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Argentina: manos sucias

Los ciudadanos argentinos tienen en el presidente, el empresario derechista Mauricio Macri, a uno de los dirigentes del mundo más complicados en la radicación de empresas en guaridas fiscales, dada su investidura, pero la mayoría de los medios del país, que están asociados a su gobierno y reciben de él millonarios beneficios, son los primeros en ocultar la gravedad del problema.

Esta conducta de complicidad y encubrimiento de las empresas periodísticas con una práctica que, se afirma mundialmente, tiene la única finalidad de sacar de los países dinero ilegal, sea que se haya originado en evasión de impuestos o en actividades criminales, como el narcotráfico, ya obtuvo reproches de algunos de los miembros del consorcio de medios que participaron de la publicación mundial de los llamados Papeles de Panamá.

Con todo desenfado, medios argentinos que forman parte de esa alianza dejan trascender que el presidente Macri, a quien apoyaron ostensiblemente para que llegara al cargo que asumió en diciembre de 2015, fue avisado por ellos hace treinta días sobre la existencia de la noticia.

Ese tiempo no fue desperdiciado por el Gobierno y sus socios: desempolvaron denuncias de corrupción que fueron eje de la oposición a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, con la ayuda de jueces aliados reactivaron a toda velocidad procedimientos, indagatorias y otras medidas procesales, dispusieron detenciones de un empresario y de ex funcionarios y ahora la maniobra desemboca en un primer interrogatorio a la ex mandataria, con vistas a un arresto que se preanuncia en las mismas páginas.

Andando el tiempo estos hechos podrán ser observados y recordados como una suma de operaciones burdas, en cierto modo clásica en los estándares de las oligarquías de la región, especializadas en socavar la legitimidad de gobiernos populares, en aprovechar sus debilidades y los yerros graves y no graves en los que incurren, no sólo para desplazarlos del poder sino para imponer las condiciones de su aniquilamiento posterior.

La singularidad del caso está dada en que los medios sin los cuales ninguno de estos acontecimientos sería posible desarrollan, además de una batería diaria de “noticias” que sostienen la secuencia, líneas doctrinarias que violentan los principios de legalidad, transparencia, buen gobierno y justicia ecuánime que agitan como banderas irrenunciables.

Así, el domingo 10 de abril el diario La Nación llega al extremo de calificar como un recurso inevitable que las empresas, como las que detenta la familia de Macri, abran negocios en las guaridas fiscales, con el exótico argumento de que así se protegen de países con un andar económico “inestable”, como Argentina. Así, un comentarista de ese diario se atreve a afirmar que la impugnación a las firmas y cuentas offshore se debe solo a “demagogia o populismo”. En las mismas páginas le hace eco otro cronista: “Hay empresarios honestos que abren esas firmas para operar en el exterior”.

El grotesco salta con facilidad de los espacios periodísticos a los tribunales: el juez Sebastián Casanello, quien debería investigar el ocultamiento de Macri sobre sus intereses en las guaridas fiscales, llamó a dar declaración testimonial a uno de los periodistas argentinos que integró el consorcio internacional que realizó la primera difusión de los “Papeles de Panamá”. Ese periodista es del diario La Nación, el mismo que justifica la existencia de las empresas offshore y que es fanático defensor del Gobierno. Si el periodista dijera una palabra en contra del Presidente o de las operaciones en el exterior cometería, prácticamente, una auto-incriminación.

Detrás de todos estos artificios cuya comprensión resulta imposible para quien no pueda dedicar varias horas al día para atesorar algún dato aproximadamente cierto entre un océano de acciones de manipulación mediática, empieza a delinearse el contorno de una suerte de versión de “mani pulite”, una reedición “a la Argentina” de la operación “Manos limpias” en Italia, la serie de causas contra la corrupción que, como también escribe La Nación, “decapitó la política” en ese país en los 90.

Es una posibilidad que hay que considerar para Argentina: así como la denuncia de corrupción radicada exclusivamente en el período de gobierno anterior es usada como factor esencial de la desarticulación de las fuerzas políticas que expresan a la mitad del país, las empresas offshore de Macri, sus conexiones oscuras con empresarios amigos a los que adjudica obra pública sin límite alguno, tienen el potencial de hacer caer a la alianza que sostiene al Presidente.

En esa hipótesis, solo un puñado de corporaciones tendrían la capacidad de acción y organización para constituirse en factor de poder, más allá del que ya poseen en el gobierno actual. Basta recordar la experiencia italiana: con un sistema de partidos destruido a partir de “Manos limpias”, el país quedó a merced de un proyecto de poder ultraconservador que encarnó el empresario mediático Silvio Berlusconi. Y, como bien le consta al mundo, la corrupción no disminuyó en Italia, sino que aumentó.

Texto: Hugo Muleiro. Escritor y periodista, presidente de Comunicadores de la Argentina (COMUNA)/ Contacto: @HugoMuleiro

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