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Abril, Golpe adentro: entrevista exclusiva con Ernesto Villegas

El clavo

Ernesto se pasó siete años haciendo entrevistas sobre abril del 2002. Guardaba papelitos, libros, documentos, grabaciones y todo lo que le parecía que tenía un valor histórico. Eso le viene de su viejo Cruz Villegas, un campesino trocado en albañil, que cuando iba por la calle se agachaba para agarrar un clavo doblado y al llegar a la casa lo enderezaba con un martillo. Ese clavo recuperaba entonces su valor de uso.

Así, anda Ernesto por la vida con la impronta del viejo. Años atrás veía una revista sobre el tema, algún documento, y se los llevaba a casa porque sabía que un día le servirían para algo.

Ese afán de reconstruir tres días claves para el curso actual de la Revolución Bolivariana –y de los que hay innumerables narraciones escritas y orales, registradas y no– lo llevó a escarbar cada vez con más obsesiva disciplina.

Ernesto Villegas, actual ministro de Comunicación e información de Venezuela, periodista y autor del libro Abril, Golpe adentro, nos cuenta sus reflexiones sobre esas fechas y sobre la investigación con la que recreó en su libro todo el relato golpista desde el lado de los protagonistas políticos.

Poner orden en el Golpe

“El 27 de febrero de 1989, fue una explosión social en la que el pueblo salió a decir ‘yo existo’. Pero el 13 de abril del 2002 esa explosión se dio con un sentido político. Era un pueblo que ya tenía un olfato, una conciencia y una orientación política producto de la claridad que Chávez nos inculcó”, comenta.

Entre todos los posibles caminos para empezar a hilar esa explosión, se podía ir a la carretera vieja de la Guaira para recoger los relatos de cómo fue que desde el estado Vargas la gente subió por la autopista hasta Miraflores. O los de aquellos que llegaron a Caracas desde Guarenas y Guatire. En todo este movimiento popular algo coincide, cuenta Ernesto: “La siembra de conciencia de Chávez hizo que el pueblo se autoconvocara a los lugares en los que se definía el poder. Tú ves cómo el pueblo de Petare se fue para el Canal 8 para luchar por el reestablecimiento de la señal; o la gente de la carretera Panamericana, Valle y Coche, que se fueron hasta el Fuerte Tiuna, y la de Caricuao se fue caminando al centro de Caracas. El 13 de abril salió a la calle un pueblo con vocación de poder, no un pueblo mártir a inmolarse o a hacer una revuelta o dar una patada a la mesa”.

Pero antes de decidirse por aquellas posibilidades algo pasó: “Un día cayó en mis manos un documento muy importante: la declaración que rinde el doctor Rafael Arreaza Padilla ante el Fiscal General Danilo Anderson”. Arreaza Padilla, el médico, abogado y politólogo, ministro de salud del Gobierno de Facto de Pedro Carmona Estanga.

En septiembre de 2004, dos meses antes del atentado terrorista que acabó con la vida de Danilo Anderson, Arreaza Padilla acudió al despacho del Fiscal y confesó varios hechos ocurridos puertas adentro del Palacio de Miraflores durante las horas del Golpe: “Por un acto de conciencia o remordimiento, decidió ir a contar lo que había presenciado, escuchado y protagonizado. Él, siendo primo hermano de Carmona y habiendo asumido la designación como ministro, estuvo en contra del espíritu y el contenido del Decreto de Carmona. El famoso Decreto que entre sus acciones suspendió todos los cargos de diputados, destituyó a magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, al Fiscal General de la República, al Contralor General de la República, al Defensor del Pueblo y a los miembros del Consejo Nacional Electoral.

La declaración de Arreaza Padilla sirvió de base para las imputaciones que hizo Danilo Anderson contra los 400 firmantes de ese decreto y contra otros más que estaban involucrados en el Golpe.

“Cuando cayó en mis manos esa declaración hice una copia. Al comenzar a leer mi primera reacción de reportero era enfrentar cómo comprimir todo ese hallazgo para poder publicarlo en la siguiente edición del semanario Quinto Día, donde yo escribía mi columna. No hubo manera. Era demasiada información, y un relato muy apasionante. Comencé a ir contextualizando las cosas que decía Arreaza Padilla, para que fueran comprendidas para las personas que no tenían tan claro lo que había sucedido en esas fechas, o que no estuvieran en Venezuela. Esos incisos explicativos comenzaron a convertirse en párrafos más largos que los aportes de Arreaza Padilla, había que caracterizar a cada una de las personas que se mencionaban. Se extendió tanto hasta que se convirtió en un libro”.

