para irse a un nuevo plano literario.

Césaire desde la poética/crónica, destaca y recupera la memoria de los pueblos, combate contra la historia conservadora que acapara conocimientos y a la vez tiene por característica una violencia intelectual contra los oprimidos y hoy neocolonizados.

En este caso, la crónica demuestra cómo ha sacado a la luz una diversidad de historias y personajes de algún territorio particular. Es una poética de la memoria donde juega la transmutación, la crónica, Fort-de-France del siglo XX, el negro rechazado, el esclavismo, etcétera.

Es la función de la crónica cuando se asume poesía. Por tanto la poética decolonial no debe quedarse en la palabra liberarnos, o descolonizarnos sino como un proceso que devela historias necesarias para nuestros tiempos mediante enfoques coherentes con las luchas y cambios sociales.

2.- Surrealismo: método para el reencuentro

Césaire define el surrealismo –a pesar de sus orígenes europeos– como un método que apunta al reencuentro con la libertad y el hombre negro: nuevamente una liberación del yo, la emancipación del ser.

Según Aldo Pellegrini, Césaire: “nos ofrece el espectáculo de una naturaleza en ebullición donde las cosas se metamorfosean bajo la ley de lo imprevisible, animándose, adquiriendo vida.” Así, el Cuaderno de manera indetenible trastoca la naturaleza en todas sus dimensiones desde las fumarolas, la madrépora, un amor por el Congo, hasta el hombre mismo. Juega lo holístico en las letras de la negritud, digna de partir de la imaginación o desde la observación misma.

Reiteremos: es un método, sí. Pero quizá, una excusa para develar realidades tanto inactuales como actuales, para hacer de la poética un expediente historiográfico y rebelarse en contra del racismo de la época que ahora se ha resemantizado y reinaugura cada vez una forma excesiva que va más allá del color de piel…

Pero ese es otro tema.

3.- Interludio/espacio de poética decolonial

Es posible considerar el planteamiento de Boaventura De Sousa Santos: Ecología de saberes, cuando introduce el recurrir al saber laico, es decir, algo más acá de las ciencias y de las religiones, lo llamado peyorativamente en su mayoría: “popular”.

No solo nos han colonizado la memoria sino que además, nos ha consumido excesivamente la poesía occidentalista. Césaire es un claro ejemplo transgresor de ello, burla a la clase dominante y nos aproxima al proceso de descolonización y con su lenguaje poético, irrumpe lo común.

La poética decolonial de Césaire, –para darle alguna definición atrevida– es un “repertorio” sistematizado poéticamente desde lo digno, lo moral, lo bello, la lucha y la patria.

Gustavo Pereira ha definido: “la poesía es una fuerza moral” en su libro La poesía es un caballo luminoso, con muchas probabilidades el Cuaderno puede contrarrestar ya no solo desde lo social, la creación literaria o escritura poética sino desde la ética misma y lo espiritual ese sistema apellidado: “imperialista/occidentalocéntrico/patriarcal/moderno/colonial”  diría un puertorriqueño como Ramón Grosfoguel en sus investigaciones epistemológicas.

Césaire no rechaza nunca el saber europeo, todo lo contrario lo reconoce y utiliza para contraatacarlo.

4.- Golpe subliminal al cristianismo, no a los cristianos

Además de su insistencia por la negritud como una forma de rebelión, Césaire abre paso al cuestionamiento como una herramienta de conciencia y de lucha, un diálogo interno que logra aterrizar en lo filosófico, incluso en la crítica al Cristianismo:

He asesinado a Dios con mi pereza con mis palabras con mis gestos con mis canciones obscenas

¿Quiénes y cómo somos? ¡Admirable pregunta!

…y a la vez expresa lo verdaderamente supremo que es la madre tierra desde el ‘Yo’ que reitera: De tanto mirar los árboles me he convertido en árbol…

Una vez más, su amor por la frescura de las hojas es ilustrado por su prosa.

5.- Ser negro es bello

Es innegable que el poema Cuaderno de un retorno al país natal está lleno de sufrimiento, incluso una poética sangrienta. Pero más allá de las metáforas, así como Martin Luther King –por ejemplo– ha luchado contra la desigualdad y por los derechos civiles desde la agitación, la inclusión, la lucha y la misma negritud, Aimé Césaire ha asumido lo orgánico, la participación, lo teórico, lo cual repercute en otro revolucionario, escritor y siquiatra como Frantz Fanon llevándolo a profundizar el estudio sobre el racismo y la violencia. En Los condenados de la tierra, hay un sumergir bastante concreto sobre la población de Argelia respecto a este tema.

Césaire nos lleva a ser críticos con la misma historia y la política, y su llamado desde la palabra ha sido a combatir el colonialismo, –hoy convertido en Neo y a construir una ciudad poética en todos los lugares del mundo. Como ideólogo del concepto de negritud en su Discurso sobre el colonialismo, explica:

La negritud en un primer grado puede definirse en primer lugar como toma de conciencia de la diferencia, como memoria, como fidelidad y como solidaridad. Pero la negritud no es únicamente pasiva. No pertenece al orden de padecer y sufrir. Es combate contra la desigualdad.

Nos estimula a tomar los orígenes con la ciencia y las artes, la historia como un arma de conciencia, retornar al país natal, pero sentir el presente y construirlo, hacerlo nuestro, descolonizarlo desde la memoria colectiva que esté permanentemente conjugándose con la escritura poética.

Presencias, yo no haré con el mundo la paz a espaldas de ustedes.

(No lo haremos Césaire, porque es imposible).

En palabras de Frantz Fanon: “hay que remontar los caminos de la historia, de la historia del hombre condenado por los hombres y provocar, hacer posible el reencuentro con sus pueblos y con los demás hombres.” Nuevamente encontrarnos, integrarnos, relacionarnos, accionar y concretar, ir en la construcción de un porvenir.

La lectura del Cuaderno es como labrar una tierra rebelde. Otra dimensión. No sólo el reencuentro con la nostalgia, sino también el irse al frente del batallón de poetas en plena guerra. Es una trinchera, un poema único que insiste en una pelea por la memoria, por la negritud, sin callar, que desde el surrealismo emancipa cada sentimiento.

Texto: Luis Fernando Suárez/ Contacto: @luisfersrz. Parte del Colectivo Cultural El Cuarto de los Duendes

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