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Cuento infantil y filosofía política: sobre el intento de magnicidio

Bayly

El video de Bayly preocupa, es más, caga, porque contribuye a legitimar la violencia. Al confesar cínicamente (no en el sentido peyorativo del término, sino en su estricto significado de “persona que actúa con desvergüenza descarada”) que ha cometido un crimen (dice que participó en un intento de magnicidio o cuando menos que lo alentó), sin que tal conducta sea sancionada, el resultado es la descriminalización de hecho del acto. El mensaje es: “Es tan legítimo matar a Maduro que se puede afirmar en público y con tranquilidad que se está intentando hacerlo”. Lo que caga no es tanto que alguien declare su intención de matar sino que tal declaración llegue a ser considerada legítima.

Pudiera especularse que el atentado no tenía la intención de matar sino de legitimar la violencia homicida, cosa que precisamente hace Bayly. Claro que el hecho en sí mismo intimida, caga. El mensaje es: “Te queremos matar y pudimos haberlo hecho”. Pero además el acto es una suerte de preparación para un éxito futuro, cosa que también sucederá, según asegura Bayly.

Lo que me parece peligroso de la situación es que el Gobierno está en una situación aun peor que la de Pedro en sus últimos días: mucha gente ya no le cree, pero la que le cree demuestra que le da lo mismo si esta vez viene el lobo de verdad. Además hay gente que quiere que venga el lobo, total, las ovejas no son suyas y si a Pedro se lo comen, pues, bien hecho, por mentiroso y un largo etcétera.

El problema está en las ovejas, porque representan lo público. Quizás la insistencia de Bayly en que todo se resolverá entre venezolanos (la gente de afuera solo los apoya) pasa por salvar el único estorbo que hay en los planes de ese particular lobo que son los aspirantes a magnicidas. Este estorbo son las ovejas. Se dirá que la gente no se da cuenta de que también son propietarias del rebaño y de que por lo general los lobos, ese tipo de lobos, no vienen a por el pastor sino a por las ovejas. El mismo Pedro actúa para que así les parezca. Pero las ovejas no representan solo la riqueza nacional. Matar al presidente de un país es atentar contra el país, contra la investidura presidencial que viene del reconocimiento de la gente. Esto es así a menos que la misma gente asesine a su presidente, como dizque pasó con Gadaffi y ha pasado realmente otras veces.

Para entrar en otro registro diré que lo acontecido, aunado a las sanciones internacionales personalizadas, a las no personalizadas y a la campaña internacional de malificación absoluta, hace de la persona del presidente, y del resto de los que tienen responsabilidades de gobierno, un homo sacer, matable por cualquiera.

Dicho de otra forma, la violencia, tal como se presenta, desnuda la figura presidencial rasgándole las vestiduras. No es solo el hecho de que el presidente esté desnudo lo que caga y preocupa. Es la destrucción de la investidura presidencial y a lo que ello conlleva.

Pero claro que todavía hay gente que le cree sinceramente a Pedro. Hay también los que dicen creerle aunque ya hace tiempo no le creen, y hay aún otros que le aseguran en su cara que aunque no le creen estarán allí cada vez que grite “ahí viene el lobo”. Pedro, que no es ingenuo, se apoya sobre todo en estos últimos o, mejor dicho, en su gusto por las ovejas.

Pero hay incluso otra posición: la de quien no le cree a Pedro pero sabe que de verdad viene el lobo. No exactamente el que dice él, sino aquel que es el lobo del hombre. Luego hará su festín la verdadera jauría. A unos las sobras, a otros los manjares. Desde esta posición piensa que Pedro tiene que, sobre todo, ponerse a derecho. Sabe que puede hacer esto de varias maneras, pero no tiene esperanzas de que lo haga por sí solo… Por eso calcula que debe pedírselo de tal forma que lo entienda, se les ocurre aullárselo a ver si llega el mensaje.

Entretanto, no queda de otra que defender la investidura presidencial, lo que representa. Si se puede matar a un presidente, ¿qué le queda a los cualquiera?, ¿a los que no tienen más investidura que la que el común le reconoce como compatriota?

Por: Lenin Brea.

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