Primero se atuvo al orden en el que el ex ministro hizo su relato a Danilo, incluyó fragmentos del libro del propio Carmona, y de otros textos. Colocó pie de páginas, citas, referencias, porque cada cosa que estuviera escrita debía ser sólidamente argumentada. “Siendo una figura chavista cualquier cosa debía estar muy blindada porque se sometería a la crítica antichavista”.

Un día creyó haber terminado. Imprimió. Lo invadió una emoción psiquiátrica. Le presentó un ejemplar a un sobrino veinteañero y otro a la profesora de Comunicación Social Olga Dragnic de Álvarez. Ambos coincidieron en que había mucha información y faltaba un hilo conductor. “Debes ponerlo en orden cronológico”, fue el consejo de ambos.

“Entré en una fugaz depresión. Pero cuando comencé a ordenar cronológicamente se empezaron a iluminar rincones oscuros de abril. Me empecé a dar cuenta de que los argumentos que dieron varios de esos personajes eran contradictorios; que los muertos estaban invocados antes de que realmente ocurrieran los asesinatos del día 11. La sospecha se confirmaba”.

En ese momento entró en otra fase de búsqueda de información, porque las contradicciones generaron baches: “En la redacción final me pareció que lo mejor era la existencia de dos voces, una la de Arreaza Padilla, la otra era la mía y me permití la licencia de lo que yo mismo había vivido. En ese instante me di cuenta del valor que tenía la entrevista que le hice al comandante Chávez el 13 de noviembre del 2001, cinco meses antes del Golpe, donde él describe la justificación de las medidas habilitantes”, estas medidas se trataron de la aprobación de leyes como la Ley Orgánica de Hidrocarburos, Ley de Pesca, Ley General de Puertos, Ley de Tierras y Desarrollo Agrario, las leyes principales contra las que se lanzó la Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela (Fedecámaras), de la que Carmona era presidente.

“En esta entrevista se hace referencia al primer cacerolazo. Yo había dado la instrucción al equipo de producción de VTV de que Carmona le hiciera unas preguntas a Chávez. También las hizo Guillermo García Ponce [periodista y militante del PCV], él le preguntó a Chávez por las medidas que se estaban tomando ante un Golpe que estaba en marcha.”

Ernesto Villegas, ministro de Comunicación e Información de Venezuela. Foto: Irene Echenique

Factores de la movilización de la oposición en el 2002

“Chávez no llega al poder por una revolución armada, sino por la vía del voto. Para ese momento había un Estado burgués desvencijado, por lo que es posible que un líder revolucionario que llega a un Estado que no era popular, ni revolucionario, mucho menos socialista, tenga resultados que se parezcan más al Estado que le toca dirigir que a las intenciones y propósitos que animen al proyecto revolucionario. Por ejemplo, no es sino hasta el momento en que el comandante Chávez lanza la Gran Misión Vivienda Venezuela que se percibe una política revolucionaria en el campo de la vivienda, del derecho a la ciudad”.

¿Cuál es la paradoja que había en ese momento y la que persiste actualmente? La expectativa de resultados efectivos y la obligación simultánea de funcionar con una estructura de Estado heredada. “Te das cuenta de que perfectamente puedes tener descontentos frente a resultados concretos de gestión. Eso se agrava cuando hay instituciones creadas en la Revolución que se ven salpicadas de esas viejas prácticas. Es un drama no solo para Venezuela, sino para América Latina y el mundo”. Los contextos en los que se intenta hacer revoluciones se encuentran con dinámicas que solo por la voluntad no se reforman.

“Entonces te consigues a masas que te reclaman resultados o te atribuyen la responsabilidad de muchas cosas en las que quizá tengan razón de sentir descontento, y a su vez ese descontento es capitalizado por la fuerza de la reacción que son los verdaderos causantes y beneficiarios de las distorsiones del Estado. Ahí se encuentran los eternos contratistas, los eternos proveedores, la clase social burguesa que echó raíces para captar la riqueza petrolera. La estructura que le pone las manos al dólar por mil vías, esos son los que salen marchando para tumbar al gobierno revolucionario.” Y 15 años después esta realidad no es muy diferente. Son las mismas clases y la misma dirigencia [antes Coordinadora Democrática y hoy MUD] las que llaman a la salir a las calles nuevamente.

Relata Ernesto que en el 2002 la clase media que estaba condenada a desaparecer con el gobierno de Caldera, con la política tradicional de privatizaciones, fue salvada de la desaparición, pero fue esa misma clase media la que marchó contra Chávez, a él le atribuyeron las causas de sus frustraciones. Fracciones de un país que le reclaman a un gobierno revolucionario sus insatisfacciones, capitalizadas a su vez por la derecha.

“Hablamos de un gobierno para ese entonces nuevo, con apenas tres años de formación. Se junta el descontento social de una clase que ve sus privilegios en riesgo, más las altas expectativas de transformación de otro sector social, atizadas por la manipulación mediática”.

Estos mismos son los ingredientes principales de las manifestaciones de la oposición del 2017. Todo idéntico, el mismo guión, solo que ahora con más puesta en escena en las redes sociales.

Todo igual porque sigue habiendo en Venezuela dos proyectos en disputa, dos proyectos en tensión.

“Sus planes no son solo tumbar a Maduro, se trata de un proyecto restaurador para acabar incluso con la institucionalidad, porque con nuestra actual Constitución no podrían gobernar el país. No tienen capacidad y la Constitución les resulta un estorbo, un obstáculo, pero ellos insisten e insistirán”.

La lucha de hoy: recuperar la épica

En abril del 2002, Carlos Ortega [líder opositor y sindicalista de la Confederación de Trabajadores de Venezuela- CTV] celebraba el cierre de refinerías, el paro de la producción de harina. En ese momento la oposición tenía caras visibles para detener la producción nacional. Pero especialmente desde el 2013 se profundizó la lógica del sabotaje: “Hoy borran a Ortega y a Carmona y simplemente se paran, paran la producción”.

Ante estas actuales condiciones económicas es complejo dar una única alternativa como cierta: “Al lado de lo hermoso de la Revolución surge una contrarrevolución cultural. Al lado de la organización del pueblo para resolver sus problemas, para reforzar los mecanismos de solidaridad, también está el que busca un mecanismo de poder. Hay una lucha de hegemonía. Nosotros buscamos la contrahegemonía, seguimos luchando contra las antivalores, el capitalismo, el imperialismo, el colonialismo. Tengo la confianza que en esta confrontación saldrá victorioso el pueblo”.

El 13 de abril no paró la máquina golpista. No fue sino hasta el paro y sabotaje petrolero de diciembre del 2002 que mucha gente tomó consciencia. “No hemos hecho un buen acopio de nuestra propia épica. Nos quedamos con la épica del 13 de abril, pero después del 13 vinieron eventos terribles”. Ernesto detalla la importancia de reconstruir los hechos del paro petrolero; los episodios como los de la batalla de Anaco, en la que los obreros de las empresas básicas de Guayana se fueron en autobús hasta Anaco para confrontar a los meritócratas de PDVSA que les querían cortar el gas a las empresas básicas y pararlas, pero la clase obrera impidió esa consumación; o la historia de los tripulantes que rescataron y movieron el buque “Pilín León” [rebautizado “Negra Matea”], que fue fondeado en la bahía del Lago de Maracaibo para tratar de impedir que el combustible se descargara y se hiciera más crítico el paro petrolero.

Foto: Irene Echenique

De lo viral, lo real y lo ecuánime

Mucho de esta memoria histórica que hoy nos mueve y nos moverá a seguir avanzando con la Revolución se encuentra en Abril, Golpe adentro, en ese libro raro que un contexto tan polarizado políticamente ha sido recomendado desde la izquierda y la derecha. No es una pieza de propaganda, y para su autor fue un difícil ejercicio de objetividad: “¿Cómo puedo ser ecuánime ante los fascistas que se metieron violentamente en la embajada de Cuba?”

Si hay una forma de abordar este y otros temas espinosos, Villegas parte de una palabra: rigor. “Esto es lo que aplico en el ejercicio de una función periodística. Esa ligereza con la que a veces nos dejamos llevar, bien sea sobre la declaración de alguien o para referir un hecho. De pronto en el campo de una batalla política o una controversia se es más vigoroso que riguroso, pero nosotros como periodistas debemos mantenerlo, así sea si vamos a aproximarnos a un estudio de nuestros enemigos”.

Rigor en un escenario actual en el que es más importante que algo sea viral a que sea veraz, un ahora en el que parece triunfar la desinformación, la desmemoria, el caldo de cultivo para las operaciones psicológicas.

Hoy lo sentimos más que nunca, cuando miles de videos y fotografías circulan internacionalmente, acompañados de reportajes sesgados, para justificar una intervención extrajera al territorio venezolano.

No hemos terminado de escribir nuestra historia. Aquel Contragolpe, la actual resistencia en medio de la incesante guerra económica, y el trabajo diario para lograr el autogobierno aún están pendientes.

Estrevista:

Katherine Castrillo / Contacto: @ktikok

Juan Ibarra / Contacto: @juansibarra

Entrevista 15/04/2016

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